lunes, 17 de febrero de 2014

INTEMPERIE, de Jesús Carrasco

Nos encontramos ante una ópera prima que, como ya ocurrió con otras anteriores (léase El tiempo entre costuras o El bolígrafo de gel verde), ha llegado al mercado de los libros acompañada de una importante campaña de marketing. Es más, no acompañada sino precedida, puesto que meses antes de su publicación ya se hablaba de ella y sus virtudes en diferentes revistas culturales. Se comparaba a Jesús Carrasco con Miguel Delibes y se alababa su precisión y maestría en el uso del lenguaje.
Y la campaña funcionó, puesto que Intemperie ha sido considerada una de las diez mejores novelas publicadas en 2013. Y no digo que no lo merezca, pero en cualquier caso, convendrá su autor, es una suerte contar con una promoción de ese calibre en una primera obra.
Un niño, del que nunca conoceremos su nombre, huye de un pueblo que tampoco se identificará, pero que podría ser cualquiera de la España profunda en una época marcada por el caciquismo.
Una partida de hombres, con el alguacil al mando, sale en su busca, y desde las primeras líneas de la novela se adivina el miedo del muchacho hacia ese grupo humano, especialmente hacia la persona que lo dirige, por tanto, más que una búsqueda para encontrar al chico y devolverlo a su hogar, se intuye una persecución para reducirlo y escarmentarlo.
No logran dar con él, y pasado el momento de peligro, el muchacho consigue salir del agujero en el que se hallaba escondido para iniciar un peregrinaje sin rumbo, pero que lo conduzca lo más lejos posible del pueblo.
En su vagar por terrenos desolados y baldíos, a consecuencia de una gran sequía que afecta a toda la comarca, se encuentra con un viejo pastor de cabras, y apenas sin mediar palabra entre ambos, por una especie de acuerdo tácito, deciden continuar la huida juntos.
Estas serían las bases sobre las que se asienta Intemperie.
A pesar de no ser una novela larga (221 páginas), el ritmo es muy lento en la primera mitad, quizá por el exceso de descripciones que no conducen a nada, solo a cambiar de ubicación al pastor y al niño, que no dejan de caminar de un sitio a otro en busca de agua, comida, sombra o protección, bienes realmente escasos en el escenario de esta historia. Es a partir de la página 94, más o menos, cuando ocurren unos hechos que ponen en alerta al lector. Si hasta ese momento la imagen de los paisajes y las gentes era desoladora, a partir de ahí lo que viven el niño y su acompañante es un auténtico calvario. Descubriremos cuál es la razón de la huida del muchacho, a qué le teme, y también asistiremos a un despliegue de violencia sin límites.
La novela es muy dura, no hay un momento de respiro, y en muchas ocasiones se lee con el corazón en un puño, además, a partir de ese episodio que no contaré, engancha todo lo que, al menos a mí, no me había enganchado antes.
La prosa es muy rica, poética en ocasiones, y se necesita un diccionario al lado para consultarlo con bastante frecuencia, pues los términos rurales empleados no son de uso cotidiano, y posiblemente, tras la lectura de esta novela, nunca más los volvamos a escuchar o leer.
Intemperie tiene semblanza de novela antigua. Por su temática y estilo narrativo podía pasar por una obra publicada en otra época, pues da la sensación de que libros así ya no se escriben, pero como un día dijo Francisco Umbral: “Literatura es escribir las cosas como no las escribe nadie, no digo mejor ni peor, sino distinto”. Y de lo que no hay duda es de que Intemperie es un libro distinto.

6 comentarios:

Lola Mariné dijo...

Nada como una buena campaña de marketing para vender lo que sea, algo que pocas editoriales se pueden permitir (o están dispuestas a hacer).

No había oido hablar de la novela ni de su autor, pero tampoco me llama mucho la atención.
Besos

Alicia Uriarte dijo...

Maribel, muchas veces oímos que todo está escrito. Pues con libros distintos como al que te refieres en esta reseña, está claro que no.
Lo apunto. Seguro que le llegará el momento. Seguro que mis vacaciones de niñez en la meseta castellana me ayudarán con ese vocabulario rural que citas. Recuerdo los rebaños de ovejas cuya leche iba a la que hoy es marca de queso Flor de Esgueva.

Gracias por compartir las sensaciones de tu lectura.

Un abrazo.

Maribel Romero dijo...

Pues si te apetece, Lola, pon el título en Google y verás que hay mucha información y muchas reseñas.

Un abrazo.

Maribel Romero dijo...

Pues, Alicia, será un suerte contar con ese vocabulario rural de la meseta castellana, te va a hacer falta. Aunque el significado de algunos términos se deduce por el contexto, yo tuve que echar mano al diccionario bastantes veces.

Un abrazo.

José Antonio López Rastoll dijo...

No había oído nada de esta novela, y me alegro. A mí las campañas publicitarias me alejan. En cuanto a lo que cuentas, pones sobre la mesa lo positivo y negativo de la obra. Sólo añadiré que para escribir una obra distinta no hace falta pelearse con el diccionario. Al menos, en mi opinión.

Un abrazo.

Maribel Romero dijo...

Estoy de acuerdo, Jose. Las emociones se transmiten con las palabras más sencillas.
No obstante, te aconsejo el libro. Puedes buscarlo en la biblioteca.

Un abrazo.