martes, 25 de agosto de 2009

LOS PARÁSITOS DE LA CORDURA

Se oyó un trueno ensordecedor y la anciana, sentada en la mecedora de mimbre con la cabeza echada hacia atrás, salió de su letargo con el rostro desencajado. Conocía muy bien aquel sonido y la potente luz que lo precedía. El mismo que cincuenta años antes se había encargado de arrancarle de los brazos a su pequeño hijo haciéndolo volar por los aires como una paloma púrpura, el mismo que la había dejado casi sin familia, sin hogar y sin sueños. El mismo. Hay cosas que no se olvidan, aunque el mundo gire y en cada vuelta trate de borrar sus errores. Hay recuerdos que se instalan en la mente como parásitos que van chupando de la cordura hasta acabar con ella.
Intentó levantarse, pero ya no era la mujer joven que corría hacia el refugio cada vez que sonaba una alarma. Ni siquiera la madre coraje que sacó adelante a la única hija que le quedó viva, que trabajó en el campo, en la fábrica, en la mina y si hizo falta en el burdel. Ahora era un conjunto de huesos rígidos cubiertos por una piel antigua y castigada, unos ojos opacos y una mente ida. Ésa era ahora. Una vieja triste a la que trasladaban cada mañana desde la cama a la mecedora y cada tarde desde la mecedora a la cama. Una anciana cuidada por una asistenta que en aquel momento no estaba en casa. La joven Paula le había dado permiso para que se marchara media hora antes. Ella volvía pronto de la universidad.
Se oyó un nuevo trueno, una nueva detonación, y la mujer, inmóvil desde hacía tres años, se agarró a los brazos de la mecedora y se puso en pie. El miedo es valiente. Avanzó unos pasos y cogiéndose a los muebles logró salir de la habitación. Ridícula y titubeante como un cómico ebrio. Tenía que proteger a su nieta. “¡Todos al suelo! ¡Las manos sobre la cabeza!”. La mente se le llenó de gritos, de frases pronunciadas por voces desconocidas. Consiguió alcanzar el dormitorio de Paula. No estaba. Quizás ella ya se hubiera escondido. Sí, seguro que se habría escondido, ella era una muchacha lista. Otro trueno terrible la obligó a flexionar las rodillas, fosilizadas a golpe de años y sufrimiento, y arrastrándose como un soldado en el campo de batalla consiguió esconderse debajo de la cama. Allí, a oscuras, con las manos unidas sobre la nuca y el corazón botando contra el suelo como una pelota de goma, notó que le faltaba el aire. Allí, bajo un somier de láminas y entre cuatro patas de madera se le acabó el oxígeno que almacenaba en los pulmones y su cuerpo volvió a agarrotarse. Esta vez para siempre.

Cinco minutos más tarde se abría la puerta de la casa y una voz excitada comenzaba a flotar en el ambiente. Era Paula.
—¡Abuela, vengo hecha una sopa! No te puedes ni imaginar la tormenta que se ha desencadenado en un momento, me ha cogido en plena calle y sin paraguas. ¡Abuela, abuela!... ¿Abuela?

Maribel Romero Soler.


25 comentarios:

Winnie0 dijo...

Maribel sólo te digo que me has puesto los pelos de punta. ¡qué humanidad y realidad encierra este relato!...¡qué bien he visto a esa anciana a través de tus palabras...¡qué recuerdos tan flotando en el aire para la pobre mujer!. Gracias por relatos como este. Besos

Maribel dijo...

Winnie, no nos podemos hacer una idea de la suerte que hemos tenido al nacer en un lugar y un momento histótico sin conflictos bélicos. La guerra es terrible y nadie sale indemne de ella, aunque salga vivo.
Gracias a ti por tus amables comentarios. Besos.

Maribel dijo...

Huy, Winnie, "histórico" quería decir. Y por supuesto me refiero a la asociación del momento con el lugar. Sé que, por desgracia, a día de hoy siguen abiertas muchas guerras en el mundo.

Mari Carmen dijo...

Realmente, vivir una guerra, tiene que ser de los más terribles recuerdos de una vida. Recuerdos anclados en lo más profundo del alma, imposibles de olvidar, las bombas, los gritos, el hambre...
En mi trabajo, estoy rodeada de ancianos que han vivido esa experiencia. No te imaginas las cosas que cuentan, cuántas familias destrozadas y cuántas mujeres como tu protagonista, se vieron obligadas a olvidar su dolor por sacar a sus hijos a delante.
Me encanta el relato, se nota que está escrito con el corazón.
Un abrazo.

Alicia dijo...

