viernes, 28 de febrero de 2014

CARMINA BURANA EN EL GRAN TEATRO DE ELCHE

El Gran Teatro de Elche acogió en la noche de ayer jueves, 27 de febrero, la representación de la obra Carmina Burana, una cantata escénica del siglo XX compuesta por Carl Orff entre 1935 y 1936, a la que tuve el inmenso placer de asistir.
La actuación contó con la participación de la Coral Crevillentina, Veus d’Elx y la Coral Erik Satie, dirigidos por Javier Victorio, con los solistas María Asunción Rodríguez (soprano), Francisco Javier Jiménez (tenor) y José Ángel Silva (barítono). La instrumentalización corrió a cargo de la Jove Orquestra d’Elx, dirigida por Gemma Quirant.
Una hora y media de música ininterrumpida de alto nivel que nos hizo vibrar.
Ayer, 27 de febrero, fue para mí un día de celebración, y no pudo ser más redondo.
Por favor, disfrutad de la música:

lunes, 24 de febrero de 2014

SIETE PUENTES SOBRE EL SENA, de María José Aguilar Rueda

Clara, una joven periodista que reside en Madrid, regresa al pueblo que la vio nacer con la triste misión de despedirse de su abuela, Lala, pues ha sido avisada, por parte de una prima, de que la anciana se encuentra en el final de su vida y desea verla.
En su lecho de muerte, Lala confiesa a su querida nieta un secreto a medias: cuando ella ya no esté en el mundo, Clara debe buscar una caja que la anciana guarda en el desván, sin embargo, no le dice qué contiene la caja ni qué significado tiene para ella, solo le pide que cumpla con su último deseo y que no lo cuente a nadie.
El fallecimiento se produce de manera inmediata y tras dar sepultura a Lala, antes de regresar a Madrid, Clara decide buscar esa caja misteriosa de la que no había oído hablar en su vida. La encuentra en un armario dentro del desván; la caja es una antigua polvera francesa, la abre y ve su contenido, algo relacionado con París, pero no logra entender qué ha pretendido Lala confesándole la existencia de ese “tesoro” ni qué esconde detrás.
Se lleva su hallazgo a Madrid y decide contárselo todo a su marido, Javier, periodista como ella, pues entiende que las personas con las que su abuela no quería compartir el secreto son el resto de familiares que se han quedado en el pueblo.
Javier, al principio escéptico, encuentra incluso cómica la situación, pero al advertir que para su mujer se trata de un tema importante, la anima a que tire del hilo hallado dentro de la polvera, incluso la obsequia con un billete para que viaje a París, puesto que las pocas pistas existentes la conducen indefectiblemente hacia la Ciudad de la Luz.
A partir de este momento, ya en la capital francesa, Clara inicia una minuciosa labor de investigación que traslada al lector a la magia de las calles parisinas. Se trata de una búsqueda emocional, sin estridencias, que conforme avanza adquiere tintes detectivescos; una investigación que resulta muy entrañable y altamente adictiva, y que conducirá a Clara a descubrir episodios desconocidos de la vida de su abuela.
Narrada en primera persona por la propia protagonista, logra enganchar al lector desde las primeras páginas. Su prosa es sencilla y el registro formal. Se trata de una novela delicada, muy amena y entretenida, que mezcla con elegancia sentimientos e intriga. Los personajes son cercanos, te encariñas con ellos, y los diálogos muy acertados. Una excelente novela para pasar dos estupendas tardes de lectura, porque dado su poder de atracción, a ningún lector le durará ni un minuto más. Yo la he disfrutado de principio a fin.
Siete puentes sobre el Sena fue la obra ganadora del V Certamen de Novela López-Torrijos y Montalvá y la podéis encontrar en Editorial Ledoria.
Blog de María José Aguilar Rueda.
Lista de obras ganadoras y finalistas de todas las ediciones del premio.

miércoles, 19 de febrero de 2014

ENTREVISTA EN "EL LIBRO DURMIENTE"

