martes, 29 de septiembre de 2009

MI EXPERIENCIA COMO JURADO (II)

Siguiendo con el tema, y tal y como os comentaba en la anterior entrada, no es de extrañar que un jurado acabe leyéndose, entre las dos fases del concurso, un número de relatos que oscila entre 90 y 100, lo cual tampoco está nada mal.
Antes de comenzar a hablar propiamente de la valoración, y para satisfacer alguna curiosidad, os diré que los miembros del jurado de un certamen literario suelen ser en la mayoría de los casos escritores o personas vinculadas a la literatura (periodistas, profesores, correctores...), también se recurre a gente con formación lectora, a premiados de anteriores ediciones del mismo certamen o gente con experiencia en concursos. Lo normal es que los miembros del jurado se den a conocer antes de producirse el fallo.
¿Cómo se realiza la valoración? En la primera etapa comenzamos por descartar los trabajos que no cumplen las bases. En realidad es un porcentaje muy bajo si lo comparamos con el total de obras recibidas pero alguno hay. Apuntaré que los relatos rechazados quizás sean magníficos pero ni siquiera son leídos.
Una vez cumplidos los aspectos formales ¿qué tratamos de encontrar en un texto? Una buena historia, que esté bien contada y que esté bien escrita. Si prestáis atención a estos tres puntos os daréis cuenta de que son bien distintos y a la vez muy complementarios.
Como no tenemos memoria de elefante para guardar los cuarenta o cincuenta textos diferentes que nos corresponden en primera instancia os diré cuál es mi técnica de trabajo. Leo detenidamente un original y me produce una impresión (como os pasa a todos los que leéis cualquier relato), pero además yo estoy valorando para un concurso, por tanto esa impresión está basada en una serie de aspectos que después explicaré. Anoto en un folio el título del texto leído y a continuación unos breves apuntes que en un momento dado me sirven para recordar el relato. Apuntes del tipo: “Tema original”, “demasiadas faltas de ortografía”, “bien enfocado y mal resuelto”, “muy malo”, “magnífico, es un gran relato” (Son simples ejemplos, no tienen por qué corresponder a la realidad). Y por último doy una valoración numérica. De este modo es fácil descartar unos y seleccionar otros. Si tengo que seleccionar un total de ocho textos y hay doce empatados en puntuación releo y decido.

Aspectos a tener en cuenta.-
Faltas de ortografía.- Todos las cometemos, es inevitable, pero hay que cuidar este aspecto. Las más perdonadas son las tildes, tanto las ausentes como las presentes indebidas, también se puede perdonar una coma mal puesta o un punto y aparte que se quedó en punto y seguido. Lógicamente hablo de perdonar cuando la historia vale la pena en otros aspectos, tiene un buen tema, está bien tratado, bien escrito y transmite.
Como sabemos, después de los signos de interrogación o de exclamación no se usa el punto (ya está implícito en el propio signo), sin embargo algunos escritores lo siguen usando, esto no es suficiente para descartar un relato si tiene otros ingredientes que lo hacen muy atractivo. Pero no os relajéis. Hablo de la primera fase de valoración, en la segunda hay mucha calidad y por tanto este error puede ser un motivo suficiente para ser desbancado por otro texto más correcto. Otras faltas de ortografía son sencillamente imperdonables, no se puede esperar un buen texto de quien escribe como un párvulo. Mi consejo es revisar muy bien los textos antes de enviarlos a concursar, nunca enviéis un relato recién escrito, esperad unos días y volved a leer. Y por supuesto mucho uso de diccionario, que para eso están.

