sábado, 29 de junio de 2013

LA PALABRA

... Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan... Me prosterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo tanto las palabras... Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen... Vocablos amados... Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema... Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo junto al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las libero... Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos del naufragio, regalos de la ola... Todo está en la palabra... Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció... Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas... Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada... Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos... Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo... Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas... Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra... Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo... Salimos ganando... Se llevaron el oro y nos dejaron el oro... Se lo llevaron todo y nos dejaron todo... Nos dejaron las palabras.
Pablo Neruda, Confieso que he vivido.

6 comentarios:

Sindel dijo...

Que hermoso texto sobre la palabra, y estoy de acuerdo con vos en que es algo tan importante poder tenerla, usarla, expresarla.
Muy certero todo lo que escribiste y te felicito porque has hecho un excelente uso de ella.
Un abrazo.

Maribel Romero dijo...

Así es, Sindel, a mí también me ha parecido un bello texto, por eso he querido compartirlo.

Un abrazo.

José Antonio López Rastoll dijo...

Y da tanta rabia cuando no encuentras esa palabra para expresar lo que quieres decir...
Y es tan fácil caer en palabras vacías...
Yo creo que hay que dotar a las palabras de nuestra personalidad.

Un abrazo.

Maribel Romero dijo...

Qué razón tienes, Jose. A veces las palabras vacías rellenan y pasa desapercibida su vacuidad, pero lo de encontrar esa palabra justa para expresar lo que quieres decir es cada día más complicado, parece que se esfumen de la mente.

Un abrazo.

Mari Carmen Azkona dijo...

No tengo muy claro eso de que les hicimos un favor, supongo que ellos habrían tenido otro idioma. Pero en lo que sí estoy de acuerdo es que la palabra, los idiomas, son un tesoro que hay que cuidar. Por eso, cada vez la desaparición de un idioma es noticia me pongo triste. Siento que hay un poco menos de luz en el mundo.

Besos y abrazos.

Maribel Romero dijo...

Cierto, Mari Carmen. Un idioma es un tesoro, y por tanto las comunidades que cuentan con dos idiomas oficiales tienen dos tesoros. Lo incomprensible es que haya gente que todavía no lo entienda.
No obstante, sin entrar en estas valoraciones, elegi este texto de Neruda porque me parece bellísimo el homenaje que hace a la palabra, independientemente del idioma en que se pronuncie o se escriba.

Un abrazo.