Buen trabajo Maribel, esto es una descripción al detalle y en toda regla de una situación que podría estar ocurriendo en alguna de las zonas mas desafortunadas del mundo.
¡Qué gran verdad es lo de que en la guerra todos pierden!
Afortunadamente mis dos abuelas, aunque nos contaron sus vivencias de guerra y postguerra, murieron atendidas por sus familiares ya en época de paz.
Besarkadatxu bat

Maribel dijo...

Mari Carmen, tu trabajo será muy enriquecedor. Cuando nos cuentan sufrimiento también sufrimos pero es toda una enseñanza conocer la historia de boca de personas que la han vivido.
No sé si el relato está escrito con el corazón, sólo he procurado ponerme en escena.
Un abrazo.

Maribel dijo...

Alicia, esta abuela de la historia también vivía atendida por su familia y en época de paz, pero tuvo una muerte desgraciada, víctima de sus propios fantasmas.
Un abrazo.

Lola Mariné dijo...

Hija, me has puesto los pelos de punta.
Es un relato espeluznate, muy bueno.
Besos.

Maribel dijo...

Ay, Lola, cómo son capaces ciertas vivencias de trastornar las mentes. En otra entrada explicaré por qué surgió este relato. Un abrazo.

Marien dijo...

Fantástico relato. Me ha encantado la naturalidad con que está escrito, y al final, sorpresa.
Me abono a tu blog definitivamente.
Besos

Maribel dijo...

Es todo un honor para mí, Marien. Mil gracias. Nos leemos.
Un abrazo.

B. Miosi dijo...

La anciana escuchaba la tormenta, los recuerdos vívidos de su hijo volando por los aires, la sensación de pérdida y de responsabilidad, esta vez por su nieta Paula, ¿hija de otro hijo? tal vez, pero al que tuvo que sacar adelante haciendo de santa y prostituta, ¡cuanta experiencia! todo arremolinado en su cuerpo paralizado y su mente llena de baches, pues la vejez va dejando marcas, lagunas, y la juventud no sabe de eso, como Paula, su nieta, que no sabía nada. Ella jamás se imaginaría la importancia de dejar a una acompañante 30 minutos más con su abuela. ¡Qué frialdad! llegaba de la calle quejándose de la lluvia! mientras la abuela trataba de cobijarla de las bombas bajo la cama. Dio su vida por sus seres queridos, y después, su muerte.

Me ha conmovido este relato, Maribel, tal vez porque he vivido de cerca los recuerdos de momentos tan tristes especialmente cuando escribí La búsqueda. Fueron días intensos, muy fuertes.

Besos,
Blanca

sergio astorga dijo...

Maribel, he leído varias veces tu relato y hasta hoy me atrevo a exponer mi comentario. El primer acierto, para mi gusto es el título, encierra una serie de asociaciones que de entrada, trascienden la anécdota que desarrolla, esto es, el planteamiento existencial entre la realidad que forma y deforma lo que llamamos cordura y, cómo la experiencia crea sus propias realidades aunque estas sólo estén evocadas por acontecimiento del pasado. Los Parásitos de la cordura, me parece un gran acierto, reitero, ya que es un titulo ambiguo y profundo que te permite confrontar al lector desde el principio y dependiendo de su lectura será la interpretación del relato. Te permite jugar con: 1- los parásitos (pensamientos, acontecimientos, prejuicios, nacionalismos, etc.) son los que te impiden tener cordura o 2 la cordura es un parasito que nos atrapa en una realidad sin poder salir de ella.

Una de las razones por la que me gustan la mayoría de tus relatos es que pueden tener dos lecturas: la lectura emocional y la lectura intelectual o conceptual. Escondes muy bien la trama y la desarrollas en la ambigüedad del conflicto (requisito clásico de un buen relato) y logras un final inesperado y rotundo y a la vez abierto a otra situación extrema.

Hay solamente un detalle que me molesta en el relato, discúlpame, es solo una percepción, que me gustaría compartir. En la segunda parte del relato que corresponde al segundo estallido -el personaje de la abuela lo has descrito muy bien en acciones- hay una opinión del narrador que me parece innecesaria para la limpieza del relato; es la siguiente: “El miedo es valiente” la abuela en ese momento se levanta de la mecedora y la propia acción y las que le anteceden trae implícita esa aseveración. Si fuera el personaje en un dialogo interior… mas la voz narrativa opina y no me agrada, ¿qué te parece?

En algún blog, no me acuerdo cual leí un comentario tuyo acerca de la sequedad y la aridez del trabajo creativo y solo te puedo decir que vas por muy buen camino, tratar de analizar cuáles son nuestros parásitos creativos y volverlos cómplices de la escritura sea tal vez un buen ejercicio.

Un abrazo no tan cuerdo.
Sergio Astorga

*el relato es muy bueno. Felicidades.

Maribel dijo...

