sábado, 20 de octubre de 2012

EL ÚLTIMO ADIÓS

—¿Estás sola?
La voz se escuchaba extraña, hueca, como si estuviera hablándole desde el interior de un pozo.
—Sí, cariño, mis amigas ya se fueron. ¿Cuándo llegas a casa? Estoy algo asustada, sabes que no me gustan las noches de tormenta.
—Escúchame bien, acaban de asesinarme.
Marta no pestañeó, se quedó inmóvil con el teléfono en la mano.
—No me gustan estas bromas, Fidel.
—No es ninguna broma. Unos individuos me asaltaron cuando iba a coger el coche. Me asestaron más de treinta puñaladas, estoy exangüe.
—Por favor, Fidel —rogó ella con la voz entrecortada—, no me asustes, eso es imposible.
—Te juro que es verdad.
—¿Y cómo es que me estás hablando? No sigas con esta broma, te lo suplico.
—He conseguido que las fuerzas del más allá me den la oportunidad de despedirme de ti. Voy a casa.
—¡¡¡No!!!
—Quiero darte el último adiós antes de ingresar en el mundo de los muertos. No me puedes rechazar.
—Te ruego que no vengas —pidió ella lloriqueando—, no vengas, por favor.
—Pero tú me quieres, anoche mismo hicimos el amor. Podrás tenerme en la cama junto a ti una vez más, contar cada una de las heridas que siembran mi piel, pintar con un beso mis labios blancos, dar calor con tu abrazo a mi cuerpo helado...
—¡¡¡No sigas!!! Lo siento, cariño, no te abriré —dijo hipando y con lágrimas en los ojos—. No podría verte así.
—No necesito que me abras, te recuerdo que me acaban de asesinar, no hay barreras que me impidan el paso, no existen fronteras infranqueables para los muertos.
La voz ya no se escuchaba a través del teléfono, sino detrás de ella. Marta se desvaneció. Al mismo tiempo, Fidel se quitaba de la cara la horripilante máscara de cadáver y sonreía divertido.
—¡Feliz Halloween, cariño! —dijo eufórico—. Te he traído unos bombones con formas de murciélagos, brujas y calabazas. ¿Quieres uno?
Pero ella ya no le escuchó. Su acelerado corazón había dejado de latir apenas unos segundos antes.

16 comentarios:

Spaghetti dijo...

Terrorífico Maribel.
No soy muy amigo de Halloween, y el terror siempre me ha dado más risa que miedo...pero reconozco que tu relato e imaginación me han estremecido.
bssoss.

Winnie0 dijo...

Desde luego la pobre se murió de susto!!!!!! Un besote Maribel

Mari Carmen Azkona dijo...

Te aseguro, Maribel, que si me gastan a mí una broma así, le hago la vida imposible durante toda la eternidad. Y pensar que yo siempre creí que lo de que “hay amores que matan” era solo un dicho… Muy bueno, lo que voy a disfrutar leyéndoos este año también.

Es un iniciativa deliciosamente terrorífica :-)

Besos y abrazos.

Neogéminis dijo...

jajajajaja no me esperaba ese final, que va! jejejeje...muy bueno!
=)

Maribel dijo...

Yo tampoco soy muy de Halloween, Spaghetti, por no decir nada.

Terror rima con humor, pero no debe hacer ninguna gracia que te asesinen.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Sin duda, Winnie, la bromita fue pesada.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Espero, Mari Carmen, que no sea solo leyéndonos, sino que también te animes a participar.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Neo, seguramente la protagonista tampoco se lo esperaba, jajaja, así le fue a la pobre.

Un abrazo.

Alicia Uriarte dijo...

A mí nunca me ha gustado dar sustos ni que me los den.
Según como te pille... Ufff.
Maribel, buen relato para calentar el ambiente previo a Halloblogween.
Como los últimos años, intentaré no faltar a la cita de la convocatoria de Teresa Cameselle. Esta vez parace que hemos de sintetizar ese fin apocalíptico.

Un abrazo.

Lola Mariné dijo...

Menuda bromita!
Si me hacen a mí eso también me muero.
Besos

sergio astorga dijo...

Maribel, los sustos están, ya se ha dicho, detrás de la puerta.

Susto abrazo.

Maribel dijo...

A mí tampoco, Alicia. A una amiga estuvo a punto de costarle el infarto una bromita muuuuy pesada.

Este año sintetizaremos para poder leer después muchos relatos participantes.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Y yo, Lola, y yo, jeje.

Un abrazo.

Maribel dijo...

O detrás del teléfono, Sergio.

Abrazo sin susto.

José Antonio López Rastoll dijo...

Me ha recordado un episodio de la serie Historias para no dormir, de Chicho Ibáñez Serrador. Su nombre era "La zarpa" (1967). En él Manuel Galiana, un actor fundamentalmente de teatro, volvía de la tumba por el poder de una pata de mono.
Tu relato me ha dado el mismo miedo, y es una sensación deliciosa.

Un abrazo.

Maribel dijo...

No recuerdo ese episodio, Jose, pero sí la serie, que me encantaba.

Por cierto, lo de la pata de mono tiene guasa, jajaja.

Un abrazo.