domingo, 10 de enero de 2010

SE EQUIVOCÓ, COMO LA PALOMA DE ALBERTI

En el intento de alcanzar el cielo nos golpeamos repetidamente la cabeza contra el techo. Golpes y más golpes que nos aturden hasta perder la consciencia y no vislumbrar la salida. La salida es fácil, no hay puertas ni ventanas, sólo espacio abierto que no vemos. El miedo atenaza los sentidos y el único objetivo es huir, huir desesperadamente aunque nos cueste la vida.
Algo así debió ocurrirle a la tórtola. Entró al porche de la casa seguramente por error y una vez allí no supo salir. Hubiese sido libre dirigiéndose hacia cualquier lado, a la derecha, a la izquierda, por detrás. Sin embargo volaba hacia arriba, único espacio prohibido, buscando el cielo. El techo, moteado de rojo como un campo de amapolas, es testigo. Cualquier cosa la asustó, quizá las garras del gato, la luz de las farolas, un entorno desconocido. Aturdida por los golpes perdió el equilibrio de vuelo, perdió las fuerzas y la pudimos coger. Estaba herida, una profunda herida en la cabeza que limpié primero con agua oxigenada y después cubrí de yodo. Más tarde la pusimos en la jaula grande, la del loro que se suicidó, la jaula-hospital con la que hemos recuperado a tantas aves. Le pusimos agua y migas de pan. Se tranquilizó, el corazón dejó de botarle en el pecho como un muelle enloquecido. Durmió tranquila y caliente dentro del hogar.
A la mañana siguiente, una vez más, vivimos la ceremonia de conceder la libertad, como emperadores romanos. La tórtola estaba perfecta, la herida cerrada, se la veía fuerte y con ganas de volar. La tomamos entre las manos, unas manos capaces de estrangularla o de permitirle la vida. Cuánto poder. Y por supuesto la misión era la segunda. Los dedos se separaron y el ave voló, voló con energía, con absoluta libertad, y el espectáculo era realmente maravilloso, digno de un aplauso. Hubo un aplauso.

27 comentarios:

Maribel dijo...

Es una forma de contar lo que aconteció en mi casa la noche del viernes y la mañana del sábado. Hicimos una foto a la tórtola herida pero mi hijo la borró, no quiso que conserváramos esa imagen. Se fue curada. Doy fe.

Winnie0 dijo...

¡Qué preciosidad de anécdota Maribel!...es todo un "cuento de invierno" Besos

Lola Mariné dijo...

Que bonita historia, Maribel. Y lo cuentas tan bien que emociona.
FEliz semana.

Alejandro Laurenza dijo...

Qué bueno, Maribel. Mientras leía no alcanzaba a darme cuenta de si se trataba de una historia inventada, o de algo que había sucedido. Felicitaciones.

Un abrazo,
Alejandro.

Deusvolt dijo...

Pues es una historia preciosa, Maribel, y magníficamente narrada. me ha gustado mucho.
Eso sí, vaya trabajo os dio el animalito!!
Un abrazo.
P.D. Me da miedo preguntar: ¿cómo se suicidó el loro?

Alicia dijo...

¡Qué bonito!
Al final la felicidad es verdad que está en cosas pequeñas y cercanas que nostros las convertimos en grandes y las dejamos volar a lugares lejanos.
Un abrazo

Maribel dijo...

Winnie, sí que fue una bonita vivencia. Besos.

Maribel dijo...

Lola, también sufrimos mientras la veíamos darse golpes contra el techo, pero el final fue feliz.
Un abrazo.

Maribel dijo...

Hola, Alejandro. Por eso quise poner un comentario mío y aclararlo, porque la historia es verídica, tal y como la cuento, aunque la haya condimentado con un poco de literatura. Un abrazo.

Maribel dijo...

