jueves, 24 de enero de 2013

POR NOSOTRAS

El fuego crepitaba en la chimenea como un crujido de huesos, y las llamas anaranjadas se asomaban nerviosas a través del salvachispas de hierro forjado. No quedaba nadie en la sala, sólo ellas, hipnotizadas por la danza mágica de la leña incandescente. Las manos unidas, los corazones palpitantes y la inquietud rondándoles el pecho como una amenaza.
Las dos primas hermanas se habían criado juntas en casa de la abuela. Se querían. Habían compartido juegos y risas, decepciones y tristezas, esperanzas y anhelos. Ahora, separadas por sus distintas vidas y unidas por un deseo oculto que ninguna había manifestado, trataban de expiar unas culpas que sólo existían en su imaginación.
Amanda soltó suavemente la mano de Eloisa, como si no pudiera sostener más el peso de su desasosiego, y la posó con elegancia sobre el libro que les acababa de regalar tío Alberto, un hombre querido y respetado, todo un personaje avanzado a su tiempo y a su gente. Abrió con firmeza la tapa de cuero repujado y leyó en voz alta la dedicatoria: “Para mis queridas sobrinas, en un día importante para todas las mujeres. 1 de octubre de 1931”.
Era una fecha para recordar. Las Cortes españolas acababan de aprobar el derecho de voto para las mujeres, considerándolas ciudadanas de pleno derecho iguales que los hombres. Un hito histórico que tenían la oportunidad de vivir en primera persona.
—Es un gran paso —manifestó Eloisa con alegría contenida.
—El primer paso de un largo recorrido —apostilló Amanda—. Merece un brindis —añadió mientras abandonaba el sofá para servir un exquisito vino en dos copas de cristal tallado.
—Jamás he bebido —dijo Eloisa con un hilo de voz, casi avergonzada por su confesión—. No es propio de señoritas. ¿Tú sí? —quiso saber.
Amanda sonrió. Sin duda quedaba mucho camino por recorrer.
—Lo probé en la universidad, con unos amigos.
Los padres de Eloisa nunca quisieron que estudiara, y mientras su prima se dedicaba a terminar su carrera de Derecho, ella mostraba sus habilidades ante el piano, la cocina o la caja de costura.
—Me siento tonta a tu lado —sentenció Eloisa con un atisbo de tristeza en la mirada.
—No digas eso. Me gustas como eres.
—¿Qué más cosas has probado en la universidad? —quiso averiguar la muchacha aprovechando la complicidad de la estancia vacía—. ¿Alguna vez te han besado? —preguntó a su prima con palabras entrecortadas, sin levantar la vista de su falda de lana, intentando descubrir sensaciones desconocidas.
Amanda no contestó. Se acercó al sofá con una copa de vino y acarició el cabello cobrizo de su prima. Después su frente, sus mejillas sonrosadas, la nariz y los labios carnosos y bellos.
—Cierra los ojos —le susurró.
Eloisa obedeció de inmediato tratando de adivinar intenciones, y su pecho comenzó a agitarse como movido por el viento. El fino cristal de la copa rozó levemente su boca y los labios se entreabrieron, exigentes y cautivadores. Una pequeña porción de líquido penetró entre ellos y humedeció su lengua ávida de novedades. La joven muchacha saboreó con deleite el placer desconocido hasta estremecerse. Segundos más tarde, exultante y plena, abrió los ojos y miró a su prima con el rostro arrebolado, convencida de que acababa de recibir de ella su primer beso. Amanda, por su parte, profundamente enamorada, soñó con la fantasía de que era cierto que la había besado.
Con este relato participo en el libro A ESTE LADO DEL ESPEJO, un proyecto solidario con el que la Asociación Acercando Realidades trata de ayudar a menores que viven en dos casas de acogida de Sevilla.
Me satisface saber que ya se encuentra agotada la primera edición, y que casi también lo está la segunda. Para cualquier interesado hay más información AQUÍ.

12 comentarios:

Manuel dijo...

el relato se lee como si se estuviese sentado en un rincón de la sala observando la escena. Me ha gustado mucho la forma de trasladar las sensaciones de las dos protagonistas.
¿Tiene continuación?

Un beso

Vanessa Navarro Reverte dijo...

Me encanta tu manera de narrar, siempre adecuada a la historia que estás contando. Precioso, delicado, esperanzador. Un abrazo.

José Antonio López Rastoll dijo...

Precisamente, Maribel, hoy he leído tu cuento. Una historia de amor muy valiente y sutil. Eres una transgresora.

Un abrazo.

Winnie0 dijo...

Excelente MAribel y la iniciativa me lo parece más aún Un beso

Alicia Uriarte dijo...

Maribel, me fascinó la exquisita sensibilidad de este cuento cuando lo leí por primera vez. Eres una maestra en crear instantes y plasmarlos con todos los matices precisos para cautivarnos en la lectura. ENHORABUENA.

Un abrazo.

Maribel Romero dijo...

¡Hola, Manuel! ¿Qué tal te va? Me alegra tu visita.
Me temo que no habrá continuación, tendremos que conformarnos con esta pequeña escena del salón. ¡Gracias!

Un abrazo.

Maribel Romero dijo...

Muchas gracias, Vanessa, eres un soplo de aire fresco.

Un abrazo.

Maribel Romero dijo...

Qué casualidad, Jose. Hay que transgredir, molestar... Tenemos que hacer que la gente salte de la silla.

Un abrazo.

Maribel Romero dijo...

Por supuesto, Winnie, es lo verdaderamente importante de esta aventura: su finalidad.

Un abrazo.

Maribel Romero dijo...

Emocionantes, Alicia, tus palabras. Gracias.

Un abrazo.

Blanca Miosi dijo...

Una narrativa impecable, Maribel:

"—Cierra los ojos —le susurró. Eloisa obedeció de inmediato tratando de adivinar intenciones, y su pecho comenzó a agitarse como movido por el viento. El fino cristal de la copa rozó levemente su boca y los labios se entreabrieron, exigentes y cautivadores. Una pequeña porción de líquido penetró entre ellos y humedeció su lengua ávida de novedades."

¡Me gusta tanto el idioma cuando se sabe utilizar!

Besos!
Blanca

Maribel Romero dijo...

Gracias, Blanca, tú siempre tan detallista y tan amable.

Un beso.