lunes, 1 de diciembre de 2014

PALABRAS DE JOSÉ LUIS FERRIS

El pasado 21 de noviembre tuvo lugar en Elche la presentación de "El peso de las horas", novela finalista de la XXXIV edición del Premio Azorín.

Con ocasión de este evento literario, el escritor y profesor José Luis Ferris, invitado como presentador del acto, elaboró un discurso exquisito en el que nos hablaba de literatura en general y de esta obra en particular.

Transcribo a continuación su opinión sobre "El peso de las horas", puede ser de interés de aquellos que deseen leer la novela, incluso de los que ya la hayan leído y quieran compararla con su propio punto de vista.

"...No cabe duda de que este libro que hace casi cinco años se quedó a las puertas de ganar el prestigio Premio Azorín de Novela, es un libro que tiene la virtud de atrapar de inmediato al lector, de enredarlo con la urdimbre de un discurso que resulta amable y que, a la vez, inquieta y te mantiene embrujado.

Y para ello, la autora ha elegido la primera persona, cómo no, y la piel de una mujer (y su revés) nada convencional que nos involucra en su vida desde la primera página. Hablamos de una mujer a la que la vida decide poner a prueba, llevar al límite haciéndole creer que le quedan tres meses de vida:
“El día que supe que moriría en tres meses era martes” (dice la autora en la primera frase del libro).
Situación ésta ante la que ella, lejos de refugiarse en los brazos de la desesperación o el desmoronamiento, decide enfrentarse con envidiable arrojo. 

La protagonista de esta novela opta por saltarse las reglas del juego, no vivir como marcan los cánones, abrir nuevas puertas, coquetear con lo prohibido y salir de la esclavitud de las apariencias con todo lo que ello supone.

Elisa zigzaguea a partir de ese plazo por una ladera tragicómica en la que debe sortear los obstáculos de su propio convencionalismo. Es una criatura que se ha mirado al espejo por vez primera y se ha encontrado, al otro lado, con su delicioso revés: un ser descarado, insolente, atrevido y único.

Estamos ante el cuadro de una mujer con paisaje al fondo: una ciudad, una casa, un marido, un suegro y una madre, el novio cubano de ésta, un amor que regresa del pasado en forma de aventura y hasta un perro llamado Problema.

Elisa, como la propia Maribel Romero habrá sentido en más de un momento de su vida (¿y quién no?), decide ponerse el mundo por montera y trasgredir, traspasar la línea roja de las buenas maneras, de la mansedumbre, de la sagrada rutina y hasta del amor sin perfiles agudos, sin la locura precisa, sin el exotismo de lo diferente.

A lo largo de los 18 capítulos que configuran la novela, el lector tiene tiempo sobrado para gozar y sufrir, para reírse de situaciones francamente cómicas y para llorar ante momentos de ardiente sensibilidad.
“Nos dimos dos besos en la mejilla –escribe la autora en la página 196–. Diego olía a perfume caro y su piel era delicada y tibia como la de un bebé. Habría permanecido eternamente pegada a él, chupándole la vida como una sanguijuela”.

La protagonista de El peso de las horas se aferra a la vida con más garra que nunca, como una sanguijuela, en efecto, y con el propósito firme de probarlo todo. Un deseo que se alía a la perfección con el estado del mundo, de la vida y del tiempo, de modo que su ánimo y su pensamiento siempre están en armonía con lo que marcan las nubes o sugiere el cielo:
“Los días más importante de mi vida –página 13– el sol había lucido casi con descaro y, sin embargo, durante los entierros de los seres más queridos el cielo había llorado conmigo desconsoladamente”
“La mañana había cambiado su manto gris por un lienzo de seda brillante que se asemejaba más a mi nuevo estado de ánimo, era como si el verano hubiera vuelto de repente para recoger algo que se había dejado olvidado –página 18).”
“Eran las seis de la tarde y la noche comenzaba a pintar la ciudad con tonos grises –página 217–. Mi último plan se había ido al traste… En la calle, el triste invierno despedía su aliento gélido, y permití que me acompañara a casa escondido en mi chaquetón rojo…”

Esta alianza con los elementos refuerza sin duda el poder de la acción, enfatiza las emociones y las dota de un lirismo turbador a veces.

Y luego nos encontramos, sugerido y recurrente, con el tema del amor y el desamor: el mito de la pareja, sus desafíos cotidianos y el fantasma de la infidelidad. La autora deja un resquicio para pensar que es bueno que cada componente del dúo tenga su vida privada. Las parejas absorbentes están destinadas a fracasar. Saber todo lo que le pasa o siente el otro, es angustioso. No es necesario que todos los secretos se compartan al cien por cien.

Esto es algo que Maribel Romero, escritora, nunca le dijo a Elisa Lalira, su personaje, quien tras su aparente fracaso matrimonial sufrirá el desengaño que la realidad le propone, dando así buena cuenta de hasta qué punto ella, como personaje, es una criatura libre, puesto que sobre su voluntad, ni siquiera la novelista tiene nada que hacer.

El peso de las horas es una novela lograda, compleja en su aparente sencillez, y profunda en la vibración de un discurso que no termina en su página final. Su prosa es buena y su coherencia narrativa, su arquitectura, se construye sobre un flujo de situaciones dramáticas que conceden un generoso espacio al humor y la ironía.

