sábado, 17 de julio de 2010

¿HAY UNA LITERATURA DE VERANO?


Después de un tiempo apartada de la lectura (entiéndase literatura) por motivos varios, me apetecía comenzar algún libro de ocio o entretenimiento para soportar mejor el calor del verano. Como no soy seguidora de las obras de moda, y afortunadamente los libros no tienen fecha de caducidad, antes de comprar un título nuevo o de sacarlo de la biblioteca, suelo comprobar en mis estanterías qué libros tengo pendientes de leer (que siempre los hay). El primero que tomé fue Bora Bora, de Alberto Vazquez-Figueroa, pero después de leer el principio de la primera página: “El afilado peine de dientes de cerdo se posó delicadamente sobre la piel del antebrazo...”, me di cuenta de que no era la historia que deseaba, y no es porque no me guste Vazquez-Figueroa, que me encanta —no tengo más que recordar la trilogía “Océano-Yaiza-Maradentro”, que me pareció sublime—, es porque me dio la impresión de que iba a ser más de lo mismo. Cogí entonces El cacique, de Luis Romero, Premio Planeta del año 1963, regalo de una persona que ya no está entre nosotros, y comencé también las primeras líneas: “Después de la última curva comienza a divisarse el campanario. En seguida van apareciendo los tejados pardos, las casas, los corrales, el ejido con las eras, el pueblo entero...”, y a pesar de que no me disgustaron, si unimos este comienzo al título, más o menos nos podemos hacer una idea de hacia dónde nos dirige el autor, y tampoco es lo que me apetece leer en este momento. De vez en cuando también recurro a un clásico, pero el verano tampoco me parece la estación adecuada para este tipo de lectura. Buscando buscando me acordé de Boris Izaguirre (José Antonio, te tuve en mi mente) y no sé por qué me pareció que era la literatura que necesitaba para entretenerme y no calentarme la cabeza. Comencé a leer Y de repente fue ayer, pero después del primer capítulo (lo siento, Boris, te dejaré para el otoño) no ha conseguido engancharme en lo más mínimo.
Lo malo de tener ganas de leer y de no saber qué, es que la obra te tiene que atrapar desde la primera línea porque de lo contrario mejor te dedicas a escuchar música. Pensé entonces en una novela juvenil. ¡Sí! ¿Por qué no? Una novela juvenil es estupenda para el verano, y siguiendo la recomendación de mi hijo de 13 años he comenzado Nunca seré tu héroe, de María Menéndez-Ponte, un ejemplar perteneciente a la 27ª edición, y que estoy disfrutando desde la primera página. Me venía bien, además, adentrarme en una obra de este género porque mi próximo trabajo literario consistirá en la corrección de mi última novela, dirigida a público juvenil, y siempre es interesante comprobar el tono empleado en otras obras de este tipo.
En resumen, que me ha costado decidirme, y creo que tiene mucho que ver la estación en la que nos encontramos. ¿Creéis que hay una literatura de verano? ¿Qué opináis?

30 comentarios:

Winnie0 dijo...

Ay Maribel par mi lo que había era una literatura esperando volver a tener tiempo de leer. Así que ya me he puesto en ello. Es la mejor etapa del año para dejarse perder entre las lineas de cualquier novela que nos apetezca. Un beso

TORO SALVAJE dijo...

No especialmente.
Yo leo igual, menos de lo que quisiera, en invierno que en verano.
Tengo mi rutina de lectura bien asentada y no varia en función de la estación.

Besos.

Maribel dijo...

Ya sé, Winnie, mi caso era parecido. Ay los estudios dichosos. Ahora disfrutemos de libros (que no sean de hincar codos). Besos.

Maribel dijo...

Envidio tu disciplina, Toro. Yo lo intento, pero en el verano me cuesta más, el calor me mata.
Un abrazo.

Víctor dijo...

Yo creo, Maribel, que sí hay una literatura de verano (más ligera, menos densa) y una de invierno. Pero también creo que hay una literatura de noche y otra de día (no es lo mismo leer a Poe en un parque a las 11 de la mañana que en una casa antigua, solo y a medianoche). O como también hay literatura de tristeza, de alegría, de soledad, de entre semana o de fin de semana, de sillón cómodo o de tambaleante metro... No es que sean exclusivas de esos momentos, pero sí que són adecuados para esos momentos.
Por mi parte, repasaré mis estanterías para ver qué puedo leer de todo lo que reposa en los anaqueles a medias.
Un abrazo.

Maribel dijo...

Jo, Víctor, qué análisis "lecturil" más completo. Es cierto, el contexto cuenta mucho. Concretamente, en mi caso, entre la lectura de día y la de noche no ha distinción, porque el libro que empiezo lo leo a cualquier hora hasta que lo acabo, hasta por la tarde.
Un abrazo.

Sergio G.Ros dijo...

