miércoles, 4 de abril de 2012

LA CASA ABANDONADA


La casa estaba abandonada. El césped crecido sin control, los cristales sucios y rotos, la puerta oxidada y la decena de gatos que se paseaban por sus dependencias así lo indicaban. Los niños tenían miedo de aquel lugar y contaban historias terribles sobre la familia que un día habitó la mansión. Las mujeres, sin embargo, se inventaron otra leyenda, la de un apuesto millonario que muchos años atrás se había enamorado locamente de una joven del pueblo. Y los hombres, sentados en la plaza, no hablaban de otra cosa que no fuera esa vieja casa, un nido de porquería. Una mañana llegaron las máquinas y procedieron a su derribo. En un día la casa había desaparecido del pueblo. Solo entonces sus habitantes se dieron cuenta de lo vacíos que estaban. Ya no tenían nada que comentar, ni un mínimo aliciente que llenara sus vidas.

Maribel Romero Soler

17 comentarios:

José Antonio López Rastoll dijo...

Yo la compro. Me encanta lo triste, olvidado y solo.

Me recuerdas una casa del mismo estilo que estaba de camino al colegio. Siempre me inventaba historias para mi hijo Alfonso. La llamábamos "la casa de los gatos".
Hace un tiempo la derribaron. Mi hijo se recuperó enseguida, pero yo a veces sueño con ella.

Un abrazo y hasta la vuelta.

Juji dijo...

Seguro, Maribel, que acabarán inventándose otras historias para suplir ese vacio...
Un besazo.

Winnie0 dijo...

Echaba de menos tus mini relatos Maribel Muy bueno . Un beso de semana santa

Maribel dijo...

Creo, Jose, que todos tenemos alguna casa como referente para la fantasía.
También yo, cuando iba al colegio (hace unos cuantos años), pasaba todos los días por delante de una casa que me encantaba. Tenía un coqueto jardín con buganvillas y soñaba con que fuera mi casa.
Hace tiempo que se convirtió en un bloque de pisos pero aún la recuerdo.
Quizá por eso este texto resultó ser uno de los seleccionados, entre miles, en un concuso literario novedoso: de vivencias.
La primera sorprendia fui yo.

Un abrazo y feliz viaje.

Maribel dijo...

Juji, algunas casas tienen alma. Posiblemente los vecinos del pueblo, cuando se recuperen del sobresalto de no verla más físicamente, sigan hablando de ella, y sigan teniendo un motivo para conversar y fantasear.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Ay, Winnie, es verdad, últimamente estoy muy dedicada a promoción.

Un beso de Semana Santa.

Spaghetti dijo...

Vuelve Maribel con su imaginación a dejarnos motivos para comentar y la base de un nuevo libro ...
¿que pasó con los gatos?
jejeje
bssoss.

Maribel dijo...

Spaghetti, los gatos se instalaron rápidamente en la tapia del cementerio, lo cual dio lugar a nuevas e inquietantes historias.
De hecho decía la leyenda que si pasabas por delante del camposanto y uno de los gatos saltaba ante ti te quedaba una semana de vida. Si además el gato era negro no llegabas a la medianoche.

Beso.

Mián Ros dijo...

Me encantan estos cuentos, Maribel. Al final fue el mejor premio el que pudo cobrarse la casa (siendo mártir). Con la simiente de los días, los vecinos la convertirán en leyenda, y jamás se dejará de hablar de aquella casa.
Da gusto leerte.

Abrazos,
Mián Ros

Maribel dijo...

Es la ventaja de ser casa abandonada, Mián. Una buena razón para alimentar la leyenda.

Un abrazo.

Blanca Miosi dijo...

Me gusta esa casa abandonada, llena de gatos, y con las ventanas descolgadas... y me dio pena que la derribaran. Una casa así es necesaria en los pueblos, alimenta la imaginación y la magia.

Tus cuentos son estupendos, Maribel, un gusto leerlos!

Besos,
Blanca

Maribel dijo...

Es verdad, Blanca, muy necesaria, aunque seguro que también da mucho juego como casa fantasma, casa desaparecida.

Besos.

Rafa dijo...

Me ha encantado el microrrelato. Me gustaría vivir en esa casa.

Pasa continuamente con las cosas que tienen historias. Terribles o hermosas, sé que los mercados son los mercados y que las constructoras van a lo suyo. Pero así nos va.
Hace poco tiraron una antigua posada de arrieros en mi calle. El comprador compra y luego lo convierte en un solar, al que ocultan sobre un feo y triste muro de hormigón y un portalón de cochera más gris si cabe.
También soy consciente de que no se puede dejar todo por el mero hecho de ser antiguo. Me ha salido la vena histórica, jajajaja.
Un abrazote

Maribel dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Maribel dijo...

Pues, Rafa, me has recordado otra historia de cuando yo era pequeña. Durante unas excavaciones, para después levantar el edificio de un mercado de abastos, los operarios encontraron un cadáver, más bien huesos diseminados. La obra se paralizó, el recinto se precintó y se abrió una investigación.
Imagínate qué historia para una niña. Yo pasaba todos los días por allí para ir al colegio.
(Los restos óseos resultaron ser de un caballo, o eso dijeron).

Un abrazo.

sergio astorga dijo...

Maribel. “Me gusta mucho como derriba los símbolos que han hecho costra” Este comentario me lo ha dicho el Sr. Rubalcaba cuando lo apañé leyendo “Los meses cuentan” Este relato tiene el mismo sabor de aquellos. Creo que en ellos está tu voz, en ellos te siento plena, creativa; sin complacencias a la tribuna.

Abrazos sin abandono.

Maribel dijo...

Gracias al Sr. Rubalcaba y gracias a ti, Sergio, por leer "Los meses cuentan" y encontrar esa voz que a veces no sabe si seguir gritando.

Un abrazo.