lunes, 21 de junio de 2010

LA VIDA ES CRUEL


Harto de la vida decidió quemar su dinero —el del monopoly—, prendió fuego a la casa —la de sus suegros— y tiró el coche por un barranco —el de su jefe—. Después quiso suicidarse. Lo intentó con la pistola de juguete de su hijo pero fracasó. Al comprobar que seguía vivo trató de cortarse las venas con un lápiz pero fue inútil. Se dedicó entonces a fabricar una larga soga con papel higiénico, pero se rompió antes de ser enganchada al árbol más alto del jardín. Avergonzado de sus actos no tuvo más remedio que huir. Vendió la casa y el coche —los suyos— y se largó del país con todo el dinero —el de verdad—. Dicen que mientras subía al avión, acompañado de una linda mulata, repetía con tristeza: “qué vida más cruel”.

Maribel Romero Soler.

viernes, 18 de junio de 2010

ADIÓS, SARAMAGO


"Al día siguiente no murió nadie. El hecho, por absolutamente contrario a las normas de la vida, causó en los espíritus una perturbación enorme, efecto a todas luces justificado, basta recordar que no existe noticia en los cuarenta volúmenes de la historia universal, ni siquiera un caso para muestra, de que alguna vez haya ocurrido un fenómeno semejante, que pasara un día completo, con todas sus pródigas veinticuatro horas, contadas entre diurnas y nocturnas, matutinas y vespertinas, sin que se produjera un fallecimiento por enfermedad, una caída mortal, un suicidio conducido hasta el final, nada de nada, como la palabra nada".

Así comienza Las intermitencias de la muerte, una obra maestra del gran maestro José Saramago, Premio Nobel de Literatura en 1998.
Hoy sí se ha producido, al menos, una muerte, la suya, y yo lo he sentido tanto como si hubiera muerto alguien de mi familia.

Descanse en Paz.

miércoles, 9 de junio de 2010

LAS COSAS CAMBIAN


Quiero hablar contigo. Mira, nos hacemos mayores y las cosas cambian. Es natural, no soy el único al que le pasa. Tú te ríes por las calles alegremente, tarareas canciones, incluso a veces das pasos de baile. A mí esas cosas ya me dan vergüenza. Tú sueñas con dar la vuelta al mundo, con salir a pasear el fin de semana, con subir los escalones de dos en dos y decir “puedo”. Yo solo deseo tirarme en el sillón de casa cuando llego cansado. Tú todavía insistes en que pongamos un negocio juntos, una fábrica de sueños o una tienda de ilusiones, y yo tengo miedo de invertir mis ahorros. Ya no soy el mismo de hace unos años y debes admitirlo. Pero no me mires con esa cara abuelo, solo quiero que no me des el beso de siempre en la puerta del colegio, que me lo des más tarde, cuando no me vean mis amigos. ¡Qué ya he cumplido ocho años!

Maribel Romero Soler.
Primer accésit Concurso "ENVEJECER VALE".

Hace unos días recibí una llamada telefónica del Presidente del Congreso de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, entidad convocante del certamen, en la que me comunicaba que había resultado ganadora del primer accésit del concurso "ENVEJECER VALE", cuyo objetivo es reflexionar acerca del envejecimiento y de los aspectos relacionados con la dignidad de esa etapa de la vida.
Este premio me llevará a disfrutar de una estancia de dos noches en régimen de alojamiento y desayuno en la casa rural que yo elija (que las hay chulísimas, por cierto), de la provincia que igualmente elija en la Comunidad de Castilla y León. Y en ello estoy, decidiendo destino (que seguramente será Salamanca), casa y fechas.
Gracias por el premio.

