viernes, 29 de marzo de 2013

CONOCIENDO A... ENTREVISTA EN EL CLUB DE LAS LECTORAS

EL CLUB DE LAS LECTORAS, espacio literario que muchos conocéis por sus reseñas y sorteos de libros, abre una nueva sección llamada CONOCIENDO A...
A través de ella tratan de acercar a los lectores, no sólo los libros, sino también a sus autores.
Tengo la satisfacción de haber sido la elegida para inaugurar este nuevo apartado con una entrevista que me pareció muy interesante, y que ya podéis leer AQUÍ.
También podéis escuchar un breve resumen de la entrevista en el programa de radio ¡ABRE LAS OREJAS! (emitido el lunes 1 de abril).
Muchas gracias a EL CLUB DE LAS LECTORAS.

jueves, 21 de marzo de 2013

"EL PERFIL DE LOS SUEÑOS" LLEGÓ A CASA

Ahora sí, ahora ya puedo decir que he visto la novela, que la tengo en mi poder y que gana muchísimo en directo.
Ahora ya puedo informar de cuáles son los PUNTOS DE VENTA de editorial LEDORIA.
Puedo añadir que está en papel y en e-book, que independientemente de los puntos de venta indicados, se puede solicitar en cualquier librería, y en todo caso a la propia editorial, rellenando un sencillo formulario. La novela se recibirá a domicilio, contra reembolso y sin gastos de envío.
EL PERFIL DE LOS SUEÑOS es la obra ganadora de la última edición del Premio López Torrijos (la actual de 2013 se fallará en el próximo mes), y el jurado valoró en ella:
- La minuciosa descripción de un mundo, en el que se mueven los personajes de la narración, donde sueño y realidad se confunden adquiriendo un sentido mágico.
- La profundización psicológica en el carácter de una mujer resignada y soñadora que descubre una realidad en la que puede manifestar sus emociones.
- La agilidad narrativa con la que se desarrolla el argumento de la novela.
A veces el título, otras la sinopsis, quizá la portada, la curiosidad de saber por qué le dieron un premio, el deseo de descubrir nueva literatura, nuevos autores... Pueden ser muchas las razones que muevan a la gente a interesarse por una novela en tiempos de crisis, y es que a la crisis hay que vencerla con cultura. Que nunca nos falte un libro.
Aquí podéis ver todas las obras que componen la serie LÓPEZ TORRIJOS

martes, 12 de marzo de 2013

¿TÚ SUEÑAS? LEERLA TE TRAERÁ SUERTE

Amanda ha nacido, quizás, en un mundo equivocado, y para huir de una vida que no le satisface se refugia en las estrellas. Su marido, Evaristo, es hosco, intratable, un hombre que no sabe darle el cariño que ella necesita. A pesar de todo, Amanda acepta con resignación su destino y desempeña fielmente el papel de esposa y madre que le corresponde, en un ambiente rural del que escapa cuando puede para dejarse llevar por sus sueños.
El abuelo también vive con ellos en el hogar familiar, un anciano con una particular filosofía, a veces hilarante, que guarda más de un secreto.
Cierto día aparece por el pueblo un desconocido, un hombre que se instala en la vivienda ubicada frente a la casa de Amanda, y que se encargará de sustituir a las estrellas en su corazón y en su vida, que la hará redescubrirse y le abrirá los ojos a un mundo que tiene muy cerca y que sin embargo no había visto. Pero, ¿quién es ese hombre? ¿Por qué ha ido a vivir a Viestre?
Ese hombre es Samuel, y ha tenido la valentía de romper con una vida estable para poder realizar un sueño. Es, en cierto modo, una huida, como la de Amanda, que le deparará múltiples sorpresas y le llevará a conocer el límite de sus fuerzas.
El perfil de los sueños es una novela llena de magia, en la que las vidas de Amanda y Samuel, tan distintas pero al mismo tiempo tan iguales, se cruzarán en el escenario de un pueblo imaginario, dando lugar a momentos apasionantes, trágicos y muy humanos que cautivarán a los lectores.
Obra ganadora del Premio de Novela López Torrijos 2012.
Autora: Maribel Romero Soler / editorial LEDORIA.
Aunque yo aún no la he visto, hoy me comunican que la novela ha salido de imprenta y comienza el proceso de distribución para que llegue a las librerías. Espero que muy pronto alguien se la pueda encontrar en algún escaparate y, en todo caso, quien sienta curiosidad por los sueños que encierra este libro, de perfil o de frente, puede solicitarlo en cualquier momento a editorial LEDORIA. Lo remitirá a domicilio sin gastos de envío.
Como el formato digital ahorra muchos trámites, la novela ya está disponible para descarga en diversos portales, en España y en el extranjero:
TODOEBOOK
EL CORTE INGLÉS
EL MUNDO
GANDHI
GOLDEN BOOK
READ ON TIME
EL PERFIL DE LOS SUEÑOS, en papel o en e-book leerla te traerá suerte.

