sábado, 29 de enero de 2011

LA ESCLAVITUD HOY



Uno de los últimos libros que he leído, LA PIEL DE LA MEMORIA, de Jordi Sierra i Fabra, me ha hecho reflexionar sobre esta cuestión en pleno siglo XXI.
La obra está firmada por su autor en la primavera de 2001 pero es muy posible que a día de hoy, diez años después, todavía existan casos de esclavitud como los que son narrados en este terrible testimonio.
En LA PIEL DE LA MEMORIA, Kalil Mtube, un niño de 12 años, es vendido por su padre en una aldea de Malí por el módico precio de 15 dólares, bajo la creencia, o la ignorancia, de que el muchacho va a ser acogido por una familia rica que le dará estudios y trabajo, y que algún día volverá a su hogar con un montón de dinero en el bolsillo. El comprador, un intermediario en este tipo de transacciones, lo revende por 35 dólares al dueño de una explotación de cacao, en Costa de Marfil, y allí comienza la esclavitud (debo aclarar que la vida del niño desde que es comprado hasta llegar a su destino tampoco es un camino de rosas, sino de maltrato, vejaciones y dolor).
Cuando Kalil llega a la plantación descubre a muchos muchachos como él, desnutridos, harapientos, con las miradas vacías y los corazones más vacíos aún. Deben trabajar de sol a sol, nunca cobran por sus servicios, para ellos no existen sábados ni domingos, solo reciben dos comidas al día (arroz y ñame) y beben agua de una charca, con el consiguiente riesgo de enfermar (alguno de ellos llega a morir), jamás van a volver a ver a su familia, no tienen diversiones, ni amigos, no saben leer ni escribir... Si desobedecen o muestran rebeldía son golpeados con látigos, a veces hasta la muerte, si tratan de huir son perseguidos, capturados y enterrados hasta el cuello durante dos días la primera vez, y durante tres la segunda y última, porque de esa vez no salen vivos. Si a pesar de las dificultades consiguen escapar, la vida fuera del campo no es más fácil. Están muy lejos de sus hogares, no saben regresar, no tienen dinero, no tienen comida, no tienen agua, no tienen papeles, son mucho menos que nada, y no pueden dirigirse a las autoridades denunciando su situación porque lo primero que recibirán es un bofetón y la aseveración de que “en este país no existe la esclavitud, eres un sinvergüenza”.
No quiero adentrarme en detalles muy crueles, en situaciones que me parecen imposibles de soportar para un ser humano, en el colmo del dolor y la humillación, pero sí quiero preguntarme si todavía hoy existe la esclavitud en el mundo, y estoy convencida de que sí, ya sea en África ya sea en otros puntos geográficos, ya sea en industrias o en minas, en los campos o en las calles. Me vienen a la cabeza en estos momentos todas esas etiquetas de “made in Vietman”, “made in Indonesia”, “made in Tailandia” y otros muchos “mades” que esconden las ropas de marca en su interior, principalmente las deportivas, y por las que los chavales de occidente serían capaces de matar. ¿En qué condiciones trabajarán las personas que fabrican estas prendas? A veces tenemos una visión distorsionada de la realidad y solo porque las condiciones de estos trabajadores sean mejores que las del resto de la gente de su entorno, consideramos que no hay explotación.
Después de leer este libro y de reflexionar sobre la esclavitud, sobre las personas y los sentimientos, la riqueza y la pobreza, la sabiduría o la ignorancia, a mí me da la impresión de que este mundo está patas arriba, de que gira al revés o se dedica constantemente a escribir renglones torcidos, y nosotros, desde nuestros acomodados sillones, únicamente doblamos la cabeza para poderlos leer bien.

28 comentarios:

Manuel dijo...

Nos presentas la esclavitud clasica, sin diferencia con "La Cabaña de Tio Tom", pero ese tipo perece como si nos quedara lejos. Ahora tenemos otras esclavitudes mas sibilinas, explotación de personas a la vuelta de nuestra esquina que se muestran con descaro, como si estuviesen a salvo de la justicia. La historia se repite aunque los protagonistas cambien.

TORO SALVAJE dijo...

Yo ya no sé que decir.

Me voy roto.

Besos.

Alejandro Laurenza dijo...