sábado, 5 de junio de 2010

EL ARTE DE LLORAR A CORO. UNA NOVELA SINGULAR


El último post de Lola Mariné hablando de libros, y el micro que colgué en la entrada anterior y lo que significa, me animan a hablaros de una novela inusual, EL ARTE DE LLORAR A CORO, del danés Erling Jepsen, de la que se hizo una adaptación cinematográfica que fue la candidata por Dinamarca al Óscar de habla no inglesa en el año 2007, y que además obtuvo el Premio de la Juventud del Festival de Cine de San Sebastián en 2006.
Lo primero que sorprende de esta novela es la voz narrativa, que corresponde a un niño de once años demasiado ingenuo para mi gusto, aunque hay que aclarar que la historia está ambientada en la época de finales de los setenta y seguramente todos éramos entonces mucho más pardillos.
Allan, que así se llama el joven protagonista, nos presenta, a través de escenas cotidianas, a su familia, una familia aparentemente normal, diría más, una familia políticamente correcta, o todavía más, una familia ejemplar, que sin embargo dentro de las paredes de su casa vive un auténtico infierno. El padre se presenta como un hombre débil, pusilánime, que se deja vejar por su vecino a la más mínima nimiedad, incapaz de defenderse, un hombre beato, aficionado a recitar discursos fúnebres en todos los entierros que se producen en el pueblo, conozca al finado o no. En resumen, un buen hombre. Allan lo adora, o eso da a entender al principio, porque más tarde el lector se da cuenta de que entre el amor y el temor hay una línea apenas imperceptible. Allan no adora a su padre, le tiene miedo.
La novela comienza algo plana. Es fácil que entren ganas de dejarse el libro tras el primer capítulo, pero cuando el lector intuye, adivina o de una vez descubre un incesto dentro de ese hogar sagrado es cuando no quiere dejar la lectura. No encontraremos ningún dato escabroso, ningún detalle sórdido, ninguna escena de sexo explícito, lo bueno de esta obra es que el mensaje hay que leerlo entre líneas; son los ojos de Allan los que nos harán ver, como meros espectadores, lo que ni él ni su familia son capaces de observar dentro de su casa. O sencillamente no quieren apreciar.
Detalles del tipo “papá está muy nervioso, voy a llamar a Sanne para que duerma con él porque así se relaja”, nos dan las pistas. Es en ese momento cuando la niña de catorce años baja de su cuarto y se acuesta en el sofá con su padre, echan una manta por encima y de ese modo todo queda tapado, una sola manta es capaz de cerrar los ojos al mundo. La madre duerme plácidamente en su habitación, el niño vuelve a su cuarto para descansar y el horror permanece en el salón apoderándose de una niña de catorce años a la que nadie va a ayudar nunca.
Y lo más sorprendente de esta narración es que el niño asume como normal lo que ha visto en su casa desde que nació. No cuenta los hechos como una confesión dolorosa, los cuenta como simples vivencias. Para él su familia es perfecta, lo raro es lo que hacen los demás. En una ocasión es invitado a comer a casa de un compañero de colegio y el niño se sorprende de que los miembros de la familia de su amigo “hablen en la mesa, conversen, ¡qué poca educación!”. También se sorprende de que la madre de su compañero se siente a comer con ellos, cuando la suya nunca lo hace, siempre está pendiente de lo que pueda faltar en la mesa y con un trapo en la mano por si cae algo.
Con esa apariencia de perfección van sobrellevando su vida, pero es en el momento en que Sanne comienza a sufrir las secuelas del abuso de su padre, cuando la familia hace piña para llevarla a un psiquiatra, pues la niña está loca. La atiborran a pastillas cada vez que sufre temblores, cada vez que dice chaladuras, cosas que se inventa, porque lógicamente lo que cuenta la muchacha no puede ser verdad a los ojos del mundo, aunque todos saben que lo es.
Llegan incluso a internarla en un sanatorio mental, y es entonces cuando la novela alcanza un buen nivel de interés al descubrir que el pequeño Allan trata de rescatar a su hermana de ese centro de locos, y lo consigue viviendo una auténtica aventura.
Sanne, para castigar a su padre, llega incluso al asesinato, pero una familia ejemplar como la de ellos tiene que tapar, no solo el incesto, sino también los delitos de los que la joven trata de autoinculparse. Todo queda justificado con su locura. Es mejor ser una familia perfecta con una hija loca, que una familia de degenerados con una hija víctima.
A todo esto hay un hermano mayor que vive independizado en otra población y que al principio parece que va a ayudar a su hermana, pero la sensación final es la de “que cada palo aguante su vela”. Allan es el único que ve en Sanne a una chica que sufre, pero al mismo tiempo necesita el equilibrio que supone su padre en la familia. Así lo piensa él, así ha sido educado, así lo cree porque no ha conocido otra cosa. Su padre es el pilar de la estabilidad de todos y si para ello hay que sacrificar a Sanne tampoco es tanta la pérdida.
Sinceramente creo que el tema es para debate. La novela no es una obra magistral de la literatura pero aborda un drama familiar de manera más que original. Te lleva a pensar qué se cocerá realmente dentro de muchos hogares que consideramos normales, incluso te invita a reflexionar sobre tu propio hogar, sobre si estás transmitiendo a tus hijos los valores más adecuados o la forma de vida más justa, porque al fin y al cabo somos los responsables de llenar de contenido a esos envases vacíos que son los niños.
Ya sabéis: EL ARTE DE LLORAR A CORO de Erling Jepsen.
Editorial LENGUA DE TRAPO
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jueves, 3 de junio de 2010

JUEGOS DE NIÑOS


La cena se enfriaba en la mesa pero no importaba, era de plastilina. Jugábamos a papás y mamás. Mi hermano gritaba como un loco y daba patadas en las puertas, y yo, con las manos cubriéndome el rostro, hacía como que lloraba. Me aburría.
—¿Por qué no jugamos a médicos y enfermeras? —propuse entonces.
Me miró con ojos de fuego. “Puta”, masculló. Después se fue a la cocina y cogió un cuchillo.

Maribel Romero Soler.