Ja,ja.. Maribel, me has recordado a mí...yo creo que la literatura depende de lo que tu cuerpo sienta en ese momento, tu cuerpo o tu mente, o toda tú... je,je.. yo mismo siempre cojo un libro y leo el primer párrafo a ver qué tal.. además, no puedo coger un libro denso si acabo de terminar otro... Lo bueno de la literatura es que tiene mucho donde escoger.
Besos y suerte con la corrección.

Maribel dijo...

Sí, Sergio, el cuerpo y la mente te dirigen hacia la literatura que necesitas en cada momento.
Yo suelo ser perseverante con lo que comienzo a leer, aun en el caso de que al principio no me convenza demasiado siempre lo acabo. Sin embargo el veranito me tiene un poco chafada y prefiero ir a lo seguro, a lo que me atrapa desde el principio. ¿Qué le vamos a hacer? Ya vendrá el invierno.
Besos.

Lola Mariné dijo...

Yo no creo que haya una literatura de verano (quizá sí, en el ánimo de los editores para vencer mas), creo que depende más del estado de animo que se tenga y de lo que apetezca en cada momento.
De mi lista van cayendo independientemente de la estación.
Besos.

Maribel dijo...

Supongo que sí, Lola, que tendrá mucho que ver el estado de ánimo. Desde luego yo no me veo devorándome El Quijote en pleno agosto, pero a quien le apetezca adelante, jeje.
Un abrazo.

Alicia Uriarte dijo...

Mi literatura de verano no es distinta y desde luego mucho menos de lo que quisiera, ya que no suelo terminar el listado de libros acumulado para leer en otoño e invierno. Sin embargo dejo para este periodo estival los libros que quiero leer con tiempo de más calidad. Digamos que es una época que leo mucho más entre lineas.
Un abrazo

Teresa Cameselle. dijo...

Se me ocurre que se puede compara con la comida. En verano, como hace calor y el cuerpo te pide cosas ligeras, tomas ensaladas y frutas, no te apetece fabada ni cocido.
Pues con los libros lo mismo, ¿no?
Por cierto, que a mí también me gusta mucho la literatura juvenil, hay auténticas joyas.

Miguel Monte Real dijo...

Menos mal que no acabas de comprarte ese libro que has dejado en las primeras frases... mis libros de verano suelen ser los que tengo en la casa de verano, y curiosamente, (ahora que no nos oye nadie), suelo hojear las primeras páginas en el baño. Si me atrapa, sigo con él posteriormente; y si no, lo tiro por el...(ejem) la estantería.

B. Miosi dijo...

Yo diría que más bien hay una literatura para cada estado de ánimo. A veces me provoca leer algo de aventuras, otras, de tipo novela negra, o de pronto tomo un ejemplar que siempre fui dejando para después porque me parecía pesado y resulta que como era el momento apropiado, ya me parece "liviano", ja, ja, por ejemplo, ahora estoy leyendo "Adiós a las armas" de Hemingway, y aunque he tardado un poquito en cogerle el ritmo, ya voy... ya voy... aunque no es lo que esperaba. Sin embargo, hay párrafos memorables que sé que me servirán mucho a la hora de construir las ideas para los míos, aunque, claro, una no debe fiarse demasiado de las traducciones.

Pero supongo que el clima influye mucho en el estado de ánimo, así que debe haber algo de verdad en lo que planteas.

Un beso, Maribel!
Blanca

MiánRos dijo...

Hola, Maribel,

Pues la verdad que yo no tengo un libro asignado para cada estación, en este caso el verano o las vacaciones, más concretamente.
En navidades, son tantas novelas las que me regalan y que, obviamente no puedo leer, que llevo el cúmulo de retraso hasta el verano e incluso a las siguientes fiestas navideñas, donde me vuelven a regalar más. Así que, escojo un par de ellos, y salgo de viaje.
Desde luego, mis preferidos son sin duda los de Fantasía. Pero lo más curioso es que muchos libros, al igual que los aromas o las canciones, cuando los veo en la estantería de casa, me recuerdan al lugar o momentos esporádicos donde veraneé. Increíble, pero la magia que tienen es así. Y aún más curioso, es que recuerdo con mayor placer los que leí en vacaciones porque estás sin tensiones y parece que disfrutas todo de una forma diferente. Por eso creo que hay que saber escoger el libro de tus vacaciones.

Un fuerte abrazo, amiga.
Mián Ros

Maribel dijo...

Alicia, sé que tú te dejas lo bueno para el verano, porque dispones de más tiempo de lectura de calidad. Ya nos harás crónicas de esos libros. De momento ¡a disfrutarlos!
Besos.

Maribel dijo...

No es mala comparación, Teresa. En verano todo es más ligerito: la comida, la ropa, y cómo no la literatura...
Sí que hay una excelente literatura juvenil. Algunos de los buenos autores de este género son, además, paisanos tuyos.
Un abrazo.

Maribel dijo...

