sábado, 3 de julio de 2010

ANTOJO


Odio las ventanas. No me gustan las miradas indiscretas. Odio los hoteles con vistas a la catedral, los edificios de lujo frente al parque, los comercios caros junto a la Plaza Mayor. Detesto las cámaras de fotos y los teléfonos móviles. Me gusta que se respete mi intimidad. No me agradan los sábados por la noche ni los domingos por la mañana. No soporto el ruido. Me molestan las zapatillas con lengüeta, los zapatos de tacón y los dichosos patines. Maldita moda. Y me duelen estos surcos que se empeñan en seguir abriendo sobre mi piel, a veces, incluso, por debajo de ella. Más ruido, más coches, más contaminación. No deseo un índice demográfico, un espacio destacado en el mapa ni una página en la Wikipedia. Sí, soy ciudad, pero siempre quise ser pueblo.

Maribel Romero Soler.

35 comentarios:

Maribel dijo...

Después de un duro mes de junio intento normalizar mi vida.
Saludos.

TORO SALVAJE dijo...

Pobre ciudad.
La entiendo perfectamente.

Me alegro de volver a leerte Maribel.

Besos.

Winnie0 dijo...

Pues aquí te esperabamos como agua de Mayo ( hola te digo desde la ciudad quejica) Besos

Víctor dijo...

Pillé el final justo después de lo de los surcos en la piel. Aun así (o precisamente por eso) me gustó el relato, Maribel.

Un saludo.

Susana dijo...

Buff...completamente de acuerdo con todo, Maribel. Yo también intento volver a la normalidad en este mes de Julio lluvioso y raro...

Un besote

Maribel dijo...

Gracias, Toro, y yo me alegro de que pises esta "ciudad".

Gracias por la espera, Winnie.

Abrazos.

Maribel dijo...

Pues me alegro, Victor, de que a pesar de "pillarlo" te gustara, jeje.

Ya somos dos, Susana. Ánimo y a por esa normalidad tan odiada y tan deseada a veces.

Abrazos.

Mari Carmen Azcona dijo...

Pobres ciudades, qué mal las tratamos...para que luego ni siquiera disfrutemos de su compañía. Caminamos por ellas corriendo y siempre mirando al suelo.

Fantástico Maribel.

Me alegro de que retomes la normalidad, eso suele ser síntoma de tranquilidad y paz. Deseo que sea así.

Un fuerte abrazo. Qué todo salga bien.

Maribel dijo...

Gracias por tus buenos deseos, Mari Carmen. La paz y la tranquilidad suponen una constante búsqueda y en ello estoy, buscando.
Un beso.

B. Miosi dijo...

Otro de tus peculiares cuentos, Maribel, te confieso que el título me confundió un poco, pensé que se trataba de algo relacionado con el blog de Sergio Astorga, ja, ja, pero cuando llegué a lo de los surcos que se empeñan en seguir abriendo sobre mi piel, caí en cuenta de que se trataba de una calle... ¡Una ciudad!

Tienes una imaginación envidiable, amiga,
Un besote,
Blanca

Gotzon dijo...

Seguramente también habrá pueblos que desean ser ciudades, si es que nunca llueve a gusto de tod@s...

Saludos Maribel

Marien dijo...

Duro mes de junio, tienes razón. La normalidad es adorable cuando se puede elegir. Yo soy pueblo.
Besos

Maribel dijo...

Cierto, Blanca, jajaja. Cuando le puse el título, yo misma me sentí usurpadora. Creo que para mi tranquilidad tenía que haberle pedido permiso a Sergio Astorga porque los "antojos" le pertenecen por derecho propio.
Gracias por venir a esta "ciudad".
Un fuerte abrazo.

Maribel dijo...

No lo dudes, Gotzon, nadie se conforma con lo que tiene o con lo que es, ni ciudades ni personas.
Gracias por venir.

Maribel dijo...

Eso, Marien, necesito una normalidad adorable.
Yo creo que no llego a pueblo, me quedo en aldea, pero reconozco que todo tiene su encanto.
Un abrazo.

Alicia Uriarte dijo...

Reconozco que me ha pasado como a Blanca. Para mi la palabra antojo antes sólo iba unida a uno que tengo en la muñeca derecha. Pasó a plural cuando conocí a Sergio Astorga, justo en este blog.

El relato me encanta. Esta ciudad creo que necesita ya el respiro de agosto para tener un poco de tranquilidad. Y para empezar el otoño le recetaremos unas sesiones de autoestima dónde consiga valorar las posibilidades que nos puede ofrecer por tener de todo y tan cerca.

Bienvenida y un abrazo.

siempreconhistorias dijo...

