lunes, 13 de septiembre de 2010

EN LA ESQUINA


Llego a la esquina de siempre y dejo la bolsa en el suelo.
Él aparece primero. Impecable. Enfundado en un traje oscuro. Sonriente. Miro entonces mis ropas y suspiro, después me conformo. No hace falta traje para vender pañuelos.
Minutos más tarde llega ella, etérea, como si volara. Es tan hermosa.
Cuando están frente a frente se abrazan, y sus labios se unen, se sueltan, se unen, se sueltan...
Me aproximo a la chica hasta quedar muy cerca, por si se le cae algún beso, y entonces me mira.
—¿Pañuelos? —digo.
—No, gracias, tengo —contesta con amabilidad, a pesar de ser la misma pregunta de todos los días.
Siguen unidos varios minutos. Después se separan. Y se dicen adiós con la mirada. Y se susurran “te quiero”. Y se tocan los dedos como última despedida.
Y allí quedo yo, solo, en mi esquina, con un paquete de pañuelos en la mano, recogiendo unas migajas de amor.

Maribel Romero Soler.

20 comentarios:

Winnie0 dijo...

La ilusión de cada día....el ver a otros seres felices.
Qué poso de amargura en medio de la belleza del que sabe "mirar".
Besos Maribel

TORO SALVAJE dijo...

Cuantas ópticas tienen las cosas verdad?

Una mirada abandonada.

Besos.

Alicia Uriarte dijo...

Maribel, este micro es el claro reflejo de toda la amplitud de lo que puede ver una mirada solitaria, en contraposición con el ángulo de visión tan reducido de dos felices enamorados en compañía. Una fotografía en una esquina de una calle cualquiera. Una situación instantánea casi atrapada al vuelo. La imagen de la soledad-él y el paquete de pañuelos-, solapada por el pequeño instante de compañía en el que los dedos de los enamorados se rozan.

Con este micro ha quedado perfectamente definido el concepto de esquina. Lugar en que convergen dos lados de una misma realidad.
Un abrazo.

Maribel dijo...

Sí, Winnie, creo que hay un poso de amargura en ese vendedor de pañuelos, pero al menos sabe "mirar".
Besos.

Maribel dijo...

Sí, Toro, la mirada de los enamorados, la mirada de los indiferentes, la mirada de los felices, de los infelices... Cada cual observa a su modo.
Un abrazo.

Maribel dijo...

Alicia, has hecho un perfecto análisis, poco puedo añadir. Efectivamente en esa esquina, o en cualquier otra, convergen dos lados de una misma realidad. ¿Cómo percibe el infeliz la felicidad de los otros? Creo que intenta contagiarse, que intenta enamorarse, recoger migajas, al menos algo que quizás nunca tuvo ni tendrá.
Un abrazo.

sergio astorga dijo...

Maribel, yo hago esquina con el comentario de Alicia.

Un abrazo de avenida.
Sergio Astorga

Lola Mariné dijo...

Que bonito relato, Maribel, tierno y amargo a la vez.
Te dejo un beso que se me ha caido.

MiánRos dijo...

Muy bueno, Maribel. Es un micro ingenioso que nos lleva a la reflexión.
La ambigüedad de la contemplación; el fino ángulo que divide la felicidad de la desgracia.
Un fuerte abrazo.
Mián Ros

Maribel dijo...

Sergio, y yo hago esquina con mi respuesta a Alicia. Que no sea por esquinas.

Un abrazo de boulevard.

Maribel dijo...

Ay, Lola, ese beso lo recojo ya mismo, salvo que se lo lleve antes el chico de los pañuelos. No están los besos como para dejarlos escapar.
Abrazos (y besos).

Maribel dijo...

Eso pretendía, Mián, ofrecer esa visión distinta. Una misma imagen y varias sensaciones: la de la pareja, la del chico de los pañuelos y la del personaje externo (el lector) que es también una visión diferente, la más objetiva quizás.
Un abrazo.

Felisa Moreno dijo...

Qué bueno, yo lo hubiera titulado Migajas de amor, genial, como siempre. un abrazo.

Maribel dijo...

Hubiese sido acertado, Felisa, al fin y al cabo esas migajas de amor son la esencia del relato.
Un abrazo.

José Antonio López Rastoll dijo...

Hola Maribel,

Todos hemos sido alguna vez la feliz pareja de enamorados y el vendedor de pañuelos.
Los papeles se van alternando en el gran circo de la vida. Todo depende del morro que le eches.
Genial micro.

Un abrazo,

Jose

Maribel dijo...

Hola Jose,

Mientras le vayamos echando morro está muy bien eso de asumir diferentes roles, lo malo es que algún día tengamos que ser vendedores de pañuelos por decreto. Por si acaso será mejor enamorarse.

Un abrazo.

Mari Carmen Azcona dijo...

Querida Maribel bello y emotivo texto. A veces es gratificante recoger una migajas... nos ayuda a recordar que jamás debemos perder la ilusión por conseguir lo que anhelamos.

Besos y un fuerte abrazo.

Maribel dijo...

Sí, Mari Carmen, quizás para ese vendedor de pañuelos las migajas de amor que recogía eran el motivo para acudir siempre a la misma esquina. Quizás era feliz de ese modo.
Un abrazo.

Gotzon dijo...

Migaja a migaja... proximidad, miradas, intuyo un futuro cambio de pareja, ella parece que ya ha entrado en el "juego" y el sin duda es un hombre paciente. Esos besos caidos intuyo que son extraviados a propósito...

A partir de hoy me fijaré más en lo que ocurre por las esquinas...

(Ahora que leo los comentarios me doy cuenta de que no había entendido nada, jajaja, bueno, yo posiaca, si fuera el hombre trajeado, no iría perdiendo tantas migajas...)

Maribel dijo...

Gotzon, es muy interesante tu lectura. La grandeza de la literatura estriba precisamente en su capacidad de crear diferentes imágenes a partir de una misma escena. Toda interpretación es muy válida.