Maribel,

Sin ir más lejos, aquí en Buenos Aires se descubireron más de una vez talleres clandestinos de costura: en general dedicados a grandes marcas de ropa, donde ciudadanos bolivianos son explotados sin consideración (y sin documentos, claro). Muchas veces quien regentea esos talleres son sus mismos compatriotas, en complicidad con personas (¿personas?) argentinas, por supuesto.

En los últimos tiempos, están saliendo a la luz casos de explotación de trabajadores del campo (creo que todos argentinos, en este caso), que los tienen hacinados, les pagan cuando quieren, y encima les venden alimentos a precios exorbitantes. Lo que hace que al final del trabajo, el empleado casi que le debe plata al empleador. Como siempre, el empleador suele ser una gran empresa multinacional, que viene a reemplazar a la antigua figura del terrateniente.

Y eso sin hablar de la explotación sexual, donde en general chiquitas son vendidas o secuestradas, para trabajar en prostíbulos, aquí y en el exterior.

Penosa realidad la que tenemos.

Un abrazo,
Alejandro.

Natalia dijo...

Es muy triste mirar hacia atrás en el pasado y ver que las personas no hemos aprendido nada y que, año tras año, siglo tras siglo, las cosas siguien igual y sin perspectivas de cambiar. Al final, parece que el mundo se base en los intereses de unos pocos.

Muy buena entrada, Maribel. Es importante pararse a reflexionar esta realidad que, aunque para muchos queda muy lejana, sigue sucediendo en muchos lugares hoy en día.

Un saludo, y espero que todo vaya bien.

Natalia

Por cierto y aprovechando el mensaje, preciosa reseña la que te hace José Antonio López en su blog. Cómo se nota que el libro gusta :)

José Antonio López Rastoll dijo...

Recuerdo haber tenido ese libro en mis manos, pero no me decidí a leerlo.
No hace falta irse muy lejos para hallar esclavos (de hecho, muchos hombres y mujeres se desenchufan los fines de semana para chutarse con una de las drogas más duras que conozco: el fútbol).
Sin embargo, lo peor es la esclavitud de mente, la estrechez de miras, la falta de tolerancia.
Y que conste que todos somos un poco estrechos.

Un abrazo.

PD. Gracias por tu piropo, Natalia. Es un placer difundir la buena literatura.

Maribel dijo...

Esa esclavitud clásica que refieres, Manuel, ha estado vigente en África hasta hace muy poco, tanto en los campos de cacao como en las minas de diamantes, y no estoy muy segura de que ya no exista, pero es cierto que las formas de esclavitud cambian con los tiempos. Lamentablemente no desaparecen.
Un saludo.

Maribel dijo...

Pues con eso, Toro, ya lo has dicho todo.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Alejandro, muy interesante tu aportación porque es una forma de denuncia.
Y sí, son muchas las personas a las que hay que poner entre interrogaciones.
Un abrazo.

Maribel dijo...

¡Hola, Natalia! Me alegra saber de ti. Tienes razón, lo más despreciable de la condición humana no ha cambiado con los tiempos. Tendremos muchos adelantos tecnológicos y científicos, pero la falta de escrúpulos sigue siendo primigenia. Habrá un esclavo mientras exista un tirano.

Ah, y gracias por leer la reseña de Cahrli.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Jose, yo lo saqué de la biblioteca, me gusta coger de vez en cuando literatura juvenil, y en estos momentos, además, me interesa especialmente.
Yo creo que los del fútbol, o cualquier otra adicción, son esclavos porque quieren. En otros casos, desgraciadamente, no les dejan alternativa, son sometidos contra su voluntad. Esa es la diferencia.
Y por supuesto yo también abandero la libertad de mente.

Un abrazo.

Winnie0 dijo...

Algo de miedo me inspira leer una libro así, con niño de por medio privado del don de la libertad.....Un beso Maribel

Alicia Uriarte dijo...

Duele ¡Cómo duele!
A mi me pasa como a ti Maribel. Me parece inconcebible la existencia de tanto demente en pleno siglo XXI. Si triste es que haya tiranos, a mi me parece aun más triste que los mandatarios sean consentidores por omisión del cumplimiento de su deber de perseguir algo que se sabe de su exitencia.

