jueves, 12 de febrero de 2015

CORREGIR, ¿Y DESPUÉS QUÉ?



En noviembre de 2012 acabé de escribir una novela para público adulto, la más extensa que he escrito hasta ahora. Se trata de una obra que posiblemente reúna ingredientes para ser un éxito, tiene amor, amistad, sentimientos y sobre todo un misterio, una intriga  que acompañará al lector hasta el final. Creo que podría catalogarla como thriller.

Recuerdo que cuando la terminé decidí dejarla en reposo con la intención de comenzar a corregirla en enero de 2013. Estamos en febrero de 2015 y no la he vuelto a tocar. ¿Por qué? Corregir, pulir, mejorar lo escrito va encaminado a un fin, a darle salida al trabajo literario y ese es un trámite siempre difícil.

Circunstancias favorables han propiciado que desde la fecha en que acabé la referida novela hasta la actualidad haya publicado cuatro libros, tres de ellos han visto la luz gracias a premios literarios (uno como ganador, dos como finalistas), y el cuarto por apuesta de una editorial que ya me conoce y ha publicado otras obras mías. He tenido suerte en los concursos, si entendemos que gracias a ellos mis novelas han sido editadas, y quizá por ese motivo la primera vía que sigo para mi trabajo literario una vez lo acabo es la de los certámenes, participar con seudónimo y bajo plica; y la segunda, cuando nada se consigue, la de la publicación tradicional, es decir, ofrecer el manuscrito a una editorial y esperar una respuesta.

El procedimiento, en cualquiera de los dos casos, requiere paciencia, temple y buen humor. No es fácil ganar un premio, ni siquiera lo es quedar finalista, ni tampoco el que, en caso de serlo, te publiquen. Y si vamos a la vía tradicional es, incluso, más difícil. Las editoriales reciben cientos de propuestas cada mes, están desbordadas, algunas ni siquiera aceptan manuscritos.

Con este panorama me he hecho el ánimo de comenzar a corregir mi novela, me lo propongo como trabajo para este año y me prohíbo escribir nada nuevo hasta no cerrar este capítulo. ¿Después?, buscaremos concurso. Y más tarde Dios dirá. Dicen que todo llega para quien sabe esperar.

6 comentarios:

José Antonio López Rastoll dijo...

Hablas de paciencia y humor, dos ingredientes fundamentales en la cocina de cualquier escritor. Tenemos que esperar a la idea, apresarla como pescadores de palabras y aguardar el viento a favor. Para colmo, las editoriales utilizan el correo ordinario (no todo el mundo lo sabe). Esperar, esperar y siempre esperar. Por eso, no me martirizo con horarios ni imposiciones. Escribo para vivir y no al contrario.

Un abrazo.

Esther Planelles dijo...

Cualquiera que tome pluma y papel, aunque sólo sea para juguetear con las letras, sabe que el placer experimentado no mengua, en absoluto, la dureza del trabajo. Me alegra leer estas "cosas tuyas" porque desmitifican, ante los lectores, el trabajo creativo.

Un abrazo.

Maribel Romero dijo...

Pues haces bien en llevarlo con filosofía, Jose. A veces ni la paciencia ni el humor sirven, pero quien lleva dentro el veneno de las letras está perdido.

Un abrazo.

Maribel Romero dijo...

El trabajo creativo, Esther, es apasionante si lo dejáramos solo ahí, pero nadie quiere crear para guardar en el cajón, siempre llega un momento en el que la creación quiere volar y entonces comienzan los problemas.

Un abrazo.

Alicia Uriarte dijo...

Si en su día ya te pareció que era una novela especial y con perfil de ganadora, a por todas. A pulirla de esa manera que tú tan bien sabes y seguro que le llagará el momento de que la podamos disfrutar. Nunca llueve eternamente.

Un abrazo.

Maribel Romero dijo...

Pues sigo sin ponerme a ello, Alicia, no sé qué me pasa con esta novela, bueno, sí lo sé, pero me lo reservo.
La percepción del escritor a veces es errónea, lo que crees que te ha salido redondo no encaja a los lectores y al contrario.
No sé si esta será una obra con perfil ganador, pero sí creo que puede gustar a un amplio sector de público. A ver si me decido de una vez a corregirla.

Un abrazo.