miércoles, 6 de marzo de 2013

ENTREVISTA EN LA REVISTA DIGITAL "NUEVAS LETRAS"

Nace NUEVAS LETRAS, una revista digital especializada en literatura cercana y actual, y conviene no perderla de vista.
Desde el nº 0, sus administradores, Natalia Moltó y Abraham Bernabeu, están demostrando su buen hacer con elaborados y completos reportajes y artículos del mundo literario, que interesan a escritores, lectores y público en general.
Tengo, además, la satisfacción, de que Natalia se pusiera en contacto conmigo para proponerme una entrevista que uniera literatura y nuevas tecnologías, desde mi experiencia como escritora con libros digitales. Y acepté gustosa. Tuvimos un agradable encuentro, y el resultado es un magnífico trabajo periodístico que ya se puede ver en el número 1 de la revista. Os adelanto un poco:
Pregunta: ¿Qué lleva a un escritor a apostar por la publicación directa y sin intermediarios de su obra?
Respuesta: ¿Sinceramente? El aburrimiento editorial. El que empieces a preparar propuestas que sean rechazadas sin haber sido leídas siquiera. Una cosa es que el libro no guste o no convenza, pero lo cierto es que la mayoría de rechazos vienen de editoriales que no conocen tu trabajo ni se preocupan en leerlo porque prefieren firmar contratos con gente más conocida, que les garantice una venta segura, y así no corren ningún riesgo. Llega un momento en el que tú te desvives por mostrar tu trabajo, te abres un blog para enseñar aquello que tienes que ofrecer y, cuando ves que a la gente le gusta lo que escribes, te empuja a seguir adelante. Eso te lleva a autoeditar, a publicar. Aunque yo he tenido la suerte de que varias editoriales han apostado por mí, y por ahora todo lo que he escrito me lo han publicado, salvo lo que yo misma he colgado en Amazon. En ese sentido, estoy muy contenta. Seguir aquí: Las letras versátiles de Maribel Romero Soler, escritora digital y en papel
Y no os perdáis los despieces de la entrevista, que han dado lugar a dos interesantísimos artículos:
LA AVENTURA DE AUTOPUBLICAR
Y EL IMPORTANTE PAPEL DE LAS REDES SOCIALES EN LA AUTOPROMOCIÓN
Larga vida a NUEVAS LETRAS. ¡Gracias, chicos!