Originalidad.- Pues es importante, no vamos a negarlo. Originalidad en el tema escogido, en el enfoque, en la estructura, en el inicio del relato, en el impacto final. Hoy en día está casi todo dicho y casi todo escrito y debemos intentar sorprender. Os puedo decir, a modo de curiosidad, que el amor sigue siendo un tema muy recurrente en la literatura, desde cualquier perspectiva, pero sigue estando muy presente en los textos de los participantes. También os diré que es fácil identificar un texto que ha sido presentado previamente sin éxito a otro concurso temático. Me explico. Todos reutilizamos nuestros textos, y cuando no son premiados en un certamen los presentamos a otro distinto. Hasta ahí es una práctica habitual. Lo que ocurre es que si ese texto lo habíamos escrito para un concurso sobre “el vino”, “la igualdad de género”, “el mar” o “la inmigración” y después lo presentamos a un concurso de tema libre se nota. Si en un paquete de cincuenta relatos encontramos cinco o seis que hablan de la reproducción de las ranas en las charcas, pues, qué queréis que os diga, el tema puede ser original en principio, pero deja de serlo muy pronto. Sé que esta práctica es totalmente lícita y que cada autor es dueño de presentar su obra a los concursos que desee (en tema libre se admite todo), pero mi consejo es que los relatos que se vayan a reutilizar (principalmente los muy temáticos) sean a su vez reciclados, transformados de algún modo, para que no dejen una constancia expresa de que ya vienen rebotados de otro concurso y que por tanto no pasaron la criba de otro jurado.
La originalidad es un aspecto más, ni es el único ni el más importante, pero conviene tenerla en cuenta.

Capacidad para transmitir el mensaje.- Muy importante. Hay relatos perfectamente escritos que no nos dicen nada, no nos sacuden por dentro, no nos hacen vibrar, transmiten las mismas emociones que un parte meteorológico, bueno, bien pensado el parte meteorológico puede transmitirnos más porque si nos augura lluvia para el fin de semana que pensábamos pasar en la playa nos puede poner de muy mal humor. No sólo hay que contar, hay que transmitir, hay que provocar un sentimiento en el lector. Hay otros relatos peor escritos, sin un léxico tan despampanante ni un tema tan exótico, a los que les faltan dos tildes y les sobran tres comas, que no nos dejan indiferentes.
Y llegados a este punto hablaré del famoso “factor X”. No sé en qué programa nació el famoso “factor X”, creo que en alguno de esos cazatalentos que tan de moda están. Pues bien, quizás sea una buena forma de explicar esa capacidad de transmitir de la que os hablaba. Hay relatos con “factor X”, no están mejor escritos que otros pero son capaces de convulsionarte, de provocarte una emoción y eso es un mérito de su autor y una capacidad, que como todas, se puede lograr a base de ejercicio.

Bueno, amigos, como veo que la entrada me queda demasiado larga, voy a acabarla aquí. Me obligaré a concluir el tema en una tercera entrega. Os hablaré de la segunda fase de selección, de mis impresiones personales y de algunas curiosidades. Hasta entonces si así os apetece.

viernes, 25 de septiembre de 2009

MI EXPERIENCIA COMO JURADO (I)

