miércoles, 10 de febrero de 2010

LA RIQUEZA DEL LENGUAJE


No hay nada mejor para sentirse uno un inculto, un analfabeto o un proscrito del lenguaje, que leer un clásico. ¿No habéis tenido que recurrir en más de una ocasión al diccionario para conocer el significado de determinado término?
Ya dediqué una entrada anterior al uso de ese compañero de viaje que todo escritor debe tener a su lado y que aconsejo leáis aquí.
Cierto es que el propio contexto donde se ubican esas palabras desconocidas nos da de alguno modo su significado pero a mí, concretamente, me gusta saberlo con total precisión y suelo recurrir a la RAE con relativa frecuencia, o para más seguridad al María Moliner, diccionario de uso del español, más completo a mi entender por contemplar todas las posibilidades que nuestro idioma permite a las palabras en el lenguaje de cada día.
La experiencia me dice que de todos esos vocablos que alguna vez tenemos que mirar en el diccionario muy pocos permanecen en la memoria, y es que somos producto de nuestro entorno, aprendemos a hablar en casa, perfeccionamos en el colegio, después en el instituto; a nivel más especializado, y dependiendo de en qué materia, en la universidad, y nos comunicamos cada día en un espacio restringido, como es el trabajo, la familia, los amigos o los vecinos. El lenguaje oral es muy distinto al lenguaje escrito, y éste último muy distinto al lenguaje literario. Hay otros lenguajes. A veces un simple gesto comunica más y con más precisión que una larga explicación escrita.
Los términos más ricos de nuestra lengua parecen lejanos a nuestro modo de vida y expresión, y es cuando leemos clásicos cuando descubrimos un potencial de vocabulario que nos tira de espaldas. ¿Se tratarán de términos antiguos que hoy no tienen cabida en nuestro idioma?
Lo que está claro, y creo que no negaréis, es que la riqueza léxica le da empaque a una obra, y que con toda seguridad os gustará utilizar cultismos o palabras poco comunes para dotar de caché a vuestros textos (sin caer en el léxico pedante o el lenguaje prestado, que ése es otro tema).
Yo he pensado crear mi propio diccionario de términos desconocidos. Cada vez que me encuentre con uno en cualquiera de mis lecturas lo incorporaré a mi glosario particular, y lo ordenaré después alfabéticamente, será una buena herramienta de trabajo para usar después. Y es que os diré que, a pesar de tener chimenea en mi casa, no sabía lo que era el morillo o la chambrana, porque en realidad nunca nadie me lo dijo.
También es cierto que el uso de determinados vocablos está estrechamente relacionado con la geografía. En algunas zonas de España se emplean términos de manera cotidiana que en otros espacios geográficos resultarían desconocidos. Y por supuesto viceversa. A este respecto diré que me admira la riqueza léxica de los países latinoamericanos, y no hay que irse a grandes intelectuales ni a sus obras para encontrar la grandeza de nuestro lenguaje. Cualquier persona que nos encontremos por la calle nos puede dar unas lecciones.
Leamos. Leamos por tanto para aprender y mejorar, porque como decía la canción que daba paso al programa que hace años presentó Fernando Sánchez Dragó: Todo, todo, todo está en los libros.

14 comentarios:

Winnie0 dijo...

Maribel no sabes cómo me ha maravillado siempre la gente que tiene "VOCABULARIO" y lo escribo con mayúsculas a posta. Es una gozada hablar no con repollos sino con quien maneja el lenguaje y sus posibilidades...¡Hay que leer más! Besos

Armando Rodera dijo...

Nuestra lengua es riquísima, Maribel, y tiene una amplia variedad de vocablos. Es cierto que a veces te quedas anonadado ante algunos cultismos de clásicos, ya que en la actualidad se utilizan poco. Pero la RAE siempre ayuda, tanto para leer como para escribir.

Me he acordado también de la prueba esa del PASAPALABRA donde tienen que adivinar el significado de algunas palabras españolas que casi todos desconocemos y es increíble el vocabulario que se nos escapa entre los dedos. Y eso que nosotros estamos acostumbrados a leer y escribir todos los días, imagínate los que no lo están.

Estoy de acuerdo también contigo en lo de poder utilizar alguna palabra culta en nuestros escritos, aunque a veces me haya llevado regañinas. Por lo visto una o varias palabras cultas colocadas en un texto más o menos de lenguaje llano no quedaban bien literariamente, incluso me decían que era contraproducente a la hora de enviar textos a concursos, editoriales o similares, por aquello de mantener siempre el mismo estilo y tono literario. Pero el saber no ocupa lugar, ¿no?

Me ha gustado tu entrada, Maribel. Un saludo.

Maribel dijo...

Sí que es cierto, Winnie, hay gente con un dominio del lenguaje que te deja con la boca abierta. Besos.

Maribel dijo...

Tenemos esa suerte, Armando, la de disfrutar de una lengua muy rica, un verdadero tesoro.
Es cierto lo que dices de PASAPALABRA, hay un espacio en el que aparecen términos que la mayoría de los mortales no hemos oído en la vida, jajaja, parece ruso.
Con respecto al uso de lenguaje muy culto hay que tener cuidado, por eso hablaba del léxico pedante o lenguaje prestado, que es precisamente el que se delata por sí solo, y en el contexto en el que se ubica denota que no es el que corresponde al autor, es decir, que ni es su forma habitual de expresión ni procede su uso dentro de un lenguaje, por ejemplo, coloquial. En la escritura hay que tenerlo en cuenta todo.
Un abrazo.