viernes, 1 de marzo de 2013

GENTE DE RAZA

—¿De vacaciones a Kitzbühel en agosto? ¿Tú estás loco?
—Eh, eh, que Kitzbühel no es sólo una estación de esquí, es la región más hermosa de los Alpes, y sobre todo es montaña, ¿entiendes? MON-TA-ÑA...
Todavía recuerdo cómo pronunciaba esa palabra. Elevaba los brazos hacia el cielo y se hacía grande, inmenso, como si él mismo quisiera convertirse en montaña. Todos lo mirábamos fascinados, contagiados de su entusiasmo, e intentábamos adivinar hasta dónde serían capaces de llegar las puntas de sus dedos.
—¿Qué haremos allí?
—Pescar truchas.
—No me hagas reír. ¿Quieres que vayamos al Tirol a pescar truchas?
—Mi amigo Andrés fue el año pasado y las podía coger hasta con las manos. Dice que las ponen en unos pequeños lagos artificiales para diversión de los turistas, y por lo visto las tiran allí medio groguis. Vamos, que hasta el más torpe las podría pescar.
—O sea, tú.
—O sea, yo.
Un 12 de agosto llegamos a Innsbruck, la capital del Tirol, después de un larguísimo trayecto en autobús. Él era partidario del avión pero sabía muy bien hasta qué punto me daban miedo las alturas y accedió a mis deseos de viajar por carretera. El paisaje, desde que entramos en Suiza, fue un sueño. Prados verdes, algunas vacas muy limpias pastando hierba, casas de madera salpicadas de flores, y ese terreno alpino que ya comenzaba a elevarse como una provocación, como un gran Dios de piedra al que hubiese que rendirle culto. Su cara se pegó al cristal de la ventanilla de tal modo que cuando por fin llegamos a la ciudad creí que no podría separarla.
—¿A que ha sido mejor venir en autobús? —le pregunté.
—Por esta vez tengo que darte la razón —contestó ensimismado con los Alpes grabados en los ojos.
Innsbruck se presentaba festiva, luminosa, con gran cantidad de turistas recorriendo alegremente sus pintorescas calles. Seguimos a un guía local que nos fue mostrando con amabilidad lo más emblemático de la ciudad, mientras que una brisa suave nos acariciaba el rostro, algo sofocado por el viaje.
—¡Mira, el famoso tejadito dorado! —le dije de pronto señalando el Goldenes Dachl con un dedo.
—¿Te das cuenta de que las cumbres que rodean la ciudad todavía tienen nieve? —contestó él girando 360º sobre sí mismo.
No tenía remedio. Sus ojos siempre miraban por encima de los míos, estaban a otra altura, a un nivel superior de observación y de pasión, y para entenderlo sólo había que vivir su vida, pero no era fácil. «Me voy al Penyagolosa —me dijo a las dos semanas de conocerlo—, la segunda cumbre más alta de la Comunidad Valenciana, únicamente superada por el Cerro Calderón». «¿Vas a escalar?», pregunté atónita. Él me miró divertido. «Sólo un poquito», dijo antes de besarme la punta de la nariz.
Al hotel llegamos de noche, tras recorrer kilómetros de carreteras que se retorcían como serpientes. Recuerdo muy bien la última curva antes de llegar a aquel rincón perdido del mundo, casi formaba un círculo, y el autobús la tomaba despacio, sin prisas, como una oruga que rodea a una manzana buscando el mejor lugar por donde abrirse camino. Estaba lo suficientemente cansada como para no fijarme bien en el entorno, sólo deseaba entrar en el hotel, dejar las maletas y tomar algo antes de irme a la cama. Cuando pisé la recepción me quedé paralizada.
—¿Qué es esto?
—No te asustes, sólo es un perro.
—¿Un perro?
—Un San Bernardo, para ser exactos, el perro de las montañas. ¿A que es precioso? —dijo mientras se le acercaba y le daba dos palmaditas en el lomo, como si lo conociera de toda la vida.
—¡Por Dios, es enorme!
—¿Tú sabes las vidas que han salvado estos animales? Mucha gente ha sobrevivido a la muerte blanca gracias a ellos, son lo mejor para guiar en circunstancias de niebla y nieve.
—Me parece muy bien, ¿pero tiene que estar en la recepción?