Hace unos meses os comentaba sobre mi labor de miembro del jurado del Certamen Internacional de Relato Breve LA LECTORA IMPACIENTE y os decía que más adelante dedicaría una entrada a este tema. Creo que ha llegado el momento.
Seguro que muchos de vosotros habéis participado en alguna ocasión en un concurso literario, lo hacéis con frecuencia o pensáis intentarlo pronto. Seguro que en alguna ocasión os habéis formulado preguntas del tipo: ¿leerán todos los textos?, ¿habrán aceptado mi obra?, se me olvidaron dos tildes ¿la habrán descartado por eso?, ¿le dan importancia al tema elegido?...
Bien, yo sólo puedo hablar de mi experiencia como jurado en éste y otros certámenes, pero confío en que la dinámica general de todos los concursos sea, si no idéntica, bastante parecida.
En primer lugar os diré que, en la actualidad, el índice de participación en cualquier tipo de certamen es elevadísimo. Las herramientas que hoy tenemos al alcance de nuestra mano (Internet, envíos telemáticos, envíos por e-mail) invitan a participar a muchas personas que, quizás, si tuvieran que mandar una carta certificada a través de la oficina de correos no lo harían. No es descabellado que un certamen que admite envío por e-mail reciba cuatrocientas o quinientas obras, y si el premio es muy sustancioso todavía más.
Cada miembro del jurado NO puede leer todas las obras, resultaría imposible si de lo que se trata es de cumplir plazos (normalmente los fallos suelen producirse un par de meses o tres después del cierre del plazo de presentación y durante ese periodo de tiempo hay mucho trabajo que hacer).
Yo además añadiría que NO pueden y NO deben hacerlo por pura higiene mental, para evitar intoxicaciones literarias. No es lo mismo leer 50 textos que 500 (además de que se necesitaría como mínimo un año), pues una cosa es leer por placer y otra leer para valorar.
Dicho esto es fácil adivinar que la primera etapa, una vez finalizado el plazo de presentación del concurso, consiste en dividir el número de trabajos recibidos entre el número de miembros del jurado (de esto se ocupa la organizadora) y después remitir a cada uno su “paquete” correspondiente.
Os diré que los jurados en ningún momento conocemos el nombre de los autores de cada texto, ni siquiera el seudónimo, recibimos exclusivamente las obras. Las plicas quedan en poder de la convocante y cuando se produce el fallo y ella da a conocer los nombres, es cuando también los conocemos nosotros.
En esa primera etapa cada jurado selecciona un número de obras y descarta el resto. Las obras seleccionadas por cada uno pasan a la segunda fase y es en esta segunda fase donde cada miembro del jurado SÍ lee todas las obras y procede a realizar una votación.
Los resultados de la votación (de este asunto se vuelve a ocupar la convocante) dirán quién es el ganador y quiénes los finalistas. ¿Puede ocurrir que el ganador no sea el preferido de un miembro del jurado? Por supuesto, pero si esa fue la decisión de la mayoría hay que respetarla.
Hablando de respetos, os diré también que las bases de un certamen se elaboran para ser cumplidas. Aquéllos que dudan de si su obra será admitida o no, pueden tener la certeza de que si se ajusta a las bases será admitida. Pero los que intentan saltarse las normas con una clara intención de pasar un texto que no entra ni con calzador se quedan fuera. Pongo un ejemplo: si las bases exigen obras de un máximo de cuatro folios a doble espacio con letra tipo 12, en ningún momento será admitida una obra de cuatro folios a espacio y medio y letra tipo 11 porque claramente se está tratando de meter un texto que en realidad tiene seis folios.
Bueno, este tema da mucho de sí y lo voy a tratar, como mínimo, en otra entrada más. En esta primera entrega sólo quería hablaros de aspectos generales, será en la siguiente cuando ya hable de los trabajos. No lo haré de ninguno en particular, pero sí comentaré sobre el nivel de calidad de los participantes (siempre se suele decir después que fue elevadísimo), los temas elegidos, los enfoques, los elementos que se tienen en cuenta para valorar las obras y algunas curiosidades que creo os interesarán.

Por último sólo me resta decir que yo soy la única responsable de estas opiniones y en ningún caso los certámenes donde he intervenido o intervengo.

lunes, 21 de septiembre de 2009

LA POLÍTICA (COMO EL FÚTBOL) ES ASÍ


(En una rueda de prensa)

—Señor ministro, hay un descontento generalizado en todo el país. Ustedes prometieron que harían desaparecer el estrés y no lo han cumplido. ¿Qué tiene que decir al respecto?
—Mire caballero, estas cosas hay que tomarlas con cautela, en este momento prefiero no contestar a su pregunta.
—¿Y qué me dice de la manifestación que tuvo lugar ayer reclamando más felicidad?
—No le puedo contestar, lo siento. Acabo de arribar de Alemania y no estoy informado.
—Pero esa manifestación estaba programada hace un mes.
—Sí, algo me suena, pero como le digo sin tener más datos prefiero no contestar a su pregunta.
—Señor ministro, dígalo claramente ¿tendremos menos estrés y más felicidad durante el mandato del actual gobierno?
—Mire usted, eso es también una cuestión de actitud, hay que proponérselo, sin ir más lejos, nosotros, los miembros del gobierno, estamos relajadísimos. Otra cosa no le puedo contestar.
—Por último —añadió una joven que se encontraba al fondo de la sala—, ¿hay alguna cuestión que sí pueda contestar?
—Mire señorita, en estos momentos y debido a la falta de mayor información, ya que aún no me he reunido con los miembros del gobierno, a esa pregunta no le puedo contestar.

