viernes, 18 de junio de 2010

ADIÓS, SARAMAGO


"Al día siguiente no murió nadie. El hecho, por absolutamente contrario a las normas de la vida, causó en los espíritus una perturbación enorme, efecto a todas luces justificado, basta recordar que no existe noticia en los cuarenta volúmenes de la historia universal, ni siquiera un caso para muestra, de que alguna vez haya ocurrido un fenómeno semejante, que pasara un día completo, con todas sus pródigas veinticuatro horas, contadas entre diurnas y nocturnas, matutinas y vespertinas, sin que se produjera un fallecimiento por enfermedad, una caída mortal, un suicidio conducido hasta el final, nada de nada, como la palabra nada".

Así comienza Las intermitencias de la muerte, una obra maestra del gran maestro José Saramago, Premio Nobel de Literatura en 1998.
Hoy sí se ha producido, al menos, una muerte, la suya, y yo lo he sentido tanto como si hubiera muerto alguien de mi familia.

Descanse en Paz.