miércoles, 1 de febrero de 2012

MEDIO PAN Y UN LIBRO


Hace´unos días recibí en mi buzón un e-mail con el discurso que Federico García Lorca promulgó en septiembre de 1931 con ocasión de inaugurar la biblioteca de su pueblo.

El correo hablaba de la vigencia del discurso a día de hoy, y es cierto. Ochenta años después y tras muchas hojas rotas de calendario, las palabras de García Lorca cobran fuerza en momentos de crisis como los que vivimos, en los que la cultura pasa automáticamente a un segundo plano con recortes indiscriminados (cierres de bibliotecas, de institutos de cultura, desaparición del propio ministerio como independiente para pasar a formar parte del de Eduación y Deporte), sin hablar de los problemas propios de la educación, al menos en mi comunidad autónoma (impagos reiterados de Consellería, colegios sin calefacción, sin luz ni agua, centros que no tienen dinero ni para folios). Atentar contra estos pilares básicos de una sociedad me parece lo más ruin y lo más bajo que pueden realizar los gobiernos, cuando además tiene por finalidad resolver los entuertos ocasionados por su mala gestión económica. Es aquí donde cobra vigencia el discurso de García Lorca. Seguramente muchos ya lo conocéis, a los que no, os aconsejo que le echéis un vistazo.

Locución de Federico García Lorca al Pueblo de Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931.

“Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

6 comentarios:

sergio astorga dijo...

Maribel, que Federico sabía. ¡Ay cuanto sabía!

Abrazo de libro y de dibujo.
Sergio Astorga

Maribel dijo...

Sí sabía, Sergio. Y nosotros sabemos ahora que hay ciertas situaciones que no cambian con el paso de los años.

Un abrazo.

Alicia Uriarte dijo...

Maribel, actual, muy actual. Podría pasar por haber sido escrito ayer mismo.

Ojalá nadie tenga hambre de pan ni sed de cultura.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Que así sea, Alicia.

Un abrazo.

Spaghetti dijo...

Gracias Maribel por recordar este discurso de Lorca y sus citas a Dostoyevsky y Menendez Pidal, tan actual y tan válido para todos los tiempos.
La cultura se va transformando en ideología, y cada cambio de gobierno lleva nuevas regulaciones y cambios en las leyes, reduciendo los valores y las humanidades en favor de conocimientos técnicos, hasta convertirnos en herramientas del sistema. Ahora más que nunca necesitamos libros, otros libros que alimenten las almas y nos enseñen a ser más humanos.
bssoss.

Maribel dijo...

Hola, Spaghetti. Los cambios de gobierno implican siempre la necesidad de mostrar la supremacía. Empiezan cambiando el nombre de las calles y acaban cambiándote la vida, y casi nunca para mejor.
Que vivan los libros.

Gracias por tu visita.

Un abrazo.