miércoles, 27 de enero de 2010

EL HOMBRE SIN NOMBRE


El hombre sin nombre había perdido su empleo de toda la vida. Al principio no le preocupó. Aunque ya pasaba de los cuarenta, tenía formación y experiencia, las mejores tarjetas de visita. Se personó en el ayuntamiento y se ofreció para dar clases a los más desfavorecidos: inmigrantes, gentes sin recursos, mayores con alto índice de analfabetismo... Él era profesor y quería ayudar. “Imposible”, le dijeron, “no hay presupuesto municipal para una actuación así, no es mala idea pero con la crisis no nos lo podemos permitir”. El hombre sin nombre abandonó la casa consistorial con la esperanza de que cambiaran de opinión. Y cambiaron. Tres meses más tarde, en diversos centros sociales del municipio, se impartían las clases que él había diseñado y en base al proyecto que noventa días antes había presentado en la Concejalía de Educación. Nunca supo quiénes fueron los profesores contratados.
El hombre sin nombre tenía temple y paciencia y no se desesperó. Se dedicó a escribir. Siempre le había gustado pero nunca había tenido tiempo; ahora disponía de todos los minutos de todos los relojes. En dos meses acabó una novela de cuatrocientas páginas y quedó muy satisfecho, tanto que la envió a una editorial. Por un momento se llegó a ver famoso. La obra pasó el visto bueno de tres lectores profesionales, que quedaron gratamente sorprendidos por el material literario que tenían entre las manos, y pusieron la novela sobre la mesa del editor. “¿Quién ha escrito esto?”, preguntó el empresario de la industria del libro. “Un hombre sin nombre”, contestó uno de los lectores con un hilo de voz. “A la basura”, sentenció el señor editor al mismo tiempo que lo hacía, es decir, que tiraba la novela a la basura. “¿Para esto os pago? ¿Desde cuándo triunfa un hombre sin nombre?”. Los lectores abandonaron el despacho con la cabeza bajo el brazo, y con mucho cuidado de no perder el nombre.
El hombre sin nombre ya llevaba cinco meses sin trabajar y sin aportar nada a la economía familiar. No tardó en ser abandonado por su esposa, que comenzó a hablar mal de él a sus propios hijos. “Es un vago”, les decía. Se vio en la calle y sin un solo céntimo en el bolsillo. Y se vio además en la obligación de pedir dinero prestado a un amigo. El hombre sin nombre no tardó en quedarse sin amigos.
Intentó trabajar de camarero pero no sabía llevar una bandeja, probó de albañil, pero no sabía poner un ladrillo, pidió trabajo en un taller mecánico pero no sabía lo que era una bujía. El hombre sin nombre tenía una alta formación académica. Por último trató de ser repartidor de publicidad por los buzones, eso parecía fácil, sin embargo no se fiaron de él, se presentaba como una persona demasiado culta, podía ser un inspector de hacienda disfrazado o, aún peor, un inspector de trabajo.
Malvivió unas semanas y comprendió que le quedarían muchas más por malvivir.
Cierta mañana se acercó al puerto. Llevaba dos días sin comer. Hombres rudos cargaban y descargaban grandes pesos mientras sostenían colillas entre los labios y maldecían al mismísimo diablo. Habló con el encargado. El hombre sin nombre tenía formación, experiencia, temple y paciencia, también tenía talento, pero nunca tuvo fuerza. Y se rieron de él. Y las risas sonaron y resonaron dentro de sus oídos como amenazas aterradoras.
El hombre sin nombre perdió el temple y la paciencia, aunque siguió conservando lo que menos necesitaba: la formación, la experiencia y el talento.
Estaba a punto de abandonar el puerto cuando se detuvo un instante a observar el agua, sucia y maloliente, salpicada de manchas de aceite y peces muertos. Antes de saltar pensó si su decisión podría lastimar a alguien, el hombre sin nombre era una persona muy preocupada por los demás. Y descubrió que no.
Un día después, la mayoría de la gente que compró el periódico no se entretuvo en leer la noticia: “El cadáver de un hombre sin nombre ha sido hallado en las aguas del puerto. Todo apunta a que se trata de un suicidio...”. Y los pocos que la leyeron coincidieron en su comentario: “el mundo está lleno de pringaos, a la vida hay que echarle un par de huevos”.
...
Maribel Romero Soler.