El pasado 11 de octubre participé en una Master Class invitada por el Club de Lectura EL LIBRO DURMIENTE, dentro de las actividades programadas en la segunda edición del Taller de Escritura Creativa que imparten en Alicante.
Hoy me complace traer hasta aquí la entrevista que me hicieron hace unos días y que también podéis leer en su página web.
¿Qué diferencia a los escritores frente a otros campos artísticos o humanistas?
Pues posiblemente el resultado de su trabajo. Unos ofrecen libros, otros una maravillosa escultura o una interpretación magistral al piano. Sin embargo, creo que compartimos el mismo espíritu creativo, la misma apertura de mente y quizás un punto de locura.
¿Cuándo decidió decantarse por la escritura? ¿Quiénes han sido sus modelos o maestros?
Cuando era una niña. Escribir me gustó siempre, sobre todo desde que descubrí el poder de la imaginación. / Supongo que bebo de todas las fuentes. No considero que haya tenido un determinado modelo, aunque me gustan, y seguro que me han influido, los autores latinoamericanos.
¿Cuáles son los géneros literarios que desarrolla y en cuál de ellos trasmite mejor sus ideas? ¿Pertenece a una escuela, corriente o tendencia determinada?
Actualmente me encuentro muy cómoda con la novela, creo que me permite transmitir las emociones de un modo bastante cercano a como yo las siento. / Diría que no, al menos no soy consciente de ello.
¿Para ser escritor hay que ser buen lector? Aconséjenos 3 libros imprescindibles.
Opino que sí, que es muy importante haber leído mucho y de todo, pero siempre está la excepción que cumple la regla. / Posiblemente serían más de tres, pero si he de limitarme a ese número diría El retrato de Dorian Gray, Madame Bovary y El lobo estepario.
¿Qué precisa para ponerse a escribir? ¿Cuáles son sus rituales, si tiene alguno? ¿Hay algún secreto que le convierte cada noche en escritor?
Una buena idea, de esas que no hay que dejar escapar. / No tengo ninguno, el único ritual es la disciplina de trabajo. / No hay secreto, solo el deseo de transformar esa idea primigenia en una buena historia literaria.
¿Cuál es su forma de trabajo: usa un mapa o brújula, improvisa o planifica? ¿Se deja llevar por las musas o camina totalmente a ciegas?
Cuando ya he iniciado un trabajo, planifico, es decir, sigo unas rutinas: escribo a diario, tomo apuntes de ideas que se me cruzan por la mente y que me pueden venir bien más adelante, hago pequeños esbozos de cada capítulo antes de afrontar su escritura; pero por supuesto también doy cabida a la improvisación, si no sería muy aburrido. / Me gustan las musas y creo en ellas. Aunque barajo mil ideas, solo desarrollo aquella que me viene como por iluminación.
¿Cuáles son los hitos relevantes que destacaría en su aventura literaria?
Siempre son importantes los premios y reconocimientos, dan fuerza para continuar adelante, y entre ellos, aunque todos son muy valorados, me dejó honda huella ser la finalista del Premio Azorín en 2010.
Las editoriales ¿son el campo de batalla del escritor? Los premios ¿son males necesarios en la carrera de un escritor?
Las editoriales son la pesadilla del escritor, sobre todo cuando rechazan tus manuscritos, pero también la mano amiga. Son necesarias. / Los premios, como decía antes, dan fuerza y confianza, aunque tampoco hay que preocuparse demasiado por ellos, a veces se merecen y no se ganan, otras ocurre lo contrario. Mientras llegan o no, hay que seguir trabajando.
Díganos brevemente… ¿qué intención le mueve al escribir: es un escritor con vocación de entretener, de divulgar, de formar?; ¿es un escritor de su tiempo o un escritor comprometido con su tiempo?
Principalmente de entretener, pero me gusta transmitir siempre algún mensaje que invite a la reflexión. / Ambas cosas, me preocupan los temas sociales, los problemas que vivimos hoy y que marcarán el mañana, y de alguna manera llevo esa preocupación al terreno literario. Intento remover conciencias.
¿Qué le gustaría que olvidaran en el futuro de su actividad literaria? ¿Qué quedará de su obra para la posteridad a pesar suyo?
Nada. Todo lo que he escrito hasta ahora ha servido para formarme y crecer. Renunciar a un primer relato o a una primera novela no convierte a nadie en más escritor. / Repito respuesta, quizá nada.
¿Qué palabra o concepto le caracteriza como escritor?: ¿se considera un escritor creativo, original, optimista, fantasioso, soñador, imaginativo, idealista, etcétera?
Constante. / Tal vez un cóctel de todo eso aderezado con unas gotitas de sensatez, para no marearme.
Muchas gracias a los amigos de EL LIBRO DURMIENTE.