Una vez leí que alguién había dicho que al tomarnos una taza de café o cacao estabamos bebiendo la sangre de criaturas exclavizadas. En fin.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Pues es literatura juvenil, Winnie. Está claro que a los chavales no hay que ponerles una venda en los ojos, pero no sé hasta qué punto están preparados emocionalmente para descubrir tanta barbarie. Da miedo, sí, sobre todo porque los perjudicados siempre son los niños.
Un abrazo.

Mari Carmen Azkona dijo...

“ este mundo se dedica constantemente a escribir renglones torcidos, y nosotros, desde nuestros acomodados sillones, únicamente doblamos la cabeza para poderlos leer bien.”

Maribel, concentras toda la dura y dolorosa verdad en esta frase. La literatura, además de ser lúdica, tiene esta función: la de quitar vendas en los ojos, la de que nos duela el cuello de ver tantos renglones torcidos.

Tú sabes de eso, jamás olvidaré tu “Mientras” en ese maravilloso proyecto que fue “Atmósferas 100 relatos para el mundo”. Me impactó entonces, lo sigue haciendo ahora...Los años pasan, nada cambia.

Gracias por compartir tu sensibilidad.

Besos y abrazos.

Maribel dijo...

Esos son los que más delito tienen, Alicia, los mandatarios que hacen la vista gorda, que niegan la evidencia, o que sencillamente pasan del tema. Terrible.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Mari Carmen, eso es lo más doloroso, que los años pasan y nada cambia, que este discurso podía estar vigente hace diez años, veinte... y que quizá lo siga estando dentro de diez más. Pero que no nos callen.

Un abrazo.

sqa dijo...

¿Has visto "Biutiful"? Creo que si supiéramos la realidad que nos rodea nos llevaríamos las manos a la cabeza. Aunque hay que luchar por que se sepa...
Un abrazo, maribel.

sergio astorga dijo...

Maribel,la condición humana es horrenda y sublime. Inevitable vivir las dos. Por desgracia la horrenda lleva ventaja.

Un abrazo sin desánimo.
Sergio Astorga

Maribel dijo...

No la he visto, Carlos, últimamente estoy un poco alejada del cine, pero procuro no estarlo de la realidad que nos rodea (aunque seguro que me pierdo muchas cosas).

Un abrazo.

Maribel dijo...

Pues qué pena que la horrenda lleve ventaja, Sergio, con lo bien que andaríamos con la sublime.

Un abrazo sin horror.

Romek Dubczek dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con Manuel.
Un abrazo

Maribel dijo...

Hola, Romek. Manuel dice algo muy cierto: "la historia se repite aunque los protagonistas cambien".
Gracias por tu visita y comentario.
Un saludo.

Lola Mariné dijo...

No tengo yo el cuerpo ahora para leer este libro, pero siempre es bueno que se nos incite a reflexionar. A veces, de tan habituados que estamos a ver y oir barbaridades, parece que todo nos resbala.
Besos

B. Miosi dijo...

Tienes toda la razón, Maribel. Todos vemos nuestro propio mundo y sentimos nuestras desgracias como las únicas que duelen.
Con esta reseña has sabido llegar a la conciencia de cada uno, al menos a la mía. Últimamente he sentido que lo peor que existe es la impotencia, y la mayoría de nosotros estamos bajo su yugo.
Besos,
Blanca

Felisa Moreno dijo...

Nunca está de más poner las cosas sobre la mesa, sacar a relucir lo que nos gustaría no saber, ojos que no ve corazón que no siente, ¿no dice eso el refrán? Tenemos que abrir los ojos y sentir, es la única forma de que las cosas puedan cambiar.
Un abrazo.

Maribel dijo...

Es verdad, Lola, la costumbre es lo peor, porque nos hace perder la verdadera dimensión de la barbarie.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Impotencia total, Blanca. Vemos lo que ocurre en el mundo pero no sabemos qué hacer, o qué podemos hacer, o si lo que hacemos sirve para algo.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Felisa, ese refrán nos lo aplicamos con frecuencia apelando a la sensibilidad, con ello parece que estamos disculpados. ¿No te ha ocurrido en alguna ocasión, ante imágenes desagradables que pasan por televisión y que afectan a niños, el decir "yo no puedo verlo"? Tenemos que empezar a ver.
Un abrazo.