Deusvolt, la verdad es que no nos dio tanto trabajo una vez que la tuvimos en nuestro poder, el trabajo fue cogerla y evitar que se lastimara más.
Pregunta sin miedo, hombre, jajaja. Me extraña que no me lo hayan preguntado antes. Los loros se estresan mucho y sufren bastantes depresiones. Cuando esto les ocurre se arrancan las plumas y se pican hasta sangrar. Pueden llegar a quedarse sin ninguna pluma. El mío se arrancó todas las del pecho. Si no superan la depresión se dejan morir, dejan de comer. Si no es suicidio es algo parecido. La historia del loro casi merecería otro post.
Un abrazo.

Maribel dijo...

Así es, Alicia, y esas pequeñas cosas llegan sin ser buscadas. Vivimos un momento muy especial, principalmente cuando a la mañana siguiente la vimos sana y decidimos soltarla (en otro caso la hubiésemos mantenido 2 ó 3 días hasta que se recuperara).
Un abrazo.

Marien dijo...

Bonita anécdota y buena acción de las que nos hace sentirnos bien por salvar una vida, la has contado muy bien. Me quedo con la intriga del suicidio del loro.
Besos

Maribel dijo...

Marien, tienes razón, es una acción que te hace sentir bien. Dentro de la monotonía de los días, el viernes, solo por eso, valió la pena.
Si miras la contestación que le di a Deusvolt despejarás la intriga del loro, jeje.
Un abrazo.

B. Miosi dijo...

Me ha emocionado tu relato de la paloma, y por un buen rato no supe si era fantasía o realidad. Y Fue realidad. Te felicito por tu buen hacer y tu buen contar. Pero algo que me dejó pensando es la jaula del loro que se suicidó. ¿Podrías hacer otra entrada con el caso del loro suicida? Prometo ser toda oídos. Digo, toda ojos.

Un abrazo, amiga,
Blanca

Felisa Moreno dijo...

Qué bien lo has contado Maribel, disfruto leyéndote.
Un abrazo

Maribel dijo...

Blanca, voy a tener que dedicarle una entrada al pobre loro porque más de uno os habéis interesado por él. A ver si me animo un día de estos y os lo cuento.
Besos.

Maribel dijo...

¡Es muy halagador lo que me dices, Felisa! Principalmente viniendo de ti. Gracias.
Un beso.

VivisPato dijo...

A veces huir no es lo mejor... pero si lo que tenemos mas proximo...
cobarde pero asi somos muchos que nos da miedo luchar y golpearnos contra el techo.
Es un privilegio leerte
Saludos desde Mexico
XD

Maribel dijo...

Hola VivisPato, muchas gracias por tu visita y comentario.
Así es, preferimos huir antes que enfrentarnos al peligro, cuando el peligro, posiblemente, con un poco de calma y cabeza podríamos superarlo sin problemas.
Un cordial saludo desde España para México.

TORO SALVAJE dijo...

Un loro que se suicidó???
No tomaba antidepresivos?
Pobrecillo.

Besos.

Maribel dijo...

No, Toro, el pobre loro no tomó antidepresivos. Una verdadera pena.
Saludos.

Pablo Rodríguez Prieto dijo...

Tremenda responsabilidad como humanos que cuidan el medio ambiente y aman la vida.
Finalmente optaron por curarla para liberarla.
Hermoso mensaje.
Un abrazo

Maribel dijo...

Hola, Pablo. Es cierto, es una gran responsabilidad la que tenemos, y en este caso era nuestra obligación atender al animal herido. Gracias por tu visita. Un abrazo.

sergio astorga dijo...

Maribel, ese loro suicida ha despertado las interrogantes mas luminosas. Espero la crónica.
Echar al vuelo es una de las sensaciones mas terrenales, por humanas y alegóricas.

Abrazos palomares.
Sergio Astorga

Maribel dijo...

Sí, Sergio, ya veo que el loro alcanzó el mayor protagonismo.
Un ave en vuelo es uno de los espectáculos más maravillosos que existen.
Abrazos volantes.

Fátima dijo...

Me ha gustado mucho cómo lo has narrado ;-). La que vale, vale...

Un beso

Maribel dijo...

Hola, Fátima, me alegro de que te gustara, fue una bonita vivencia.
Besos.