domingo, 4 de septiembre de 2011

¿QUÉ OCURRE CON LA COMIDA?


¿Quién no ha tirado a la basura alguna vez un yogur caducado, medio bote de mermelada, un tetra brik de zumo con buena parte de su contenido porque lleva más de tres días abierto en la nevera, una caja de galletas olvidada en el armario que se ha pasado de fecha, otra que empezamos para tomar un café con los amigos y de la que solo consumimos media (el resto, al final, no se lo come nadie), una pieza de fruta que acabó podrida en el frigorífico, unos tomates por ídem de lo mismo?

He aquí unos datos que ponen los pelos de punta:
- Con lo que desecha un supermercado en un día se podría alimentar a cien personas.
- Un estudio ha desvelado que van al cubo de la basura 484 millones de yogures sin abrir.
- En Reino Unido, los establecimientos de venta de comida tiran a la basura 1,6 millones de toneladas anuales.

Ayer conocía esta información a través de la revista QUÉ LEER y gracias a un estudio efectuado por Tristram Stuart, recogido en el libro “Despilfarro”, editado por Alianza Editorial.

Estos datos escalofriantes son a nivel industrial, pero si pensamos en la suma de todos los hogares seguro que también acumulamos toneladas de comida desechada, comida que paradójicamente no se come nadie, y que acaba quemada en un vertedero. ¿Por qué? ¿Compramos sin control? ¿Nos dejamos llevar por la sociedad de consumo? ¿Compramos un producto alimenticio con la misma intención que si compráramos un frasco de colonia? ¿Por probar si nos gusta? ¿Tenemos respeto por la comida?

No dejo de darle vueltas al tema y, sin hacer demagogia, no puedo dejar de relacionarlo con la hambruna que está padeciendo el Cuerno de África. Me da la impresión de que estamos todos un poco locos, y mientras no seamos capaces de controlar nuestro propio consumo difícilmente podremos resolver problemas de mayor magnitud. Nos sentimos solidarios porque entregamos dos kilos de arroz o un paquete de azúcar en cualquier campaña de recogida de alimentos, y con esto parece que tenemos carta blanca para tirar a la basura otros muchos productos que compramos para nosotros mismos pero que, inútilmente, hemos comprado de más.

Siento que cada comida que se tira equivale a una persona que no come, y al mismo tiempo a dinero perdido, y ambas cosas son muy lamentables.

Hay una anécdota que cuenta Stuart muy significativa. En un momento dado los ingleses se aficionaron a la horticultura (igual que ha ocurrido en otros países europeos), y esto dio lugar a que muchos jardines particulares aparecieran llenos de manzanas tiradas sobre la hierba, sencillamente porque solo eran cultivadas por moda, sin ninguna necesidad.
El propio Stuart puso un aviso anunciando que necesitaba manzanas, y no tardó nada en recibir trescientos kilos, procedentes de gente que estaba encantada de deshacerse de ellas. Con una prensa manual en desuso se plantó en el parque público e hizo zumo gratis para todo el que quisiera. Con el sobrante, lo dejó fermentar y preparó una suculenta sidra natural para la fiesta mayor.

Pensemos un poquito.

22 comentarios:

Manuel dijo...

Que razón tienes, en algunas ciudades, organizaciones más o menos voluntarias se encargan de recoger ese tipo de productos de los supermercados pero podría hacerse de una forma mas regulada y canalizarlo hacia las zonas necesitadas, llamale África, llamale bolsas de pobreza más cercanas. ¿cómo se podría hacer?, lo desconozco, quizás entre tanto ministerio y direcciones generales no estaría de mas algún negociado para estas cuestiones porque lo difícil realmente no es la recogida sino la distribución posterior.
Abrazosssss

Maribel dijo...

Manuel, desgraciadamente creo que las instituciones se ocupan de otras cosas, lo que menos hacen es resolver problemas. El tal Stuart dice que quemar en un vertedero toda esa comida desechada conlleva unas fuertes tasas, y que no costaría mucho más (quizá ahí podría intervenir el Estado con subvenciones) invertir ese dinero en una red de reenvío de productos. Lo que no fuera apto para el consumo se podría derivar hacia la alimentación de ganado o las plantas de compostaje para devolver los nutrientes al suelo. O sea, las propias industrias alimenticias, en vez de gastar dinero en quemar, podrían gastarlo en favorecer sectores necesitados. Creo que además sería un puntazo. ¿Se animará alguna? ¿Se lo proponemos a Mercadona?