Blanca, siempre me maravilla la interpretación que cada lector es capaz de dar a un texto. Para mí que tú le has dado un enfoque nuevo, dentro del horror que supone recordar una guerra y sus consecuencias, pero desde una óptica distinta. Quizás esos duros momentos escribiendo La búsqueda han primado en tu análisis. Te lo agradezco mucho. Besos.

Maribel dijo...

Blanca, me veo en la obligación de aclararte un poco más el comentario. Lo que me ha sorprendido de tu interpretación es esa frialdad que ves en la nieta, casi resulta culpable de lo que le ocurre a la abuela: llega quejándose de la lluvia mientras la vieja intenta protegerla de las bombas. ¿Debía la nieta saber algo? El problema está en ese desencuentro generacional y vital. La nieta ni se imagina lo que su abuela ha sufrido en la vida, quizás sea culpable de no esforzarse por saberlo, pero ella es una chica que ha nacido en época de paz y no puede ni sospechar lo que está ocurriendo en la casa mientras ella se moja en plena calle. No sabe que dejar sola 30 minutos a su abuela puede ser terrible. Sencillamente la nieta no sabe, no conoce, no se imagina, pero tú, con tu análisis, la culpabilizas de algún modo por no saber, no conocer, no imaginar..., y eso es lo que me ha sorprendido, porque quizás tengas razón y en realidad todos pasemos de puntillas por los verdaderos problemas del mundo.
Un abrazo.

Maribel dijo...

Sergio, debo decir que quedo gratamente sorprendida por tu comentario. Comenzamos con una coincidencia: a mí también me gusta mucho el título. Un título es importante, habla de lo que viene escrito detrás y puede ser capaz de seducir por sí mismo, y creo que Los parásitos de la cordura es un título que seduce y que de entrada invita a pensar y por supuesto a sumergirse en el relato. También es arriesgado que después el relato no esté a la altura del título.

Mira. Yo escribo de manera muy intuitiva, no trato de conseguir ningún efecto, trabajo vagamente las ideas y después me dejo llevar. Es después, a la hora del análisis, de la posterior lectura, de la interpretación que dais los demás cuando yo también veo, cuando descubro. Últimamente trato de escribir de manera más estudiada, creando efectos deliberados, usando un lenguaje intencionado, una comparación perfecta y créeme, sufro mucho y disfruto poco. La inocencia es necesaria.

No sé si te habrá ocurrido alguna vez, a la hora de escribir, que una frase se instala en tu cabeza y tienes que darle cabida en un texto. Yo te puedo asegurar que más de un relato mío ha nacido a raíz de una determinada frase. Una frase, en ocasiones, ha sido la desencadenante de una historia. Pues bien, curiosamente “el miedo es valiente” me gustó. Se metió en mi cabeza y me pareció una buena frase, paradójica, con impacto, contundente. A mí no me disgusta la frase en su contexto. El narrador no opina, el narrador sabe, el narrador sentencia. No pretendía con la frase dejar más claro lo que ya queda claro con las acciones de la abuela, pretendía colocar una frase con efecto y que a mí me gustaba, jajaja.

Verás. Este relato fue objeto de valoración por parte de un grupo de gente (ya lo explicaré en otra entrada). Hay quien me dijo que carecía de un final que sorprendiera y se hacía previsible. Alguien opinó que no le gustaba “como una paloma púrpura” (cuando hablo del niño en los brazos), otra persona me dijo que la comparación “ridícula y titubeante como un cómico ebrio” le parecía demasiado agresiva, jajaja. Bueno, también hubo críticas muy favorables.

De todas vuestras opiniones tomo buena nota y siempre que me hacéis una crítica constructiva (cosa que agradezco) como mínimo trago salivo y digo “glups, ¿tendrán razón? Yo creo que al relato le falta o le sobra algo y no sé si es la paloma púrpura, la abuela ridícula y titubeante o el miedo valiente. Quizás sea mi propio espíritu inconformista o la insatisfacción que normalmente me embarga, no lo sé, pero seguro que podía ser mejor texto. De todos modos, voy a ser sincera y te diré que quedé satisfecha con el resultado.

Gracias. Muchas gracias por tus palabras.

Un abrazo sin estudiar.

siempreconhistorias dijo...

Lo pasé muy mal.Me sentí esa vieja levantándose. Qué angustia.
Un beso.

Maribel dijo...

No me extraña, Izaskun. A la gente limpia de corazón, como tú, le resulta fácil contagiarse del sufrimiento ajeno. Siento haberte angustiado. Un beso.

B. Miosi dijo...

Maribel, creo que más que frialdad en la nieta es indiferencia, algo muy común en las personas que no han pasado en carne propia por situaciones paupérrimas, tristes, desoladoras o terribles.