Maribel Romero.

jueves, 17 de septiembre de 2009

OPERACIÓN REVISIÓN


Qué duro es el trabajo de revisión y corrección de una novela. Por fin me he decidido a revisar y pulir la última novela que escribí. La terminé hace aproximadamente unos cuatro meses y me hice el firme propósito de corregirla durante el verano, pero es ahora que estamos a punto de despedirlo, cuando me he animado a la difícil y siempre ingrata tarea de la corrección. ¿Por qué ingrata? Porque además de la dedicación casi en exclusiva (mientras corrijo no escribo nada nuevo), de la pérdida de objetividad que constantemente sufrimos con nuestra propia obra, de compaginar esta tarea con otras muchas y de robarle horas al sueño, a los amigos e incluso a la familia, no sabemos qué vamos a hacer con ella, es decir, con la novela. Bueno, en este caso yo sí sé que voy a hacer con ella, al menos de momento. Hace tiempo que no concurso bajo este género y en esta ocasión voy a concursar. Tengo seleccionado el certamen, el plazo de presentación finaliza el 30 de noviembre (espero que me dé tiempo) y hay un premio sustancioso. Voy a probar. Al fin y al cabo toda obra terminada entra en la sección “que la suerte te acompañe”, y esta sección abarca tanto concursos como agencias o editoriales.
Me permitiréis que de momento no dé ni el título, sí os digo que es una novela narrada en primera persona, que escribirla me supuso un trabajo de mucho desgaste, es la obra que más me ha costado crear y por lo que veo sigue costándome (la revisión me lleva de cabeza). Es una obra de cierta introspección, en la que trato de desdramatizar un drama utilizando un humor sutil, sin estridencias, por tanto no hay enigma que desentrañar y mantener la tensión narrativa me llevó un gran esfuerzo. Os diré que después de cinco días he dado por bueno el primer capítulo. Anoche estaba a punto de claudicar pero un golpe de ratón apartó los malos pensamientos de mi cabeza. Me fui a páginas centrales y comencé a leer y me di cuenta de que la novela fluía muy bien, con mucha naturalidad, es decir, me gustó. El problema estaba en el principio y los principios son muy importantes. Había expresiones que no me gustaban, construcciones pobres, reflexiones mal volcadas sobre el papel. Supongo que os habrá ocurrido alguna vez que al releer algunas de vuestras obras encontráis algo que no os convence demasiado pero lo dejáis, tampoco es tan importante, ¿verdad? Os aseguro que es muy importante y que del mismo modo que vosotros lo veis también lo ve el lector. Con esta novela me he hecho el firme propósito de que no quede ningún “algo” que no me convenza, me tiene que convencer al cien por cien porque, como decía, voy a concursar con ella y quiero presentar una obra en condiciones. Me temo que me va a llevar mucho tiempo su revisión, casi más que escribirla, pero valdrá la pena si, como mínimo, quedo satisfecha.

¿Os pasa algo parecido con la revisión de textos? ¿Tardáis más en revisar que en escribir la obra? Me gustaría conocer vuestras opiniones.

viernes, 11 de septiembre de 2009

LIBRO ELECTRÓNICO: ¿REVOLUCIÓN O CONTINUIDAD?