Un abrazo.

Alejandro Laurenza dijo...

Cierto, Maribel, para pensar.

En Argentina se da además el fenómeno de la pobreza extrema y del hambre, siendo que el país produce mucho más alimento de lo que todos juntos podemos consumir, dedicándose gran parte a la exportación. ¿Por qué no se exige entonces que para poder exportar, todos los ciudadanos deban tener antes la barriga llena? También para pensar..

Un abrazo.

Maribel dijo...

Hola, Alejandro. Te diré que aquí en España, si no hay familias que ya están pasando hambre, no tardarán mucho. En cuanto empiecen a agotarse las prestaciones y subsidios por desempleo de la gran cantidad de parados que tenemos no quiero ni pensar.
Supongo que la exportación de esa gran cantidad de productos alimenticios no llena las barrigas de la gente hambrienta en tu país, pero seguro que llena los bolsillos de mucha otra gente que no tiene ni idea de lo que es el hambre. Lamentablemente manda el dinero.
Un abrazo.

Winnie0 dijo...

Querida Maribel....aquí estoy...¿sabes? todos los días a las 9 en punto de la noche un señor recorre nuestros cubos de las basuras......No te digo más. Un beso

Lola Mariné dijo...

El desequilibrio es brutal, pero cuando de niña me decían que no comerme todo lo que tenía en el plato era un pecado porque los negritos se morian de hambre (¡que poco han cambiado las cosas!) yo no lo entendía, y sigo sin entenderlo.
El problema es la mala distribución de la riqueza y eso no es algo que podamos solucionar los ciudadanos de a pie, aunque de algun modo aqui no se despilfarra tanto: todas las noches hay personas dispuestas a recoger lo que tiran los supermercados y los restaurantes, otras hurgan constantemente en los contenedores de basura.
En Somalia lo tienen más dificil.
No sé cual sea la solución, pero da que pensar y crea mala conciencia.

Maribel dijo...

No, no hace falta decir más, Winnie. Es el triste panorama actual.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Ese es el tema, Lola, que crea mala conciencia. ¿Qué podemos hacer? Yo no dejo de darle vueltas a la cabeza. ¿Y si inventaran productos solidarios? Una serie de productos con un distintivo de SOLIDARIOS, que costaran, por ejemplo, un euro más. Quien quiera y pueda comprarlos sabría que ese euro de más iría destinado a repartir comida gratis a todo aquél que acredite necesitarla. Ya no hablo de Somalia, sino de soluciones más cercanas, de evitar que la gente hurgue en la basura.
Vencer la hambruna supongo que es mucho más complejo pero, joder, yo me hago cruces. La tierra produce lo que no se puede uno comer, un par de gallinas dan huevos para una familia y a veces tienes que regalar a los vecinos porque no sabes qué hacer con ellos. ¿Tan difícil es convertir aquella tierra en productiva? ¿Tener animales?...

Un abrazo.

TORO SALVAJE dijo...

Con el hambre que hay hoy en día y que desperdiciemos así...
Es terrible.

Besos.

Alicia Uriarte dijo...

Maribel, desgraciadamente creo que la solución de la hambruna existente no pasa por tus manos ni por las mías. Hay muchos intereses, que pienso que se escaparían al entendimiento de nuestras mentes, alrededor de todo el lío que hay montado en ciertas zonas del mundo. Estoy segura que tod@s los que pasamos por tu blog hemos tenido pequeños gestos-Banco de Alimentos, Cruz Roja, Medicus Mundi, ONG-s...- ante situaciones que nos hemos ido encontrando. Sin embargo la solución final pasa por grandes medidas a nivel mundial. De mientras, tampoco podemos estar sintiéndonos culpables a cada momento. Se trata de intentar tener un consumo responsable en nuestro entorno y ayudar en lo que podamos a los demás. A veces no hay que ir demasiado lejos para hacerlo. Rara es la familia que se esté librando de la que está cayendo.

Un abrazo.

Mari Carmen Azkona dijo...

