sábado, 8 de enero de 2011

CIRUGÍA PELIGROSA


Habían borrado por completo de mi cerebro mi fecha de nacimiento. Con ella desapareció para siempre la contraseña de mi correo electrónico, el pin del móvil y el número secreto de mi tarjeta de crédito. Nunca más pude abrir el e-mail, tuve que tirar el teléfono, y me bloquearon la Visa en cuanto me acerqué al primer cajero. Yo no quería envejecer, pero jamás pensé que mi última operación de estética me traería tantos problemas.

Maribel Romero Soler.

18 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Números hasta en la sopa, barreras, cortafuegos, contraseñas, bytes y más bytes....


Habrá que huir al final.

Winnie0 dijo...

Como la vida misma.....bss Maribel y feliz año

No Comments dijo...

A mí me pasa sin cirugía estética y caminando por una edad media de la vida. ¡Qué porvenir! Todo son números, contraseñas... uff

Un saludo indio

Manuel dijo...

que facil seria si solo fuera necesario olvidad la fecha de nacimiento :-)

Lola Mariné dijo...

Yo, sin cirugía estética tampoco me acuerdo de mi fecha de nacimiento :/ ¿o será que no quiero acordarme?
Todo lo demás vale la pena apuntarselo en algun sitio, que yo solo me sé el numero del DNI.
besos

José Antonio López Rastoll dijo...

Vivimos rodeados de números que carecen de la importancia que le damos. Uno de ellos es la edad.
Hubo una iniciativa en un cementerio en el que la edad de una persona se calculaba en momentos de felicidad.
Claro, todos morían jóvenes.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Amigos, he de reconocer que me agobia bastante el hecho de que asuntos importantes queden sometidos al poder de una contraseña. Sería desastroso que no pudiera volver a colgar una entrada en este blog, que no pudiera comunicarme con amigos apreciados a los que solo conozco a través de este medio y con los que no contacto de otro modo, y no sé cuántas cosas más que dependen de números secretos.
Lo más sensato, como apunta Lola, sería anotar las contraseñas en algún sitio, cosa que yo no hago.
Y lo más lúcido, como apunta José Antonio, es que el número menos trascendente y sin embargo al que damos gran importancia es la edad.
Años y números. La eterna juventud y las contraseñas que gobiernan nuestras vidas. He aquí el dilema.
Gracias a todos por los comentarios.
Abrazos.

Alicia Uriarte dijo...

Maribel, yo quisiera olvidar los números de mis tallas para no ser consciente de lo que han aumentado estos días ja,ja,ja.

Con respecto a lo que dices de apuntar las contraseñas en algún lugar, yo al entrar en este mundo de internet ya lo hice, aconsejada por uno de mis hijos. Tengo en un documento Word un montón de números y letras que he ido amontonando durante dos años debido tanto al recorrido a través del mundo literario como por cuestiones de trabajo. A este respecto os diré que el ser miembro de un equipo directivo implica otro pilón de contraseñas y nombres de usuarios. El Departamento de Educación del Gobierno Vasco tramita todo a través de “aplicaciones” y para entrar en ellas son imprescindibles. Además las nuestras nos las cambian cada poco tiempo por cuestión de seguridad así que no merece la pena aprenderlas. Mi colección de cifras y letras además de tenerlas en el ordenador que uso en casa y en del trabajo, también las tengo en un disco duro externo que tenemos a modo de almacén de seguridad.

Buena pauta para la reflexión Maribel ¿Será un indicador a tener en cuenta en algún estudio el número de contraseñas que posee un individuo?

Un abrazo.

acróbata dijo...

Si uno nunca llega a madurar lo suficiente como para aceptarse, que como bien sabes no significa gustarse, entonces no hay cirugia posible que arregle semejante desaguisado.

Saludos en clave numérica para ti.

Maribel dijo...

Alicia, no había pensado en lo de las tallas, ¡yo también quiero que sean borradas de mi cerebro!, jeje...
No me hables de "aplicaciones" que en la universidad iba siempre con una plantilla llena de contraseñas para acceder a cada aplicación. Si tenía que expedir un título un programa, si tenía que convalidar créditos otro, y la clave también era distinta si se trataba de la Escuela Politécnica o de una Facultad, y distinta de nuevo si la Facultad era de Experimentales o de Ciencias Sociales y Jurídicas.
En fin, un montón de contraseñas imposibles de memorizar porque además ¡mira que eran retorcidas! No tenían ninguna conexión, ninguna pista que te ayudara a guardarlas en la cabeza.
Uf, demasiados números en todo, menos en la cuenta corriente.
Un abrazo.

Maribel dijo...

Muy cierto, acróbata, ésa es la clave: aceptarse, aunque creo que de inmaduros está el mundo lleno.
Gracias por venir.
Un saludo.

sergio astorga dijo...

Maribel, la aplicación cuatro corresponde a Ocurrió Febrero, la A1 a los comentarios sarcásticos, la B2 a los comentarios ocurrentes, pero he perdido mi contraseña de los comentarios inteligentes, claro, tenía anotadas las preguntas básicas para poder acceder a esa aplicación, mi confusión es: tengo 32 preguntas básicas y ninguna de ellas me permite entrar. Así que absolverás que el comentario no sea digno de guardar en un disco ni duro ni blando.

Por fortuna todavía tengo chapa en la entrada de mi casa y las llaves… Creo que las dejé en el coche que tiene un sistema de seguridad digital y... ¿Cuál es el código?

Abrazo aplicación 2ª45-5
Sergio Astorga

Maribel dijo...

Sergio, al menos no olvidaste la clave para dejar un comentario en este blog, jeje.

Abrazo cifrado.

Sergio G.Ros dijo...

Ja,ja... a mí me asusta pensar que olvidaría todas esas cosas, a veces me pasa que se me olvida algo y entonces creo que el mundo cae sobre mí...ja,ja... genial, como siempre... Feliz año, Maribel!

sqa dijo...

Ojalá nunca nos pase, olvidarnos de nuestra fecha de nacimiento ni de nuestro universo de claves...
Un abrazo, maribel.

Mari Carmen Azkona dijo...

Maribel, qué buen micro, es genial.

No tiene nada que ver, pero al leerlo me he acordado de una compañera de trabajo que nunca cumplía años. No recuerdo cuántas veces celebramos sus 49 años, hasta que alguien le dijo que así no se jubilaría nunca. Al año siguiente celebramos sus 54 años.

Besos y abrazos.

Maribel dijo...

Feliz año, Sergio. Bueno, mientras se te olvide comprar tabaco no es grave, jeje, y menos ahora. Al final vamos a tener que tatuarnos las contraseñas para tenerlas siempre cerca.


No creas, Carlos, algunos (o algunas) pagarían para borrar su fecha de nacimiento. Ya ves, con lo hermoso que es vivir.

Abrazos.

Maribel dijo...

En realidad sí tiene que ver, Mari Carmen. Yo tengo una anécdota parecida: la abuela de mi marido tenía una hermana cuatro años mayor que ella, hasta que un día decidió no cumplir más años, e incluso quitarse alguno. Llegó el momento en que la abuela fue incluso mayor que su hermana y lo decía con toda su gracia: ¡coña, pero si ahora es más joven que yo!
Vivamos, Mari Carmen, con toda la intensidad.
Un abrazo.