El último boletín informativo que recibí de CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) recoge bajo este título la opinión de cuatro personas vinculadas al mundo de la literatura, cuatro puntos de vista expertos que se plantean cómo será acogido el libro electrónico en el mercado y cuál será realmente su espacio.
Entre estas opiniones me ha llamado poderosamente la atención la de Ángela Vallvey, escritora, finalista de la última edición del Premio Planeta por su obra Muerte entre poetas, y me ha llamado poderosamente la atención porque su reflexión va más allá del libro electrónico, ahondando en la pérdida de calidad que conlleva la masificación. Hace incluso referencia a los blogs. ¿Será cierto que con nuestras aportaciones blogueras podemos contribuir a una mala literatura o a una información inadecuada? ¿Estamos mermando la calidad de la obra escrita? No es broma, a mí me ha dado que pensar y creo que lo mejor es leer el artículo de la propia Vallvey. Cada uno que saque sus conclusiones.

“Hace poco, un periódico serio y reputado —con corresponsales y profesionales adecuadamente formados y pagados— era capaz de derrocar a un gobierno.
Ahora, la información se obtiene a menudo a través de medios digitales, con trabajadores muy mal remunerados y/o formados, o blogs arbitrarios. La información está siendo sustituida por la simple opinión interesada, cuando no por el malediciente rumor.
Las películas que la gente “se baja” de Internet carecen de calidad: unas imágenes borrosas, a veces grabadas en la misma sala de cine por un tipo con tos de tísico.
Los “piratas” renuncian a la excelencia por la gratuidad, vía sucedáneos. Se “bajan” miles de obras que ni en toda una vida podrían visionar. Es la acumulación de la nada. Con el soporte e-book podría ocurrir algo semejante a lo que pasa con la música: un libro es fácil de piratear. Sin los profesionales de la edición, la devaluación del libro puede ser espeluznante. Podemos pasar del libro como instrumento transmisor de cultura e ideas, a recipiente de basura industrial. Además, ¿cuánto vale lo que no cuesta nada? ¿Quién empleará su vida en producir obras sin precio ni valor...?

Ángela Vallvey. Escritora.
Fuente: Boletín informativo nº 68 de CEDRO.

lunes, 7 de septiembre de 2009

A MEDIDA

—Buenas tardes, ¿se puede? Vengo a que me haga usted un relato a medida.
—Pase, pase, no se quede en la puerta. ¿Lo quiere para todos los días o es para una ocasión especial?
—¿Qué diferencia hay?
—Hombre, si es para todos los días lo hago un poquito más corto, utilizo un lenguaje coloquial y en general le pongo menos retórica.
—Pues sí, me vendrá bien un relato de esas características, la verdad es que no quiero destacar.
—¿Sobre qué tema lo quiere?
—Tema libre.
—Vaya, como en los concursos, aunque le aseguro que eso no es garantía de nada. El último cliente al que le hice un relato de tema libre vino a reclamarme porque dijo haberse encontrado a cuatro o cinco personas con relatos del mismo tema.
—Bueno, no se preocupe, es algo previsible, siempre se explota el discurso que está de moda.
—Agradezco su comprensión. Aguarde unos minutos que enseguida lo tiene usted hecho.

Momentos más tarde...