lunes, 17 de febrero de 2014

INTEMPERIE, de Jesús Carrasco

Nos encontramos ante una ópera prima que, como ya ocurrió con otras anteriores (léase El tiempo entre costuras o El bolígrafo de gel verde), ha llegado al mercado de los libros acompañada de una importante campaña de marketing. Es más, no acompañada sino precedida, puesto que meses antes de su publicación ya se hablaba de ella y sus virtudes en diferentes revistas culturales. Se comparaba a Jesús Carrasco con Miguel Delibes y se alababa su precisión y maestría en el uso del lenguaje.
Y la campaña funcionó, puesto que Intemperie ha sido considerada una de las diez mejores novelas publicadas en 2013. Y no digo que no lo merezca, pero en cualquier caso, convendrá su autor, es una suerte contar con una promoción de ese calibre en una primera obra.
Un niño, del que nunca conoceremos su nombre, huye de un pueblo que tampoco se identificará, pero que podría ser cualquiera de la España profunda en una época marcada por el caciquismo.
Una partida de hombres, con el alguacil al mando, sale en su busca, y desde las primeras líneas de la novela se adivina el miedo del muchacho hacia ese grupo humano, especialmente hacia la persona que lo dirige, por tanto, más que una búsqueda para encontrar al chico y devolverlo a su hogar, se intuye una persecución para reducirlo y escarmentarlo.
No logran dar con él, y pasado el momento de peligro, el muchacho consigue salir del agujero en el que se hallaba escondido para iniciar un peregrinaje sin rumbo, pero que lo conduzca lo más lejos posible del pueblo.
En su vagar por terrenos desolados y baldíos, a consecuencia de una gran sequía que afecta a toda la comarca, se encuentra con un viejo pastor de cabras, y apenas sin mediar palabra entre ambos, por una especie de acuerdo tácito, deciden continuar la huida juntos.
Estas serían las bases sobre las que se asienta Intemperie.
A pesar de no ser una novela larga (221 páginas), el ritmo es muy lento en la primera mitad, quizá por el exceso de descripciones que no conducen a nada, solo a cambiar de ubicación al pastor y al niño, que no dejan de caminar de un sitio a otro en busca de agua, comida, sombra o protección, bienes realmente escasos en el escenario de esta historia. Es a partir de la página 94, más o menos, cuando ocurren unos hechos que ponen en alerta al lector. Si hasta ese momento la imagen de los paisajes y las gentes era desoladora, a partir de ahí lo que viven el niño y su acompañante es un auténtico calvario. Descubriremos cuál es la razón de la huida del muchacho, a qué le teme, y también asistiremos a un despliegue de violencia sin límites.
La novela es muy dura, no hay un momento de respiro, y en muchas ocasiones se lee con el corazón en un puño, además, a partir de ese episodio que no contaré, engancha todo lo que, al menos a mí, no me había enganchado antes.
La prosa es muy rica, poética en ocasiones, y se necesita un diccionario al lado para consultarlo con bastante frecuencia, pues los términos rurales empleados no son de uso cotidiano, y posiblemente, tras la lectura de esta novela, nunca más los volvamos a escuchar o leer.
Intemperie tiene semblanza de novela antigua. Por su temática y estilo narrativo podía pasar por una obra publicada en otra época, pues da la sensación de que libros así ya no se escriben, pero como un día dijo Francisco Umbral: “Literatura es escribir las cosas como no las escribe nadie, no digo mejor ni peor, sino distinto”. Y de lo que no hay duda es de que Intemperie es un libro distinto.