lunes, 25 de enero de 2010

UN NUEVO LIBRO

Hace unos días recibí RELATOS EN EL CANAL V, el libro que recoge los trabajos ganadores y finalistas del VI Certamen de Narrativa Breve de la Asociación Canal Literatura, así como del Premio Especial que esta entidad convoca cada año y que en la pasada edición tuvo como lema el "Amor en el tiempo". En esta última categoría un relato mío quedó finalista, ¿RECUERDAS?, un texto breve que ya publiqué en el blog y que se puede leer aquí. Una vez más comparto libro con amigas blogueras a las que aprecio mucho. A algunas ni siquiera las conozco, pero conozco su buen hacer con las letras y con ello sus nombres ya son importantes para mí. Son dos años consecutivos los que quedo finalista en Canal Literatura, en 2008 con el certamen de narrativa breve, y en 2009 con el Premio Especial "Amor en el tiempo". Éste es el libro con el que cierro el año que acaba de dejarnos que, todo hay que decirlo, ha sido muy fructífero en cuanto a antologías.

Y comenzamos el 2010 con otra, por tanto el título de esta entrada debería ser DOS NUEVOS LIBROS, aunque el segundo aún no exista físicamente. Hoy se ha fallado el certamen de relato correspondiente al mes de diciembre de Ediciones Fergutson. Estaba como finalista con mi relato Pelo rojo y como finalista me he quedado. La editorial publicará en breve una antología que llevará el título del relato ganador y que incluirá los veinte trabajos seleccionados, y en la que vuelvo a coincidir con amigas entrañables a las que desde aquí felicito.

jueves, 21 de enero de 2010

PEQUEÑA CRÓNICA DE UNA PRESENTACIÓN





Pequeña y muy pequeña, que no quiero agobiar con el tema. Para empezar os diré que de las siete autoras participantes en EL PINTALABIOS, dos no pudieron asistir por motivos médicos. Por tanto, allí estábamos Rafaela Lillo, Manuela Maciá, Paqui Pérez Gallego, Teresa Rubira Lorén y yo. Quedamos a las seis y media de la tarde en una cafetería para intentar esbozar un poco cómo íbamos a llevar a cabo la presentación y, sinceramente, optamos por improvisar. ¿Qué nos íbamos a aprender de memoria? No tenía sentido. Sí que nos planteamos cuatro o cinco cuestiones interesantes para tratar y en base a ellas darnos libertad para dirigirnos al público. Comenzamos, eso sí, y a modo de aperitivo, con la lectura del florilegio, una frase cada una para romper el silencio y ofrecer una novedad al público. Después las buenas noches, los agradecimientos, un recuerdo para Haití y la presentación propiamente dicha. Tengo que destacar que contábamos con un material extraordinario encima de la mesa, al que recurrimos más de una vez para aportar datos diversos sobre el libro, y es la reseña, crítica, o yo diría análisis profundo, que nuestra amiga Alicia Uriarte de La Nieve nos dedicó días atrás, y que nos vino de perlas. Los que nos vieron y oyeron dicen que estuvimos naturales, que fue un acto muy sencillo, que se hizo muy ameno y que era como tener enfrente a una reunión de amigas. No sé si fue realmente así o es que la gente es muy amable. Nosotras quedamos satisfechas, principalmente porque para nuestras humildes pretensiones fue todo un éxito que se resume en una grandísima asistencia de público (la librería estaba absolutamente llena), y en que se acabaron los libros. Sí, sí, como lo leéis. Cuando ya andábamos por los vinos, la agregada de cultura de la librería tomó el micrófono para avisar de que se habían agotado los libros, pero que los interesados dejaran su nombre y teléfono y en dos o tres días los recibirían. Cierto es que firmamos bastante.
Y como me estoy extendiendo más de lo que quería, termino ya dando desde aquí las gracias a la Librería 80 Mundos por cedernos un tiempo y un espacio, y a todos, todos los asistentes por acompañarnos en una noche tan especial para nosotras.
Así fue y así lo he contado. Y ahora me voy a la tele, que hoy tenemos entrevista.

lunes, 18 de enero de 2010

PRESENTACIÓN DE "EL PINTALABIOS" EN LIBRERÍA 80 MUNDOS


El próximo miércoles, 20 de enero, a las 20 horas, tendrá lugar en la librería 80 Mundos de Alicante, la presentación de EL PINTALABIOS, libro de relatos en el que hemos participado siete escritoras alicantinas. Procuraremos estar todas y esperamos poder pasar un buen rato.