—¿Y por qué no? Seguro que el hotel es suyo, aquí los extraños somos nosotros.
Tomamos un sabroso gulash acompañado de vino templado, y antes de las once cogíamos la cama con tanto deseo que ni nos acordamos de deshacer las maletas.
Nos esperaban cinco días de descanso en Kitzbühel, y el primero ya asomaba a través del espeso cortinón que cubría el ventanal con una fuerza arrolladora. Salí al balcón. Él ya estaba allí. Las primeras horas de la mañana, aun en el mes de agosto, eran frescas, y tuve que volver a la habitación para ponerme una chaqueta de chándal. Volví a salir y entonces pude fijarme con detalle en el paisaje exterior. El hotel era como una gran cabaña de madera, ubicado en medio de un bosque de altísimos abedules, rodeado de montañas y con un lago cercano. Tengo que reconocer que me emocioné.
—¿Qué vamos a hacer hoy?
—He estado investigando —él se había levantado mucho más pronto que yo—, y resulta que se puede subir a aquella cima con telesilla —dijo mientras señalaba un punto lejano.
—¿Pero no íbamos a pescar truchas?
—¡Bah! ¿A quién le importan unas truchas tontas teniendo enfrente un imán?
—Sabía que me engañarías.
—Tú sabes bien que los hombres de montaña no engañamos a nadie —dijo mientras me guiñaba un ojo.
Subimos al telesilla alrededor de las once de la mañana, cerramos los anclajes y comenzamos a ascender despacio y a baja altura, tan baja que con un leve esfuerzo podíamos rozar el suelo con la punta de las botas. La tierra estaba agreste, rota por las nieves del invierno y por el sol del verano, con escasos matorrales. No tardamos, sin embargo, en elevarnos, y a tanto nivel que parecíamos suspendidos en el aire.
—¡Aaaaaaahhhh! ¡Estamos muy lejos del suelooooo! —grité.
—Tú no mires abajo.
—¿Que no mire abajo? ¡Pero si lo que me da miedo es mirar arriba! —él sonrió—. ¿Y por qué no te aficionarías tú al puenting en vez de a la montaña?
—¿Al puenting? ¿Quieres que baje a los infiernos? ¿Que sea un pájaro con las alas rotas? ¿Un aprendiz de suicida?
—¿No es un suicidio acaso querer alcanzar la cima del Everest?
—No, te aseguro que no es un suicidio. Es una resurrección...
«Me voy a Gredos —me dijo en una ocasión como regalo de cumpleaños—, las montañas de aquí ya se me quedan cortas, necesito llegar más arriba. Sólo será un poco más, 700 u 800 metros por encima de lo habitual, poca cosa». No dije nada. No esperaba una gargantilla de perlas pero tampoco un nuevo proyecto de escalada en solitario. Ya llevábamos un año juntos y había aprendido a aceptarlo como era, íntegro y verdadero, como la propia montaña, pero cada viaje suyo, cada despedida era un mazazo para mí difícil de soportar. Después de Gredos vinieron los Picos de Europa, más tarde el Mulhacén, y al final la que se le quedó pequeña fue España...
—¿Crees que habrá algo en la cima? ¿Te imaginas que después de este interminable viaje en telesilla no viéramos nada?
—¿Te parece poco lo que ya estás viendo?, ¿lo que estás respirando? Huele —dijo mientras cerraba los ojos y aspiraba.
—¿Que huela?
—Sí, anda, huele.
—¿Qué quieres que huela si no hay ni una mísera flor?
—La montaña.
—¿La montaña huele?
—Por supuesto.
—¿Y a qué huele?
—A montaña.
—¡Me tomas el pelo! —le dije mientras le pellizcaba el brazo.
—Te aseguro que es un aroma inigualable, pero hay que saber percibirlo...
Cuando llegamos a la cima sí encontramos algo, algo verdaderamente insólito: un puesto de salchichas, y he de decir que no nos vino nada mal. La emoción del ascenso en telesilla, al menos para mí, el famoso aroma de la montaña y la baja temperatura del lugar, a pesar del sol reinante, nos abrió el apetito a los dos.
El establecimiento era una pequeña cabaña de madera con una terraza cercada por una verja también de madera. Nos sentamos allí, en el exterior, muy pegados el uno al otro, disfrutando a placer del hermoso paisaje.
