jueves, 13 de octubre de 2011

DOÑA CONCHA


Tú no sabes lo que es un teatro. Ah, muchacha, eso es el cielo, el cielo lleno de estrellas, conque imagínate, yo que los piso desde los once años me siento un ángel, hasta creo que sería capaz de volar, ¿qué digo?, de hecho ya vuelo, sobre los escenarios, sobre el público; te lo digo en serio, muchacha, te juro que se me elevan los pies. Ábreme ese baúl, haz el favor, y me sacas un juego de sábanas. Ese, saca ese, el de las florecillas azules, que me encanta. Está bordado a mano, y por las monjas, no te lo pierdas, una verdadera filigrana, y el encaje es de bolillos, ¿eh?, confeccionado en Almagro especialmente para mí. Si es que me quiere toda España. ¿Tú de dónde eres? ¿Andaluza? Qué gracia tenéis los andaluces, caray, ya me gustaría a mí tener vuestro salero. Te lo digo en serio, muchacha, yo soy más seca que un corcho; un suro, como dirían los de mi tierra, y tengo una mala leche que ni te cuento. No, no te rías. Soy artista, pero con mala leche, aunque ¿sabes lo que me dijo una vez el maestro Penella que en gloria esté? Que tengo porte de reina, y quizá sea eso, porque todavía no he visto a ninguna reina contar chistes. Cuando termines de limpiar el aparador me preparas la cama, ¿de acuerdo?, que me voy a acostar un rato... Ojos veeerdes, verdes cooomo la albahaaaca...
¿Cómo me notas la voz? Me ha dicho el médico que necesito reposo y que debería estar varios días sin hablar. Ja, yo sin hablar, ¿te imaginas?, a mí que no me callan ni debajo del agua... Desde los once años está boca mía no se ha cerrado; sí, hija, sí, ya lo creo, desde que debuté en el Teatro Segueros de mi Valencia querida, todavía me acuerdo como si fuera ayer. Cobraba un duro por actuación y el teatro se llenaba. ¿Y ese baúl? Ah, ese es el de mis trajes. Después me los sacas y los cuelgas en perchas, para que no se arruguen, que son mis herramientas de trabajo. Esas y mi voz, claro... Eres mi via y mi muerteeee, te lo juro compañero, no debía de quererte, no debía de quererte, y sin embargo te quieeeroooo... ooooo... lalalalala...
Pues yo no me la noto tan mal, ¿tú qué dices?, yo creo que todavía afino como un ruiseñor. Después me preparas una infusión de orégano y arreglado, es lo mejor para la garganta, y no todos esos potingues que me quieren recetar los médicos... Do re mi, do re mi... Pues no me queda a mí guerra que dar.
Yo estudié canto ¿sabes?, con el maestro Laguna. Mi familia siempre fue humilde pero supieron ver un talento en mí y gastaron lo que no tenían para que aprendiera. A los ocho años ya cantaba como una diosa. Era una pequeñaja pero con una voz muy grande. Y gracias a Dios la conservo. Pero lo más grande que me pudo pasar en la vida, mucho más grande que mi voz, fue ir a Nueva York. Y te hablo del año 1922, muchacha, ahí es nada, seguro que no había nacido ni tu madre. Me contrató don Manuel Penella Moreno, valenciano como yo, uno de los más importantes compositores que ha dado este país, y me hice famosa cantando El florero en un entreacto de la ópera El gato Montés. Tenía a los americanos rendidos a mis pies. ¡The flower’s boy, The flower’s boy!, coreaban desde sus butacas para pedirme la canción. Todo un éxito. Fíjate cómo sería la cosa que me quedé cinco años en los Estados Unidos, cantando El florero en Broadway, aunque después también introduje en mi repertorio algunos temas en inglés. Sí, hija, yo siempre he sido muy espabilada, y te aseguro que al año de llegar a Nueva York ya hablaba el idioma como un papagayo. Todavía recuerdo con gran cariño el Winter Garden, donde permanecí ni más ni menos que un año entero con mi espectáculo. Ay, muchacha, tú no sabes lo que es un teatro. Un teatro es la gloria.
Y te hablo de mucho antes de la guerra, cuando las mujeres no servíamos para nada, solo para tener hijos y atender a los maridos. ¿Sabes? En ese aspecto me considero una revolucionaria, un símbolo. Cada vez que he actuado fuera de mi país he sentido que llevaba a Valencia conmigo, y no solo a Valencia, también a España, y a todas las mujeres españolas. Encima del escenario estaba la artista pero al mismo tiempo estaba la mujer. Una mujer que era capaz de erizar la piel de todo un público entregado, capaz de aportar su arte y de transmitir, al mismo tiempo, la cultura de su tierra. Y te digo yo a ti que antes, en aquellos tiempos, las artistas teníamos fama de pelanduscas, y más que arte parecía que repartíamos jarana, pero jamás me importó, yo siempre he sabido quien soy. ¡Cuidado con ese traje! Sácalo con mucho esmero, que lleva el mantón de seda cogido con un broche, no me lo vayas a estropear.
Pero después volví a España, en el 1927, y debuté en el Teatro Romea de Madrid, y con mi propia compañía ¿eh?, como una gran empresaria. Aún recuerdo el éxito de mi espectáculo, al estilo de los de Broadway, imagínate, algo que por aquí no se conocía. Qué tiempos, hija, qué tiempos. ¡Ah! Y también fue en ese año cuando interpreté mi primera película, El negro que tenía el alma blanca, de la mano de Benito Perojo. Ese es otro mundo, muchacha, el del cine, tan apasionante como el teatro; aunque si te digo la verdad prefiero el segundo. Me gusta el público, me gusta el calor de la gente y me gustan los aplausos... Él vino en un barcooooo, de nombre extranjerooooo... Cuando hayas vaciado los baúles los limpias por dentro y les pones bolitas de alcanfor, que aún les quedan muchos viajes por hacer.
Y después vino la guerra. No quiero ni acordarme de aquellos años. Dolor, hambre, miseria. Poco espacio para la cultura y el arte, solo para el rencor, la venganza y las armas. Pero todo acabó y yo seguí en pie. Cambié mi espectáculo. Dejé el music-hall y comencé a interpretar copla, creando un estilo propio, una verdadera escuela. ¿Y sabes quiénes fueron los culpables? El poeta Rafael de León, Quintero y Quiroga. A ellos les debo todo el éxito de esta segunda etapa de mi carrera. Acércame esa cajita, muchacha, la que hay encima de la mesa.
Mira estas fotos. ¿A que estoy guapa? Una morenaza que quitaba el sentido, te lo digo yo. Mírame aquí con mi cigarrito y los hombros desnudos. ¿Qué te parece? Yo siempre he sido una moderna, con la cabeza en su sitio, pero adelantada a mi tiempo. Y creo que con mi actitud también les he hecho un favor a las mujeres de mi generación. Hay que ser valiente en esta vida, caray. Pero algo tengo muy claro, el día que se me quiebre la voz lo mando todo al cuerno, yo no voy a ser de las que se muera sobre las tablas, yo me moriré en mi cama y arropada por toda mi familia, pero hasta que eso llegue, muchacha, a cantar se ha dicho.
¿Ya has acabado? Está bien, darling, no necesito nada más, puedes irte, que yo voy a acostarme un ratito, pero anda, déjame la taza de orégano en la cocina tapada con un platito, y antes de salir me guardas las fotos y me bajas la persiana, que no soporto la luz del mediodía. Ya sabes, manías de artista.

