
Harto de su desesperación se decantó por un tiro en la cabeza. Era su decisión final. Había desechado la soga, el puente, el veneno, la afilada cuchilla... Cuando el frío metal rozó su sien la puerta de la casa se abrió: “¡Papá, he sacado un 10 en lenguaje, voy a ser escritor como tú!”. Y le tembló el pulso. Al retrato del abuelo hoy le falta un ojo.
Maribel Romero Soler
27 comentarios:
El ficio de escritor es duro pero tu lo has llevado al mímite.
Me ha gustado el relato, felicidades.
Están malditos en esa familia.
El niño (o la niña) tampoco se libra.
Y al abuelo no lo respeta ni la muerte.
Besos.
Decía Bukowski: “Es el intento de escapar del sufrimiento lo que crea grandes escritores: te sientes tan bien que haces que los lectores se sientan bien”. Con esta frase intentaba desmitificar el hecho de que sufrir mucho crea mejores escritores.
A mí me ocurre que los días que estoy bajo de moral no puedo escribir ni una palabra. Lo mismo me sucede los días que estoy eufórico. Basta una simple caricia para que mi mente calenturienta se llene de ideas.
Al niño del diez le animaría a convertir sus sueños en realidad, porque el verdadero escritor no necesita de demasiados estímulos para seguir.
Un fuerte abrazo.
Este es un cuento que implica un profundo problema existencial. Mientras no aparece la criatura de diez años diciendo que se ha sacado un 10 y quiere ser escritor como el papá, no comprendemos por qué el hombre quería matarse. ¿Sería un escritor atormentado? ¿Acaso un mal escritor? ¿Un fracasado? Si la presencia del hijo o hija evitó el fatal desenlace, ¿fue porque no quería hacerlo delante de él/ella, o porque dijo que había sacado un 10 en lenguaje y quería ser escritor/a? LO que queda clarísimo es que el retrato del abuelo quedó tuerto.
Felicitaciones. Mi comentario fue más largo que tu cuento. ¿Cómo los haces?
Bienvenido, Antonio.
El oficio es duro, qué te voy a contar que tú no sepas, pero vamos a dejar la pistola a un lado para seguir luchando.
Gracias por tu visita.
Jajaja, es verdad, Toro. No se me ocurriría hacerles una visita, jajaja.
Un abrazo.
Jose, al niño no lo sé, pero para el padre seguramente las palabras del hijo fueron la caricia que necesitaba.
Por si acaso, mejor no tener una pistola cerca.
Un abrazo.
Jajaja, Blanca, sí, creo que lo único claro es que al abuelo le falta un ojo.
Un abrazo.
Hola Maribel,
Ocurrente micro, no cabe duda.
Ja, ja, aún estoy imaginando el agujero en la cara del abuelo.
Siempre las palabras precisas, todo lo contrario a mí que amontono texto por aquí y por allá y me sobran a veces hasta palabras al final, como cuando te propones montar algo que te dejas siempre tornillos o piezas sin poner (será que pusieron de más, jaja).
Un abrazo,
Mián Ros
Nada nos hace pensar en que es escritor hasta que lo dice el niño. ¿Se arrepiente y falla o solo falla al temblarle el pulso por ser sorprendido?. Un final bien abierto.
Un beso
Eres terrible. Este relato no anima a seguir escribiendo, pero sí a seguir leyéndote. jeje.
Pocas palabras y cuanto dicen... no es un micro sino un macro :) Me ha encantado.
Un fuerte abrazo.
Mián, a mí también me sobran piezas cuando monto algún mueble, jajaja. Con las palabras quizá me quede corta.
Un abrazo.
Un final para pensar, Manuel. Menos el ojo del abuelo (el que le volaron, digo) lo demás queda a merced del lector.
Un abrazo.
Spaghetti, yo creo que en el fondo hay un ánimo implícito. A este pobre hombre le bastó "sentirse escritor" en boca de su hijo para que le temblara el pulso. Ya ves, pequeñas cosas son las que impulsan a coger la pluma.
Un abrazo.
Juji, últimamente estoy un poco vaga, cada vez escribo menos, o trato de contarlo todo con las menos palabras posibles. ¿Gandulitis?
Un abrazo.
Maribel, la línea es siempre tan delgada en la toma de decisiones que solo un acto externo inesperado puede desenvolver otra fortuna.
Abrazo tuerto.
Sergio Astorga
Es cierto, Sergio, es una frontera quebradiza.
Un abrazo.
jejeje...duro y contundente en el inicio, irónico y con un impensado dejo de humor en el final.
Estupendo micro!
abrazos.
Buenísimo, Maribel. Cuando nos tiembla el pulso, aunque sea un acto de debilidad, no siempre es para mal.
Un abrazo.
Alejandro
Excelente Maribel!
Un abrazo.
Jeje, Neogeminis, hay que ponerle un poco de humor a la tragedia.
Un abrazo.
Hola, Alejandro, me alegra verte por aquí. Gracias por tu comentario.
Un abrazo.
Gracias, josef!!
Un abrazo.
Joder este micro me ha impactado.
Justo a tiempo, el protagonista recibe la visita de su hijo con la buena nueva, más allá del 10, este pulso tembloroso que le salva la vida, a costa del ojo del retrato del abuelo. Menos mal.
Un saludo indio
Hola, indio. Me alegra tu visita.
Gracias por comentar.
Un saludo indio.
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