viernes, 7 de febrero de 2014

VUELVO A CASA

La ligera corriente de aire producida por el cierre de la puerta se llevó la nota escrita depositada sobre el mueble de la entrada y la colocó debajo. «Ya no aguanto más, pero si estás dispuesto a cambiar llámame. Con una llamada tuya vuelvo a casa. Podemos intentarlo. María», decía aquel mensaje escondido.
Una hora más tarde llegó él. Olió el vacío con el instinto de un animal, un vacío del que ya había sido advertido alguna vez, y un terremoto de furia comenzó a sacudirlo por dentro. «¡María!», gritó desde la puerta, aun sabiendo que no estaba. «¡María!», repitió levantando más la voz.
Ella se encontraba a punto de entrar en la estación, pero ¿adónde ir? De vez en cuando miraba el móvil.
«¿Cómo me puede hacer esto la hija de la gran puta? ¿Abandonarme a mí? Juro por Dios que la mato. ¡Lo juro!», iba mascullando él mientras avanzaba por el pasillo.
Esperó un cuarto de hora intentando controlar sus impulsos, quizás hubiera ido a por el pan, tal vez estaba en casa de una vecina. ¿Cómo iba a atreverse a escapar? Diez minutos más tarde era incapaz de frenarse. Cogió el teléfono y la llamó, tenía que saber dónde estaba, la buscaría hasta en el mismísimo infierno.
María vio el nombre de su marido en la pequeña pantalla del móvil y se le iluminó la cara; había sido capaz de vencer su orgullo, ¡la había llamado! Con el billete en la mano retrocedió unos pasos y no subió al tren.
—¿Sí? —dijo emocionada.
—María... —comenzó él modulando deliberadamente el tono de su voz.
—No me digas más —interrumpió ella—, me basta con esta llamada. Sé que quieres cambiar y yo voy a ayudarte. Vuelvo a casa.
Mientras ella regresaba esperanzada al hogar familiar, él iba sacando filo a su colección de cuchillos de caza.

sábado, 1 de febrero de 2014

PREÁMBULO

(Mujer en el balcón. Óleo sobre lienzo de Eduardo Vicente)
Amanda mira las estrellas una noche más. La brisa de mayo se cuela por el escote de su camisón de lino y acaricia sus pechos como una lengua, hasta conseguir que los pezones erectos se claven en la fina tela blanca.
Sujeta con fuerza los prismáticos y elige diferentes planos del cielo con la esperanza de ver algo nuevo, tal vez un planeta desconocido, la estela de un cometa, un cuerpo cósmico en movimiento, quizás una nave espacial... Pero siempre ve estrellas redondas como platos que titilan nerviosas bajo la inestabilidad de su pulso. Suelta la mano izquierda de los binoculares y se sujeta con ella la muñeca de la derecha, con el fin de alcanzar el equilibrio que le permita observar el firmamento con la limpieza de una fotografía de alta calidad, pero todo se mueve. El mundo se mueve en el pequeño balcón de su casa, y se ve obligada a dejar los prismáticos y agarrarse a la barandilla invadida por un ligero mareo.
Sobre el tejado de la casa de enfrente pasea un gato. Es blanco como su camisón, con algunas manchas negras como las de su ánimo. El animal se detiene y la mira con curiosidad. Ella se pierde en la mirada inquebrantable del felino y consigue ver al fin, en aquellos ojos, sin que por una vez tiemblen, las estrellas.
Adentro, en la habitación, acostado en la cama y tapado hasta las orejas, su marido ronca. Junto a él, en una bonita cuna de madera, duerme el pequeño de sus hijos, y en el cuarto de al lado, como un par de angelitos, los dos mayores.
Oye pasos en el piso de abajo. El abuelo se ha levantado una vez más. Tose ruidosamente y teme que despierte a los niños, pero nunca ocurre. Los niños nunca se despiertan.
Echa un último vistazo al cielo y, como en un ritual de magia, cuenta siete estrellas antes de irse a la cama. Alguien le dijo alguna vez que el siete era el número de la suerte. Después entra en su cuarto y cierra el balcón. Son las dos de la madrugada.
El abuelo escupe, su marido se da la vuelta y hace crujir la cama, el hijo pequeño gimotea en la cuna y los dos mayores hablan en sueños. El mundo también se mueve dentro de aquella casa, pero con los pasos torpes de costumbre.
Amanda se mete entre las sábanas, sigilosa como el gato del tejado de enfrente, fría como cualquiera de las estrellas que adornan el cielo, y reza por sus padres muertos, y pide por su familia viva. Después no tiene más remedio que entregarse, una noche más, a los brazos de un profundo sueño reparador.
Pertenece a EL PERFIL DE DE LOS SUEÑOS, novela ganadora del IV Premio López-Torrijos y Montalvá. Editorial Ledoria (Toledo).