Las salchichas fueron toda una sorpresa, nada de lo que esperábamos. Eran de tal grosor que lo que en realidad nos sirvieron en los platos fueron tres grandes rodajas de salchicha acompañadas de kartofen salad, y por supuesto, para beber, unas buenas jarras de cerveza austriaca. Todo un manjar de altura...
«He entrado en contacto con un grupo de escaladores», me dijo otro día. Él siempre había realizado su actividad en solitario o acompañado de contados amigos, pero aquello era más serio. «¿Sabes que van a intentar un ochomil? —añadió con los ojos muy abiertos—. Uf, son gente de raza... Están preparadísimos y tienen claro que quieren conseguir su objetivo». La emoción se le escapaba por los poros, hubiese jurado que inundaba la habitación, que destilaba algún aroma, quizás ese que yo era incapaz de percibir: el aroma de la montaña.
En los siguientes días hicimos de todo menos pescar truchas. Practicamos senderismo por distintos bosques preñados de árboles, realizamos algunas rutas en bicicletas prestadas por el hotel (con permiso del San Bernardo), visitamos lagos y glaciares con nieves perpetuas, recorrimos toda la región de Kitzbühel, Aurach, Reith y Jochberg, siempre amparados por las montañas, protegidos por la grandeza de los Alpes, que se erguían regios allá donde levantáramos la vista.
Yo siempre pensé que aquel viaje era en realidad una toma de contacto para él, una forma de tantear el terreno, de familiarizarse con las alturas... Estaba convencida de que pronto regresaría allí con su equipo de escalada dispuesto a dar rienda suelta a su más indómita pasión. Lo que no podía ni imaginarme era que, para entonces, su pensamiento y su ilusión estaban ya muy lejos del Tirol...
«Me voy —me dijo al mes escaso de regresar del viaje—, me voy al Himalaya». Yo no dije nada, no intenté retenerlo, ni siquiera sobornarlo con una razón profunda, con un motivo que había viajado conmigo desde Kitzbühel y que él desconocía, aunque tampoco sé si hubiese sido suficiente para anclar sus pies, siempre tan deseosos de volar, en esta tierra. «La montaña me llama», añadió, y yo lo besé en los labios, le apreté las manos y le dije que siguiera su grito.
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Ya han pasado seis años y no sé en qué cordillera se encuentra, qué cima está a punto de coronar, cuáles son ahora sus siguientes sueños, sus siguientes metas, pero lo sigo respetando como la primera vez, como aquella vez que se fue al Penyagolosa a dejar sus huellas sobre la altura.
Mientras en la cocina preparo la merienda, mi hijo me llama:
—¡Mamá, mamá, ven!
Me acerco a la salita y lo veo pegado a la tele.
—¿Es éste? ¿Es éste papá? —pregunta mientras está atento a la noticia de una expedición argentina que acaba de alcanzar el Everest.
—Hijo, con todo el equipo que lleva puesto no se le ve la cara, no podría asegurarlo.
—También han dicho que ha muerto uno de ellos. ¿El muerto no es, verdad?
—No, no, seguro que el muerto no.
—Porque papá de montaña sabe mucho, ¿a que sí?, tú me dijiste que hasta sabía olerlas y eso no lo hace todo el mundo.
—Por supuesto, papá de montañas sabe un montón.
Vuelvo a la cocina y acabo la merienda. Cuando regreso, el pequeño corazón de pájaro ya no está en la salita. Siguiendo el ritual de cada tarde ha salido a la calle y se ha subido a uno de los frondosos árboles que el ayuntamiento tuvo la amabilidad de colocar en nuestras aceras.
—La merienda —le digo.
—Me la como aquí —contesta.
Elevo mi mano y me pongo de puntillas, y él alcanza el bocadillo desde la penúltima rama.
Y allí, a tres metros del suelo, mientras da bocados al pan, quizá sin él saberlo, comienza a forjarse el espíritu aventurero del hombre que será mañana.
Maribel Romero Soler
Finalista del Concurso de Literatura de Montaña CUENTAMONTES. Quinta edición.