Jeje, Miguel, pues es algo parecido a lo mío. La cuestión es que al final todos caen (los libros, me refiero), si no en verano en otoño. Qué sufridas nuestras estanterías, todo lo aguantan...
Un abrazo.

Maribel dijo...

Pues es verdad, Blanca, todo depende de nuestra predisposición a la lectura, de hecho yo he leído clásicos durante más de un verano. Debe ser que este año se me ha complicado un poco la vida con un trabajo sorpresa y en mis ratos libres no me apetece adentrarme en grandes tratados, prefiero una literatura "fresquita".
Besos.

Maribel dijo...

Hola, Mián.
No creas, yo tampoco tengo los libros asociados a las estaciones y, como digo en la entrada, recurro primero a los que tengo en casa pendientes de leer, aunque me los hayan regalado en el mes de enero.
Es bonito lo que cuentas de que los libros te recuerdan los momentos en que los leíste, una bella asociación. Mirar tu estantería debe ser casi como ver un álbum de fotos.
Un abrazo.

Mari Carmen Azcona dijo...

Coincido con Blanca en que depende más del estado de ánimo que de la estación del año. Lo mismo ocurre con el color de la ropa, la música que escuchamos...incluso el tono con el que escribimos. Nuestras elecciones y gustos siempre son reflejo nuestro. Y por muy bueno que sea un libro, si no tienes la predisposición anímica adecuada, no vas a disfrutar de él...y la literatura es para disfrutar.

Besos y abrazos.

Maribel dijo...

Así es, Mari Carmen. De momento estoy a punto de acabar la novela juvenil que comencé recientemente. A ver hacia qué literatura me dirige ahora mi estado de ánimo.
Un abrazo.

Armando Rodera dijo...

Pues con esos comienzos de novela que comentas, Maribel, creo que tampoco hubiera seguido adelante...

Cn estos calores es cierto que apetecen lecturas más ligeras. Aunque yo de vuelta a Madrid me he enganchado a un libro buenísimo de Michael Connely. Este hombre es un maestro del género negro.

No es mala idea lo de decidirse por literatura juvenil, quizás en otra ocasión. De momento seguiré con los que tengo en capilla preparados.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Armando, me consuela saber que tú tampoco hubieses continuado con la lectura de estas novelas...
Me pensaré lo del género negro para el verano, a ver si me decido por algo.
Un abrazo.

Marien dijo...

Hola Maribel,
He llegado para leer tus últimas entradas con noticias muy variadas, unas alegres y otras no. Estoy deseando poder leer tu novela con Charli. Lo de la periquita es una pena, la pobre. y respecto a literatura de verano yo este me he cargado de grandes escritores a ver si aprendo algo, aunque siempre me leo algún cuento infantil de los crios.
Besos hasta las próximas noticias.

Maribel dijo...

¡Hola, Marien! Me alegra saber de ti, espero que todo te vaya bien.
A Charli lo tendremos ya para septiembre (nos hemos metido en periodo vacacional).
Sí que es una pena lo de la periquita, lo sentí mucho.
En cuanto a la lectura de verano te deseo que la disfrutes, yo también concibo siempre la lectura como un aprendizaje.
Un abrazo.

José Antonio López Rastoll dijo...

Hola Maribel,

Charlando con Mª Luisa, bibliotecaria y amiga, concebimos el nombre de su blog: La vida floja. Nuestra tesis es que en verano, al igual que en la vida, no estamos para perder el tiempo en divagaciones filosóficas o pseudoliterarias.
Por otra parte, yo he iniciado mi campaña particular contra la novela y estoy disfrutando de un verano de cuentos. Desde Benedetti hasta Bukowski, pasando por Margueritte Yourdenar o Isabel Allende. Y si olvidar al genial Gianni Rodari. ¡¡¡Muerte a los géneros largos!!!
Un abrazo.

Maribel dijo...

Hola, José Antonio. Los cuentos son una excelente opción para el verano. Yo también me apunto. Espero recibir EL MIRADOR muy pronto y, ahora que ya he acabado la novela juvenil, será mi próxima lectura.
Un abrazo.

José Antonio López Rastoll dijo...

Ea pues, gracias por elegir esa lectura y no otra. La gente dice que le gustan mis cuentos; yo me leo y pienso que debe ser otro el que escribe "eso".
Recuerdo algún que otro verano con literatura juvenil. Me leí de un tirón toda la colección del Pequeño Vampiro, de Ángela Sommer-Bodenburg. Otro de mis ídolos es Agustín Fernández Paz. Y por supuesto: El pequeño Nicolás.
No puedo evitar ser un poco diablesco.
Un abrazo.

Maribel dijo...

José Antonio, a mí también me gusta mucho Agustín Fernández Paz. Me encantó "Cartes d'hivern", que además leí en valenciano, y hace poco leí "Muchachas", un libro de relatos que disfruté enormemente.
Por cierto, ya tengo sobre mi mesa "El mirador". Caerá un día de estos.
Un abrazo.