José Antonio López Rastoll dijo...

Hola Maribel,


Yo también uso el DRAE de internet, aunque prefiero el María Moliner (tengo la suerte de tener una versión cd pirateada que tengo incorporada al ordenador).

Un saludo,

Jose

Maribel dijo...

Hola, José Antonio.
Me gusta eso de tener el María Moliner incorporado al ordenador. Me lo tendrás que explicar, jeje.
Saludos.

Lola Mariné dijo...

A mi me encanta descubrir palabras nuevas, pero me da miedo utilizarlas si no tengo una idea muy precisa de su significado. Además, como dices, puedes parecer pedante.
Pero es cierto que nuestro idioma es muy rico.
En cuanto a los clásicos a veces me da la sensación de que se les nota el paso del tiempo; ahora se tiende a utilizar un lenguaje mas sencillo, aunque siempre es enriquecedor y un auténtico placer leerlos.

Alicia dijo...

Maribel, me encanta esta entrada ya que me da la oportunidad de comentar que en el último año de recorrido por varios foros literarios he enriquecido mi vocabulario más que en varios años atrás juntos.

Mientras otros leían yo me había dedicado a otras cosas. Unas por obligación, otras por elección y alguna que otra por pasión. Sin embargo mi mundo no giraba en torno a lo que entendemos como libros de lectura para el disfrute. Ha sido en este último periodo en el qué, debido acaso al destino, la lectura de relatos, libros y comentarios me ha enriquecido el vocabulario. Jamás había recurrido tanto a la RAE y a los sinónimos. Además andaba yo mas liada con mi Euskaltzaindia(la RAE vasca) que no hacía nada más que cambiar las normas de mi otro idioma, el euskera.

No quisiera dejar de aportar, desde aquí y de nuevo, el agradecimiento a Sergio Astorga. Para mi el representa lo que tú defines como "la riqueza léxica de los países latinoamericanos". Cada visita a su blog "Antojos" es un viaje a la busqueda de bellas palabras.

Por último una reseña con respecto al lenguaje de los gestos. Ni os imaginaís todo lo que un docente puede adivinar sobre un alumno sin que este hable.

Maribel, te prometo que os seguiré leyendo.

Un abrazo

Maribel dijo...

Lola, es cierto que parte del lenguaje de los clásicos se ha quedado en el pasado porque no tendría cabida en los tiempos que corren, pero hay términos perfectamente vigentes que tienden a desaparecer por su falta de uso (y seguramente por el desconocimiento que tenemos de ellos).
La cuestión es que, como a ti, a mí también me encanta descubrir.
Besos.

Maribel dijo...

Alicia, por eso decía que somos producto de nuestro entorno. Dices que mientras otros leían, tú te dedicabas a otras cosas. A todos nos ha ocurrido o nos ocurre, y ese otro entorno no siempre aporta precisamente riqueza léxica. No hay nada como leer.
Estoy totalmente de acuerdo contigo en la referencia a Sergio Astorga. Es un hombre con una capacidad de vocabulario asombrosa, cada entrada suya implica coger el diccionario para buscar una, dos o incluso más palabras. Toda una suerte contar con su sabiduría y con la posibilidad de que nos la transmita de manera, además, tan artística.
Un abrazo lacustre (en ésta tuve que coger el diccionario, será porque no tengo lagos cerca).
Un abrazo.

José Antonio López Rastoll dijo...

Hola Maribel,

Cuando quieras, te hago una copia y te la paso. Es sencillo como una carraca.

Y ya sabes que lo que digo lo cumplo.


Un saludo,

Jose

Sergio G.Ros dijo...

Qué recuerdos los del programa de Dragó, ¿te das cuenta que los programas de cultura, de libros, de tertulias de cines están extintos?
En fin, tu entrada es genial, yo subrayo los libros que leo (normalmente en bolsillo), pero me pasa como dices, aunque busque una palabra, rara vez se me queda en la memoria. La forma de conseguirlo es leer y leer, y escribir, claro.
Un beso, amiga.

Maribel dijo...

Muchas gracias por el ofrecimiento, Jose. No me cabe duda de que eres una persona de palabra. Lo tendré en cuenta y cualquier día te pido una copia. Saludos.

Maribel dijo...

Pues verás, Sergio, yo no sé si esos programas están realmente extintos o es que, como pasamos de la televisión, no los vemos aunque sí que existan.
Te diré que el pasado sábado por la tarde se me ocurrió ponerme un rato ante el televisor y hacer zapping, y no te puedo decir en qué cadena (creo que era Canal 9) estaban haciendo un programa cultural, hablaban de libros y de cine, y pensé precisamente que me estaba perdiendo una buena programación por mi lejanía voluntaria de la caja tonta. Ahora, si lo quisiera volver a ver, no sé ni donde fue ni recuerdo a qué hora.
Y con respecto al lenguaje, sin duda la mejor forma de enriquecerlo es con la lectura.
Feliz finde.
Un abrazo.