sábado, 19 de septiembre de 2015

¿FUISTE FELIZ?





Hay un murmullo de hojas secas, un rumor de otoño, una lluvia persistente que lava los cristales de tu habitación. Tan vacía. Donde me encuentro sin ti, rodeada de recuerdos. ¿Fuiste feliz? Necesito saberlo. Solo eras una niña cuando te arrancamos de los brazos los ositos de peluche y pusimos sobre tu cabeza una responsabilidad que no te correspondía, una corona que para ti fue un juguete y que nosotros pensamos que te convertiría en una auténtica princesa. Los padres quieren lo mejor para los hijos, pero en ocasiones no saben qué es lo mejor.

Lo dejamos todo por ti, los trabajos, los amigos, las aficiones... Y comenzamos a recorrer el mundo a tu lado. Viajes, hoteles, sesiones fotográficas, pasarelas, entrevistas en televisión. «Me aburro», decías de vez en cuando. Y tratábamos de convencerte de que eras una niña afortunada, la más linda del planeta y con una cuenta corriente que crecía como la espuma.
Creíamos haber conseguido para ti el calor de hogar allá donde estuviéramos, fuera un hotel en Nueva York o un pequeño apartamento en Roma, sin ser conscientes de que en tu corazón hacía ya tiempo que se había instalado el frío. ¿En qué nos equivocamos?

Estoy observando tu foto, la que descansa sobre la mesita de noche. Tenías siete años y acababas de ganar el concurso de belleza. Tus ojos brillan como dos estrellas, los mismos que ahora, apagados, se hunden en sus órbitas, como si miraran hacia adentro, buscando quizás algún recuerdo amable que te permita sostener tu esqueleto un día más. 

Solo han transcurrido diez años desde esa instantánea y la niña linda que sonreía a la cámara con un cheque entre las manos casi más grande que ella, hace seis meses que perdió la sonrisa, los mismos que llevas recluida en la habitación de un hospital, alimentada a la fuerza, con sueros que recorren tus venas buscando vida, una vida que se te escapa entre piel y huesos. 

La noticia de hoy ha sido demoledora. No solo no has aumentado ni un gramo sino que has perdido dos kilos. Los médicos no se lo explican. Dicen que el fallo multiorgánico se producirá en cualquier momento, que estemos preparados.

Querida hija, quiero abrazarte, quiero que se me claven tus costillas hasta que me duelan, como cilicios sangrantes, pagar mi culpa si la tengo, sentir tu sufrimiento y castigarme con él por haberte robado la infancia, pero me falta valor. He huido del hospital, he salido corriendo para refugiarme aquí, en tu dormitorio, rodeada de las muñecas con las que nunca jugaste, buscando un aroma que jamás se impregnó en tus sábanas porque apenas dormiste en ellas. Me escapo así de tu imagen de muerta viviente, de tus veintinueve kilos repartidos en un metro setenta, del dolor de mirarte, de la angustia de perderte. ¿De qué sirve tener a una madre al lado cuando esa madre está ciega? No supe ver en ti la desesperación que te llevó al abismo. Qué egoísta, qué cruel.

¿Fuiste feliz? Si al menos supiera que en algún momento de tu vida fuiste feliz podría tal vez encontrar un poco de paz en el infierno en que ahora mismo me consumo, pero creo, querida hija mía, que ya no voy a tener ocasión de preguntártelo.

10 comentarios:

Tracy dijo...

Me has hecho llorar, ¡qué duro!

Maribel Romero dijo...

Oh, lo siento Tracy. A veces hay que meterse en la piel de otros para intentar comprender el grado de dolor o sufrimiento ante situaciones extremas.

Lamentablemente hay muchos casos de niños y niñas estrellas que lo único que han conseguido alcanzar es el sueño de sus padres. Sus cuentos no suelen tener final feliz.

Esther Planelles dijo...

Sin duda, las películas y programas televisivos en las que participan niños y niñas, me causan serias dudas, porque todavía hoy se dan casos de depresión, transtornos alimentarios y adicciones entre las jóvenes estrellas.

Tu historia se acerca más a la realidad que a la ficción; es importante difundir estos "daños colaterales" inmanentes al mundo del espectáculo.

Un abrazo, Maribel.

Maribel Romero dijo...

Es un tema complejo porque, por ejemplo, en algunas disciplinas deportivas si no se empieza a temprana edad no se llega a nada. Del mismo modo los virtuosos de la música seguramente comenzaron en los conservatorios siendo niños, pero creo que siempre hay que contar con la opinión del artista, respetar su deseo. Es más peligroso el tema de los concursos de belleza, en los que no se valora esfuerzo, sacrificio, entrenamiento... Solo un único mérito: ser guapa o guapo. Los niños deberían quedar al margen de estos circos, no merecen ser tratados como objetos.

Un abrazo.

Alicia Uriarte dijo...

Maribel, un relato muy duro de una historia tan real como que en estos momentos se estará repitiendo en más de un hogar. Siempre cuento que en el instituto fui tutora durante tres cursos seguidos de una alumna, Verónica Martín, que en las sesiones de tutoría siempre decía que quería ser mis. La familia, el entorno y yo, erre que erre, que se preparase, que de eso no se vivía largamente en el tiempo, que era un mundo muy sórdido y que para entrar en el mismo había que tener la cabeza muy bien amueblada,... Pues sí, llegó a ser mis Euskadi. Paseo por la pasarela disfrutando de las mieles de los aplausos. Pero como se preparó y llegó con la cabeza bien amueblada, a día de hoy trabaja de educadora social. Posteriormente, hablando con ella yo le preguntaba si era verdad todo lo que se especula sobre las relaciones con personas y con sustancias en ese mundo y la respuesta fue que todo es cuestión de lo que una quiera venderse o comprar. Que ella siempre tuvo claro que no había precio para muchas cosas. Acudió a mis España y no ganó, claro.

Un abrazo.

Alicia Uriarte dijo...

Maribel, ahí la tenéis de las más sexys pero el final fue mejor que el de tu relato:
http://gananzia.com/las-vascas-mas-sexys

José Antonio López Rastoll dijo...

Me ha gustado mucho el relato. Sobre todo, por lo bien que has utilizado esa primera y esa segunda persona conjuntas. Da una sensación de cercanía que te hace vivir la historia como si fueras el protagonista. Si a eso le unimos un mensaje que cala en el corazón, qué más se puede pedir.

Un abrazo.

Maribel Romero dijo...

Gracias, Alicia, por aportar este testimonio tan interesante. Aunque hay una diferencia a tener en cuenta con respecto a la historia del relato (no es lo mismo que la propia interesada decida presentarse a un concurso de belleza a que lo decidan sus padres), nos demuestra que, con buenos consejos y con la cabeza bien amueblada, se puede llegar, saborear el éxito y abandonar la empresa sin sentir sensación de fracaso y sin perder la vida en ello, al contrario, con otros objetivos que cumplir.

Me alegro de que hayas tenido a Mis Euskadi en tus aulas, seguro que fuiste importante en el crecimiento y las acertadas decisiones de Verónica.

Un abrazo.

Maribel Romero dijo...

Jose, este relato es un ejercicio literario que propuse en uno de mis talleres. Consistía en conseguir inspiración a partir de titulares de prensa. Ofrecí varios, y uno de ellos decía algo así como: "Una niña de 7 años gana un concurso de belleza y se hace millonaria". Como verás, a mí también me inspiró.

Un abrazo.

Maribel Romero dijo...

Ah, tengo que decir que la mayoría de los participantes del taller eligió también este titular y salieron unos relatos espléndidos.