Si a algún alicantino o de cercanías le apetece ir, le quedaremos muy agradecidas.
Tras el acto se ofrecerá a los asistentes un vino de honor.
Os esperamos.
Librería 80 MUNDOS
Avenida del General Marvá, 14
Alicante




jueves, 14 de enero de 2010

Y POR FIN SE PRODUJO EL ENCUENTRO



Aquí me tenéis junto a la escritora Arlette Geneve, por muchos de vosotros conocida; autora, entre otras obras, de Las Espinas del Amor o La Promesa del Highlander.
Arlette cuenta además con la satisfacción de haber sido seleccionada entre los diez finalistas del prestigioso Premio Planeta de Novela hace dos años, todo un lujo al alcance de muy pocos y que dice mucho de la calidad de su literatura. Además de todo esto, Arlette vive en la misma ciudad que yo y, curiosidades de la vida, no nos conocíamos ni nos habíamos tropezado nunca por la calle, a pesar de cultivar la misma pasión por las letras y de tener vidas bastante paralelas.
Nos comunicábamos hasta ahora a través de los respectivos blogs y, la verdad, no era de recibo que viviendo en la misma ciudad —y a pesar de que cada una tenga sus ocupaciones o su agenda a tope— no dispusiéramos de un ratito para conocernos personalmente y hablar de literatura. Hoy se ha producido el encuentro y me siento feliz y orgullosa por haberme sentado frente a Arlette y haber compartido tantas cosas. El tiempo se nos ha pasado volando. Habíamos quedado para tomar café y casi se nos hace la hora de comer. Creo que el camarero estaba a punto de echarnos. Os podéis imaginar que los libros, nuestro trabajo literario y todo lo relativo a la escritura han sido los temas estrella de este fructífero y amigable encuentro. Y, cómo no, aquí tenemos a Arlette con EL PINTALABIOS en sus manos (cualquier ocasión es buena), un obsequio que le hago con todo cariño.
Ha sido un placer, amiga.

domingo, 10 de enero de 2010

SE EQUIVOCÓ, COMO LA PALOMA DE ALBERTI

En el intento de alcanzar el cielo nos golpeamos repetidamente la cabeza contra el techo. Golpes y más golpes que nos aturden hasta perder la consciencia y no vislumbrar la salida. La salida es fácil, no hay puertas ni ventanas, sólo espacio abierto que no vemos. El miedo atenaza los sentidos y el único objetivo es huir, huir desesperadamente aunque nos cueste la vida.
Algo así debió ocurrirle a la tórtola. Entró al porche de la casa seguramente por error y una vez allí no supo salir. Hubiese sido libre dirigiéndose hacia cualquier lado, a la derecha, a la izquierda, por detrás. Sin embargo volaba hacia arriba, único espacio prohibido, buscando el cielo. El techo, moteado de rojo como un campo de amapolas, es testigo. Cualquier cosa la asustó, quizá las garras del gato, la luz de las farolas, un entorno desconocido. Aturdida por los golpes perdió el equilibrio de vuelo, perdió las fuerzas y la pudimos coger. Estaba herida, una profunda herida en la cabeza que limpié primero con agua oxigenada y después cubrí de yodo. Más tarde la pusimos en la jaula grande, la del loro que se suicidó, la jaula-hospital con la que hemos recuperado a tantas aves. Le pusimos agua y migas de pan. Se tranquilizó, el corazón dejó de botarle en el pecho como un muelle enloquecido. Durmió tranquila y caliente dentro del hogar.
A la mañana siguiente, una vez más, vivimos la ceremonia de conceder la libertad, como emperadores romanos. La tórtola estaba perfecta, la herida cerrada, se la veía fuerte y con ganas de volar. La tomamos entre las manos, unas manos capaces de estrangularla o de permitirle la vida. Cuánto poder. Y por supuesto la misión era la segunda. Los dedos se separaron y el ave voló, voló con energía, con absoluta libertad, y el espectáculo era realmente maravilloso, digno de un aplauso. Hubo un aplauso.