Maribel Romero Soler.

El Certamen de Narrativa Breve MUJERES EN EL ARTE, convocado por el ayuntamiento de Valencia, Concejalía de Bienestar Social e Integración, Sección de la Mujer, ha celebrado su décima edición. El objetivo principal de este concurso es dar a conocer las distintas manifestaciones artísticas de las mujeres y su presencia en ellas, así como la aportación que han hecho y hacen al arte a pesar de, en ocasiones, estar ocultas detrás de hombres famosos y haber sido poco valoradas.

Con los quince mejores relatos presentados al certamen (tres de ellos premiados económicamente), el ayuntamiento de Valencia ha editado la siguiente públicación, en la se incluye DOÑA CONCHA.


Felicito desde aquí a los ganadores y al resto de los seleccionados.

8 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Alucino contigo.
De verdad.
Escribes mejor que muchos escritores consagradísimos.
Pero muchísimo mejor.
Gracias por compartirlo.
Es un lujo leerte.
Felicidades por esa publicación.

Besos.

Maribel dijo...

¡Toro, qué te ha dado!, jeje.
Gracias por esa opinión tan especial.

Un abrazo.

B. Miosi dijo...

Hola Maribel,

Excelente monólogo, nunca te había leído en este registro, el cuento es impecable, me pareció estar viendo a doña Concha hablando, tarareando y dirigiéndose a la chica andaluza.

Felicitaciones, Maribel, ¡me ha gustado muchísimo!

Besos,
Blanca

Maribel dijo...

Ya ves, Blanca, salió este soliloquio casi sin pensarlo. Me alegro de que te haya gustado.

Un beso.

Alicia Uriarte dijo...

Calidad en cantidad. No puedo decir más. Bueno si, que no sabía yo lo de la infusión de oregano. Yo solo lo usaba como condimento en recetas de carnes o pasta.

Enhorabuena. Tú si que tienes arte.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Alicia, lo del orégano lo sé por mi madre, que aunque no es cantante, sí ha padecido durante un tiempo de afonías. Y nunca le ha faltado su infusión de orégano.

Un beso.

José Antonio López Rastoll dijo...

Pues tomo nota, Maribel, de lo de la infusión de orégano para los problemas de garganta.
Has despertado mi interés por esa gran cantante, y me encanta el estilo del cuento (me recuerda a Marina Mayoral).

Un abrazo.

Maribel dijo...

Pues ya sabes, Jose, ¿el orégano? Mano de santo, te lo digo yo (parezco doña Concha, jeje).

Un abrazo.