Es una narración a la que ni le sobra ni le falta nada. Es esa clase de relatos que a casi todos ustedes le gustaría escribir alguna vez, con la misma benevolencia, con la misma distancia emocional, con ese heroísmo cotidiano que nos anima a saldar viejas cuentas con la literatura y con la vida.

Sorprende saber ahora que esta historia se fue haciendo a fuego lento, a lo largo de varios años, y que durmió durante un tiempo en un cajón. Podemos imaginar incluso que el personaje de Elisa acompañó a la autora muchos años en la imaginación, viviendo al lado de sus mismas obsesiones. Sabemos que éste es un libro plagado de preguntas en el que uno trata de explicar y explicarse el mundo que nos rodea para conocernos y aceptarnos mejor. Sabemos que Maribel Romero es luchadora y obstinada, que Elisa es generosa y valiente, y que, pese a todo, ambas creen, a su modo, en la utopía. 

El peso de las horas nos habla de la vida, pero también de sus contrarios, “de la lealtad y la deslealtad, del amor y del desamor, de la debilidad y de la fuerza; de la resignación y del coraje; y de cómo, aunque todo se trasforme, hay cosas que deben permanecer en el mismo lugar en el que las dejamos.

Ahí están, esperándonos siempre, las emociones, esos hallazgos tan difíciles de pronosticar que, lejos de quedarse en el placer íntimo del escritor, trascienden irremediablemente al lector con la misma eficacia con que se trasmite la alegría o el entusiasmo a un grupo de amigos que comparten nuestras inquietudes. La emoción que genera en el autor el descubrimiento de una frase, de un personaje o de un suceso a veces imprevisto, es percibida por cualquier destinatario hasta el extremo de la complicidad, hasta el punto incluso de contagiarse o hacer suyas las sensaciones y experiencias que acaso nosotros, los lectores, también guardábamos en el fondo de la memoria y que nunca tuvimos la fortuna de rescatar por nuestros propios medios.

Maribel Romero Soler ha creado a Elisa para poner orden en su mundo, el de sus ficciones y el de sus recuerdos. Ha escrito esta novela, limpia de retóricas, para organizar sus obsesiones, descargar sus pensamientos y colocar sobre el papel sus fantasmas y sus ángeles literarios y vitales.

Maribel Romero, aunque ni ella misma lo sepa, ha publicado El peso de las horas para hacernos un poco más felices. Porque la escritura, además de un desafío, es un acto de amor, un modo de transformar en trago amable el gran absurdo que nos rodea. Porque la Literatura, como ella sabe bien, es una fuente de sabiduría ante la vida".
 



JOSÉ LUIS FERRIS es escritor, poeta y ensayista. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca y Doctor en Literatura Española por la Universidad de Alicante.
Ha obtenido diversos premios literarios, entre ellos el Premio Azorín de Novela en 1999 con su obra "Bajarás al reino de la tierra".
En la actualidad se dedica a la creación literaria y a la docencia. Es profesor de la Universidad Miguel Hernández de Elche en el área de Literatura Española, Grados de Periodismo y Comunicación Audiovisual.


6 comentarios:

José Antonio López Rastoll dijo...

Que un escritor tan reputado escriba sobre tu obra debe de ser un orgullo, pero también una responsabilidad. Como beber un buen licor, pero sin pasarse.
Coincido con Ferris. Tu literatura, sin ser el club de la comedia, consigue "hacernos un poco más felices". Eres luz, compañera.

Un abrazo.

Maribel Romero dijo...

Pues es verdad, Jose, es un orgullo para mí y una responsabilidad para él, pero estoy segura de que, precisamente por su reputación, opina con absoluto rigor.
Esa última frase me ha llegado al alma.

Un abrazo.

Lola Mariné dijo...

La verdad es que después de leer lo que ha escrito Jose Luis Ferris sobre tu novela dan ganas de salir corriendo a comprarla.
Besos

Maribel Romero dijo...

Jeje, me alegro, Lola. La verdad es que tengo que agradecerle a José Luis el que haya realizado un análisis tan minucioso.

Un abrazo.

Alicia Uriarte dijo...

Maribel, decirte que ha sido todo un lujo leer las palabras de José Luis Ferris sobre tu libro, El peso de las horas.
Comparto con él todo un cúmulo de impresiones y sensaciones tras la lectura del mismo. Es más, tenía subrayadas parte de esas frases tan sublimes que él ha citado. Me ha gustado mucho ver que ha extraído la esencia de la historia con todos y cada uno de los matices que se ven impregnados en ella. Y también ver que alguien más, además de mí, se fijaba en como utilizas los astros y los colores y elementos que habitan en la cúpula celeste para ir dando contrastes a los diferentes momentos y estados de ánimo.

Vamos, una reseña para quitarse el sombrero. Sin olvidar que el libro y su autora bien lo merecían.

Un abrazo y felicitaciones a ambos.

Maribel Romero dijo...

Gracias, Alicia, por esos piropos. Me alegro de que hayas encontrado coincidencias con la opinión de José Luis. Yo, que posiblemente soy la que menos puedo opinar aquí, también estoy muy de acuerdo con su análisis. Y por supuesto la forma de exponerlo es para quitarse el sombrero.

Un abrazo.