viernes, 12 de septiembre de 2014

LEER OJOS

Después de veinticinco años en el ejercicio de la abogacía, Alfredo Pérez ha descubierto que la mejor máquina de la verdad es la pupila humana. Ante la sospecha de que un cliente le está mintiendo, solo necesita un poco de concentración y estudiar con detalle el centro de su mirada. Nunca falla. «Podías habilitar un reservado en tu bufete para leer ojos —le dicen algunos colegas medio en serio medio en broma—, ¿no hay gente que lee manos? Igual te forras». Alfredo no hace demasiado caso y sigue utilizando con destreza su prodigioso don. Pero ¿qué ocurrirá cuando se dé cuenta de que el procedimiento no solo funciona con sus clientes, sino que también lo hace con jueces, fiscales, abogados contrarios..., incluso con su mujer? A partir de ese momento ya nada será lo mismo.
Seleccionado agosto en microrrelatosabogados.com.

16 comentarios:

Esther Planelles dijo...

A veces es necesario instalar en nuestro cerebro un interruptor que nos deje a oscuras. No es que la ignorancia sea buena o mala, es que, en ocasiones, es mejor no saber: el bombardeo constante de realidad puede desquiciar hasta al más cuerdo de los primates.
Un estupendo relato para reflexionar y para no olvidar repasar nuestro "botiquín de supervivencia".

Un abrazo.

Tracy dijo...

Relatos aparte, pienso que los ojos nunca mienten, no saben.

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Conocer la verdad a veces es muy riesgoso. Pero siempre es preferible a la mentira.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Hay ojos dignos de ser leídos, por su belleza.
Es algo que estoy aprendiendo, en mi lento aprendizaje de dibujo estilo comic. Por ejemplo, ojos que revelen inteligencia en una bella mujer. Ojos de miedo, ojos de odio, etc.

Maribel Romero dijo...

Recuerda el refrán, Esther: "ojos que no ven corazón que no siente".
Con lo feliz que era antes Alfredo Pérez...

Un abrazo.

Maribel Romero dijo...

Pues de eso de trata, Tracy.

Maribel Romero dijo...

Lo peor, Mónica, es descubrir la mentira en personas de tu máxima confianza, en las que siempre habías creído. Se te pueden romper todos los esquemas.

Maribel Romero dijo...

Bonito aprendizaje el tuyo, Demiurgo. Sin duda, los ojos hablan.

Alicia Uriarte dijo...

Maribel, creo que a veces el sufrimiento de haber sido engañados por alguien es aún más duro por, previamente, haber intentado engañarnos a nosotros mismos con el convencimiento de que esa mentira no podía ser verdad.
Enhorabuena, me ha parecido muy buen relato.

Un abrazo de verdad.

Maribel Romero dijo...

Gracias, Alicia. La situación que planteas es realmente desoladora para el que la sufre. Demasiado grande la decepción.

Un abrazo también muy verdadero.

Lola Mariné dijo...

Pues sí, puede que sea mejor no enterarse de ciertas cosas...

Buen micro. Como siempre.
Un beso, guapa.

Maribel Romero dijo...

Si uno apuesta por ser feliz en su ignorancia, así es, Lola; aunque se trate de una apuesta muy egoísta.

Un abrazo.

José Antonio López Rastoll dijo...

Cualquier don tiene su maldición, como este que nos planteas de un adivinador de ojos. ¿Es mejor saber toda la verdad o ignorarla a veces? Me recuerdas, cómo no, a un clásico de la ciencia ficción: el hombre invisible.

Un abrazo.

Maribel Romero dijo...

Pue sí, Jose, el hombre invisible y el lector de ojos podrían ir de la mano en este mundo lleno de imperfecciones, en el que los dones ni siquiera lo son.

Un abrazo.

José Antonio López Rastoll dijo...

Por cierto, ¿casualidad o alevosía el nombre de tu personaje? Es sospechosamente parecido al de un político.

Un abrazo.

Maribel Romero dijo...

Casualidad, Jose, casualidad, jajaja... De hecho, si no lo comentas, no me hubiese fijado. El subconsciente, que va por libre.

Un abrazo.