¡¡Bellísimo!!
Beso admirado,

Maribel dijo...

Alicia, no me extraña, creo que desde que conocemos a Sergio, todos tenemos la palabra antojo vinculada a esa cicatriz de un deseo que él proclama.
Esta ciudad esta apática, harta del bullicio y de la gente, quizá tengas razón y lo que necesite sean unas vacaciones (a poder ser en un pueblo).
Besos.

Maribel dijo...

Me alegra que así lo veas, querida Izaskun.
Un beso.

Mara dijo...

En la primera parte estoy totalmente de acuerdo. Pero el final para mí sería al revés casi siempre he vivido en pueblos y me encanta la ciudad, eso sí, quitaría las grandes urbes. Un saludo y feliz verano.

Maribel dijo...

Hola, Mara. Supongo que lo interesante es el cambio, nos aburrimos de lo que tenemos y anhelamos lo que nos queda lejano. Está bien alternar entre pueblo y ciudad, tanto el uno como la otra tienen mucho que ofrecernos.
Un saludo y feliz verano también para ti.

Scrit dijo...

Porque allí está la esencia de lo que antaño fuí.

Sergio G.Ros dijo...

Ja,ja... qué buen micro, joer, cada día me soprende más tu imaginación, amiga, tienes un don para sintetizar y meter de lleno al lector exactamente donde quieres. Felicidades.
Espero que este mes no haya tenido cosas tristes. Besos.

Maribel dijo...

Seguro que sí, Scrit, gracias por tu visita.
Saludos.

Maribel dijo...

Gracias, Sergio, por ese entusiasmo siempre tan contagioso. Sabes que me gusta lo breve, y en este mundo de prisas que todos vivimos, con muy poco tiempo para repartir entre demasiados quehaceres, he optado por "algo pequeñito" para los posts. Y mientras tanto sigo peleando en este mundo editorial. Ya daré noticias cuando las haya.
Un abrazo.

Lola Mariné dijo...

Si es que uno nunca está contento con lo que tiene, jeje, seguro que si fuera pueblo también se quejaría.
Estupendo relato, Maribel, como siempre.
Feliz semana.

sergio astorga dijo...

Maribel, "tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje" diría Enrique González Martínez (poeta) me fui con la finta, me despeñe, me trompique, me inquiete, independientemente de la posible alusión a las cicatrices que intentan definir un antojo, la negativa de lo que no se quiere para desnudar lo que se quiere es otro camino por andar.

La ciudad como cuerpo, con humanidad, refunfuñado de su suerte, nos toca a todos, mas en esta desventura del antojo, tal vez el pueblo, quiera ser aldea y la aldea llano o en sentido inverso también se puede ensayar.

No sueltas prenda y nos mantienes en vilo, virtud y desamparo, ya solo queremos de estos: buenos, sabrosos e inquietantes.

Un abrazo virtual que quisiera ser real.
Sergio Astorga

MiánRos dijo...

Desde luego, es increíble lo bien que te manejas con los micros. Mi más sincera felicitación, Maribel. Me encantó.
Besos,
Mián Ros

José Antonio López Rastoll dijo...

Hola Maribel,


Estoy seguro de que la mayoría de los que escribimos preferimos la soledad y el silencio, que no el aislamiento. Y pasar desapercibidos.
Bueno, menos Boris Izaguirre.
Un abrazo.

Maribel dijo...

Seguro que sí, Lola, quejarse es bueno, jeje. Feliz semana también para ti.
Un abrazo.

Maribel dijo...

Sergio Astorga, nos salió una ciudad antojadiza, eso es lo que piensan las otras ciudades que sí se conforman con su suerte, que su hermana es caprichosa.
Un abrazo siempre agradecido.

Maribel dijo...

Gracias, MiánRos, lo que más me agrada es que te encante.
Un abrazo.

Maribel dijo...

Hola, José Antonio.
¿Boris Izaguirre, dices? ¿Quién es?, jeje.
Me has recordado que tengo un libro suyo para leerme, el que me regalaron en la gala del Premio Azorín.
Sí, la soledad y el silencio son buenos compañeros del escritor. A veces, incluso, el aislamiento.
Un abrazo.

José Antonio López Rastoll dijo...

Me ha recordado tu micro que en verano las ciudades se quedan despobladas. Por tanto, se convierten un poco en pueblos.
Los pueblos, sin embargo, se convierten en ciudades.
¡Qué sinsentido escapar!
Un abrazo.

Maribel dijo...

Sí, José Antonio, pero no te fíes, solo es un disfraz, después vuelve cada cual a ser quien es.
Un abrazo.