jueves, 7 de enero de 2010

PLANES

—Ay, chica, acaba de empezar el año y te juro por el Corte Inglés que no sé qué dejarme. Fumar sabes que no fumo y comer me gusta demasiado.
—¿Y por qué no te dejas a tu marido?
—No creas que no se me ha pasado por la cabeza pero hija, a nuestra edad ¿tú sabes lo que viste llevar un hombre al lado?
—Pues déjate la peluquería, el gimnasio, los masajes, el chófer, la señora de la limpieza, el pilates, la risoterapia, el inglés, los viajes, las clases de baile, la manicura...
—Ay, Piluca, no sigas por Dios. Hay ciertas cosas a las que una mujer nunca debe renunciar.
...
Pues sí, compañeros, a mí me pasa algo parecido a la amiga de Piluca, y no es que no sepa qué dejarme, es que no sé qué hacer. Comienzo el 2010 sin ningún proyecto concreto y con las ilusiones templadas. Por mi cabeza rondan interesantes ideas para llevar al papel, pero después de haber acabado una novela hace escasos meses no me siento con fuerzas para iniciar otra. Necesito un descanso. Claro que estamos en enero y tenemos todo el año por delante, aún puede ser que me anime en mayo o quizás en septiembre. Se trataría en este caso de una novela juvenil.
Escribir seguiré escribiendo, pero lo que mayormente intentaré es dar salida a algunas de mis obras, creo que ha llegado el momento de “pelear” por el trabajo hecho. No me puedo quejar, ya en 2009 he podido ver el fruto de algunas de mis siembras pero me quedan muchas puertas que tocar.
A nivel concursos seguiré en la misma línea, participando poco y principalmente en los certámenes que admiten el envío por e-mail; recurriré a la oficina de correos en muy contadas ocasiones y cuando el concurso me parezca verdaderamente interesante. A este respecto sí hay una novedad, sí hay algo que voy a dejar, y es el concurso de abogados.es. A lo largo de la primera edición y de lo que llevamos de segunda, he resultado seleccionada nueve veces y no he ganado ninguna (aún me queda la opción de diciembre). Ha sido un reto interesante mes a mes, un sano ejercicio literario que cierro con el 2009. Me siento satisfecha de lo poco o lo mucho conseguido hasta ahora y creo que es buen momento para intentar otros retos.
Seguiré con mi labor de jurado del Certamen Internacional de Relato Breve LA LECTORA IMPACIENTE.
Veré publicada este año mi primera novela infantil. Ya lo anuncié el año pasado y el tiempo pasa rápido (aunque no sé exactamente cuándo saldrá al mercado, quizás después del verano). Hace unos días recibí el contrato de la editorial y de momento poco más os puedo contar sobre este asunto.
Y en lo que sí me quiero centrar este año es en la creación de un libro de relatos de mi sola autoría. No es el que aparece en la foto y que ha puesto los pelos de punta a ese lector escondido detrás, pero podría tratarse de algo parecido. Es un proyecto que tengo en mente desde hace un tiempo, una idea original y novedosa que de momento me reservo. Algunos de los relatos que lo compondrán ya están escritos, otros tienen que nacer. Me lo voy a tomar con calma y mucha paciencia. Sé que se publican pocos libros de relatos, pero hay editoriales que especialmente se dedican a este género. No cuesta nada hacerles la propuesta.
Y bueno, nada más por el momento. Creo que los planes irán saliendo día a día, las metas se irán trazando conforme consiga alcanzar algunas, y servirán para que las ilusiones sigan vivas. Este año es el año de la calma. No hay prisa. No tengo ninguna prisa. ¿Habéis planeado vuestro año?

martes, 5 de enero de 2010

PRIMERA ENTRADA DEL AÑO

2010. Año Hernandiano. Qué mejor que dedicar esta primera entrada, en un día como hoy, a Miguel Hernández, o dicho con más propiedad, qué mejor que él nos la dedique a nosotros, para que no dejemos de mirar de frente al mundo y sus problemas.

LAS DESIERTAS ABARCAS
-
Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.
-
Y encontraba los días
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.
-
Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.
-
Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.
-
Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.
-
Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.
-
Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.
-
Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.
-
Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.
-
Por el cinco de enero
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.
-
Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.
-
Felices Reyes. Espero que mañana vuestras abarcas aparezcan llenas.