—¿Qué le parece? ¿Le gusta cómo le queda?
—Pues no sé qué decirle, creo que me tira un poco de las sisas.
—A ver, déjeme que mire... Sí, le sobran un par de preposiciones “de”, es que todavía cometo algún error de dequeísmo, soy nuevo ¿sabe? Y ahora ¿qué tal?
—Bastante mejor pero, si le digo la verdad, le veo muchas “cosas”.
—Ya, es que este año se llevan los estampados.
—No se lo discuto, pero el que yo desee un relato para todos los días no quiere decir que desee un relato vulgar. Si me hace el favor cámbieme varias “cosas” por otras palabras más concretas: flores, rayas, cuadritos, puntos de colores... Ya que se llevan los estampados...
—Como quiera. Le sustituyo cuatro “cosas” por otras palabras... Creo que ahora le queda que ni pintado.
—Pueeeeeessss... No quiero ser pesado pero mire, me hace unas bolsas por aquí abajo. ¿Se da cuenta?
—¡Ah! Ya veo, ya. Le sobran dos gerundios. Los gerundios afean mucho si no están bien cosidos, no se preocupe se los quito y ya está. ¿Qué me dice ahora?
—Bastante bien, la verdad. Sólo quiero que me ponga una tilde aquí, en libido, y me quite otra de aquí, de espécimen.
—Disculpe pero le aseguro que libido y espécimen son palabras correctas, las he visto en el diccionario de la Real Academia de la Lengua.
—Las habrá visto usted en el diccionario, no se lo discuto, pero no están en el boca a boca y ya le dije que no quiero destacar.
—Como quiera, usted paga. Aun a sabiendas de que cometo dos errores le arreglaré ese par de tildes.
—Perfecto. ¿Qué le debo?
—La voluntad.
—Pues mire, sólo llevo encima un verbo y dos adverbios. Es que vengo del médico porque tengo un problema, resulta que nunca encuentro la palabra exacta, y la verdad es que me ha cobrado bastante por la consulta.
—¿Y se lo solucionó? A mí es que a veces también me ocurre.
—Me ha recetado muchos libros.
—Bueno es saberlo.
—Aquí tiene su verbo y sus adverbios.
—Gracias, buen hombre. Vuelva cuando quiera.
—Descuide, dentro de un par de meses tengo una boda y para esa ocasión sí que quiero un super relato, ya me entiende, de esos que dejen con la boca abierta, a ser posible que incluya alguna palabra rara, de las que nadie conoce.
—Iré preparando algo.
—Pues hasta entonces, amigo.
—Adiós, buenos días.

Maribel Romero.

sábado, 5 de septiembre de 2009

UN PAR DE CONCURSOS

Ahora que nos encontramos en la recta final del verano y parece que ya va apeteciendo escribir algo, os informo de un par de concursos simpáticos e interesantes.
En primer lugar os hablaré de "Érase una vez el vino". Concurso de relato corto de turismodevino.com. Admite tres catogorías, todas ellas, lógicamente, referentes al vino, pero encuadradas bajo estos tres distintos títulos: 1) La visita; 2) La cata del loco; y 3) Mensaje en una botella.
Los relatos deben comenzar obligatoriamente, para cada categoría, con el texto de inicio que facilita la organización, y que podréis ver en las bases completas. La extensión máxima es de 600 palabras y se pueden enviar por e-mail o incorporándolos a vuestro blog.
El plazo está abierto. Toda la información aquí.

El segundo concurso del que os voy a hablar ya es un clásico en este blog. Me refiero al II Concurso de Microrrelatos de abogados.es.
Tras el éxito de la primera edición, en la que recibieron más de 5.700 relatos, el Consejo General de la Abogacía Española y la Mutualidad General de la Abogacía convocan la segunda edición que comienza en este mes de septiembre y que mantiene el mismo reto que en el concurso anterior: la creación de un relato sobre abogados, Derecho, justicia, jueces... que incluya cinco palabras obligatorias y que no exceda de las ciento cincuenta. El envío es muy simple: a través del formulario contenido en su web. Y las palabras de este mes son: litigio, vendimia, denuncia, globo y teclado.

¿Os animáis?