Maribel, mientras el mundo gire en el sentido que los intereses económicos dictamine, no habrá solución. Suelo ser positiva, pero en este caso he perdido la esperanza...Y no sabes cómo lo lamento.

Besos y un fuerte abrazo.

Maribel dijo...

Cierto Toro, hay un desequilibrio importante.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Está claro, Alicia, ojalá pudiéramos hacer algo más, o algo verdaderamente serio, para resolver el problema de la hambruna. En cuanto al consumo responsable, totalmente de acuerdo, nos hace falta cultura de consumo responsable, un poco de educación en este sentido. La cuestión es que no podemos evitar contagiarnos de los problemas de tanta gente que lo pasa mal, y el despilfarro crea mala conciencia.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Es que es para perderla, Mari Carmen, ¿cuántos años el tercer mundo es tercer mundo? Los negritos del África, los negritos pasan hambre... Por Dios, si es una canción que tiene medio siglo. ¿En todo este tiempo no ha habido solución? Ya lo creo que es lamentable.

Un abrazo.

Galeote dijo...

Que puedo decirte Maribel, pues que es de verguenza y no solo eso, además también de todos esos alimentos que se desechan en los supermercados y grandes superficies, lo que tiramos a capricho en nuestros hogares.
Sabes cual es la forma de entenderlo solo un poquito, tener que pasar hambre aunque solo fuese un mes.
Pienso que no será tarea fácil la distribución de los alimentos, por los intereses comerciales lo digo, pero algo más si se podría hacer si se quiere, aunque como siempre los que tenemos un trozo de pan a nuestro alcance, nunca nos acordaremos de aquellos que no lo tienen.
Un buen artículo y como bien has dicho, es la cantinela vergonzosa y vergonzante de siempre.

Saludos y un abrazo. Juan.

Maribel dijo...

Hola, Juan, ¿qué tal?
Pues es una determinación drástica pero podría ser muy efectivo (me refiero a lo de pasar un poquito de hambre para darnos cuenta del problema).
No hay que irse muy lejos, quizás un par de generaciones anteriores, para encontrarnos a gente de nuestra propia familia que en algún momento pasó hambre.
La suerte de cada uno puede dar la vuelta en cualquier momento, y lamentablemente vivimos con la falsa seguridad de que en nuestro mundo las cosas funcionan (no hay más que ver la situación económica actual).

Un abrazo.

B. Miosi dijo...

La verdad que indigna que se arroje tanta comida a la basura porque está vencida. Creo que debería existir alguna forma para aprovechar esos insumos antes de que se venzan, y que otros puedan saciar sus necesidades con ellos.

Este mundo esta lleno de contradicciones.

Un abrazo, Maribel,
Blanca

Maribel dijo...

Alguna hasta sin estar vencida, Blanca, solo por imagen (un envoltorio un poco roto, una etiqueta arrugada, unas manzanas que no están lo suficientemente rojas...).
Realmente lamentable.

Un abrazo.

Ricardo Miñana dijo...

Por su caducidad, es complicado distribuir los alimentos y hacerlos llegar a las zonas mas necesitadas, mas cuando estan mas lejos como por ejemplo Africa, otra cosa sería enviarlos a su destino a medida que se acerca la fecha de caducidad.
feliz fin de semana.

Maribel dijo...

Hola, Ricardo.
Seguro que habría soluciones. Los establecimientos manejan estadísticas y saben bien lo que desechan. Quizá, en estos casos, sería cuestión de no enviar la comida tan lejos, seguro que en el mismo barrio del establecimiento que tira comida, si la distribuyeran debidamente, solucionarían, hoy por hoy, el problema de muchas familias.
Gracias por tu visita y feliz fin de semana.

Nicolás dijo...

Tienes razón, es un gran problema. Cuando se les informa a los supermercados que una mercancía va a cambiar de logotipo, estos simplemente lo queman, ya que les sale más conveniente que donarlo. Por eso un grupo de chilenos a ideado una innovadora y loable idea, recibir aquellos alimentos y darlos a gente que lo necesita. Te dejo la página web por si te interesa. http://bancoalimentoschile.org/

Saludos cordiales, me gusta saber que hay gente como tú, interesada por el acontecer actual.

Maribel dijo...

Gracias por tu aportación, Nicolás. Pasaré a ver la web.

Un saludo.