martes, 1 de septiembre de 2009

GRUPO CANALEJAS


A propósito del último relato que colgué en este blog, LOS PARÁSITOS DE LA CORDURA, voy a hablaros del GRUPO CANALEJAS, la Asociación Literaria a la que pertenezco desde hace aproximadamente un par de años. Somos en realidad un grupo de amigos que compartimos nuestra pasión por las letras y que, además de unirnos los lazos literarios, nos unen también los lazos geográficos, puesto que el grupo es eminentemente alicantino. Bueno, debo matizar este último dato, ya que en los últimos meses se han incorporado compañeros de Argentina, Madrid y Barcelona.
Mantenemos una comunicación constante a través de un grupo de correo al que llamamos “el saloncito” (que durante el verano ha estado un poco desierto, todo hay que decirlo, esperemos que la tertulia se anime pronto), y todos aquéllos a los que nos permite la distancia podernos reunir, solemos hacerlo una vez al mes, comemos juntos, nos miramos a los ojos, charlamos de nuestras cosas y verdaderamente disfrutamos.
Las actividades de grupo son variadas: hemos escrito encadenados, relatos a cuatro manos con distintas parejas y tenemos un par de proyectos viables y posiblemente publicables (en ello estamos).
Una de las últimas actividades, y que más nos ha enriquecido a todos, ha sido la creación de un certamen literario exclusivamente entre nosotros. El certamen, en su modalidad de relato breve, consistió en la creación de un texto de tres folios como máximo y que obligatoriamente debía comenzar con la frase: “Se oyó un trueno”. Cada participante debía aportar un libro y el conjunto de libros se distribuiría después entre los tres primeros premios. Para la plena eficacia del concurso una persona, en este caso la presidenta, fue el alma caritativa que no participó y que se ocupó de todos los aspectos técnicos. Los trabajos se presentaron sin firma, bajo el más absoluto anonimato. Una vez finalizado el plazo establecido para presentar obras se abrió otro por diez días para que cada participante criticara, valorara o diera su punto de vista, con aspectos positivos y negativos, sobre cada uno de los relatos presentados a concurso. Esta fase es la que a todos nos encantó porque sirvió para ver la propia obra con distintos y expertos ojos. Valorar un relato que no sabes quién ha escrito te dota de cierta libertad que de otro modo no disfrutas y te permite expresarte con total sinceridad sobre la obra que has leído. Al mismo tiempo, el autor de la obra descubre un universo literario nuevo, unos apuntes certeros, otras valoraciones con las que no está de acuerdo, pero siempre sale fortalecido y enriquecido con los comentarios ajenos. Bien, después de esa valoración pormenorizada se procedió a votación secreta y de ahí salieron los tres ganadores que recibieron sus correspondientes libros. La foto que acompaña a esta entrada corresponde a la entrega de premios, que tuvo lugar en la cafetería de la Fnac tras disfrutar de una buena comida. Ni están todos los que son ni son todos los que están, pero paso a presentaros a este grupo de buenos amigos con todo cariño. Empezando por la izquierda tenemos a Mercedes Tormo, colaboradora como yo de la revista virtual Visión Femenina y co-autora del libro infantil LOS CUENTOS DEL MURCIÉLAGO GOLOSO, a continuación está José Luis Ferris, importante escritor y poeta alicantino, fue el ganador en la edición de 1999 del prestigioso Premio Azorín de Novela con su obra BAJARÁS AL REINO DE LA TIERRA (debo aclarar que José Luis no pertenece al grupo aunque está estrechamente vinculado a muchos de sus miembros, fue una coincidencia encontrarnos con él); a continuación, muy sonriente, tenemos a Rafaela Lillo, excepcional poeta, muy premiada, autora del poemario LA SEMILLA DEL TIEMPO, publicado por TORREMOZAS, a su lado, un poco adelantada del resto y vestida de blanco está Paqui Pérez, gran lectora, se bebe los libros, escribe principalmente para el grupo, sin más pretensión que la de disfrutar; a continuación, por detrás y vestida de negro estoy yo; el fornido muchachote que se encuentra a mi lado es Roque Pérez Prados, del que ya he hablado anteriormente en este blog con ocasión de la publicación de su libro de relatos de terror VEINTE MANERAS DE BAJAR AL SÓTANO; a continuación vemos a Manuela Maciá, ilicitana como yo, escribe desde hace mucho tiempo, es autora de la antología de relatos NOSTALGIA DE PARÍS y próximamente saldrá al mercado su novela ETERNAMENTE HELENA; y por último “la jefa”, la presidenta de la Asociación, Mariángeles Salas, la que nos pone firmes, nos manda deberes, nos prepara las reuniones y mantiene vivo al grupo, escritora muy premiada, con obra publicada en varias antologías (en una coincidimos) y que próximamente publicará una de su sola autoría.
Como podéis suponer la obra que yo presenté a este particular concurso fue LOS PARÁSITOS DE LA CORDURA. ¿Que cómo quedé? Tercer premio ex aequo con Mercedes Tormo. Y me llevé un libro. Todo un lujo.