Yo había escrito un comentario bien hecho, pero lo dejé en casa y volví sonre el cuento porque me enganchó. Puse el que leíste, pero en el primero te hablaba del título. Ahora veo que Sergio se me adelantó. Es un buen título, ¿te había dicho que para mí los títulos son tan importantes como la novela?

Besos! y ¡gracias por la publicación de la entrevista! aunque eso te lo digo en el otro post.

Blanca

Maribel dijo...

Blanca, como le decía a Sergio, para mí también es muy importante el título. Si un autor ya se calienta la cabeza buscando un buen título, es muy probable que su obra sea buena. Títulos. ¿Los elegimos antes o después de escribir los textos? Yo, siempre después. Tengo varias amigas que ya tienen el título de la próxima novela que van a escribir. ¿Te ocurre algo así? Yo necesito que el título me venga sugerido por la obra y no al contrario. Un buen tema, quizás, para desarrollar en un post. Un abrazo.

Juan Manuel Rodríguez de Sousa dijo...

He leído el relato, Maribel, está muy bien escrito. La verdad es que yo pienso que deberías alargarlo un poquitín, enseñar un poco la relación que tenía la anciana con el mundo actual... Y quitarle dramatismo, eso de que ella haya tenido que estar en un burdel, no sé, ya para mí es suficientemente dramático el estado en el que se encuentra comparado con el de antes.
En fin, sólo te estoy diciendo cómo me hubiera gustado más, y cómo yo, desde mi humilde punto de vista lo arreglaría.
Pero ahora tienes que ser tú la que decidas, que para eso eres la autora, y lo que tú quieras será lo mejor, seguro, y no sólo lo mejor, sino lo que debe de ser puesto que el relato es tuyo y de nadie más.
Claro que los lectores nos quedamos con un trocito, y por ese trocito que nos has ofrecido gratis, te doy las gracias.
Un beso,
Juanma

Maribel dijo...

Juanma, gracias por leer el relato y por expresar tu opinión. Fíjate que este relato me está dando muchas satisfacciones porque, como le decía a Sergio, fue objeto de valoraciones distintas y todavía lo está siendo y para mí vuestros puntos de vista son una interesante materia de estudio (y muy de agradecer, por supuesto).
Curiosamente, en las distintas apreciaciones, no habéis coincidido ninguno, bueno, miento, alguien también me dijo que el relato necesitaba más desarrollo y yo misma también lo creo, lo que ocurre es que lo escribí bajo presión, tenía un breve plazo para hacerlo (lo explicaré en otra entrada) y acababa de escribir una novela, o sea, que estaba con pocas ganas de extenderme.
En el resto de opiniones no hay acuerdo y eso hacer pensar en subjetividades más que en apuntes técnicos, pero te repito que son muy válidos para mí, te aseguro que lo tengo en cuenta todo.
Por ejemplo, me sorprende el exceso de dramatismo que tú ves, porque precisamente el exceso de dramatismo es algo que a mí me molesta en las narraciones y procuro evitarlo. Curioso ¿no? Yo trato de evitarlo y tú lo encuentras, jajaja. La literatura es muy grande y esa es su virtud.
Te explico mi intención. Cuando digo "...y si hizo falta en el burdel...", ni siquiera doy por hecho que trabajara en el burdel. ¿Hizo falta? No lo sabemos. Mi intención era la de poner de manifiesto de manera contundente la predisposición de una mujer valiente, de una madre coraje, a enfrentarse a todas las vicisitudes con el fin de sacar a su única hija adelante. Dejar un poco en el aire, y a criterio de cada lector, si trabajó o no en el burdel, pero si lo piensas bien no lo confirmo.
Si tienes tiempo me encantaría que leyeras el comentario de Sergio Astorga y cuál ha sido su impresión sobre el relato (también cambiaría algo) y por supuesto mi contestación.
Como le decía a él y te digo a ti, el texto ha sido analizado por varias personas y todos vuestros apuntes son fuente de aprendizaje para mí, por eso te doy mil gracias.
Un abrazo.

Triana dijo...

Cuanta ternura pero tambien cuanto drama en tantos miles de personas que tuvieron que vivir tantos horrores.

Eres fantástica Maribel. Me dastu permiso para subirlo a Trianarts?.
Poco a poco el verano se va yendo, los días son más cortos y voy retomando mis costumbres habituales, tengo mucho trabajo atrasado, pero intentaré ponerme al día con las entradas que me ido perdiendo.
Un abrazo.

Maribel dijo...

Permiso concedido, Triana. Ya sabes que es un honor par mí estar en Trianarts.
Creo que todos nos vamos poniendo las pilas ante el próximo otoño, aunque aún hace muuuuuucho calor.
Besos.

Triana dijo...

No me hables de calor, ha sido y está siendo aún el más espantoso de cuantos recuerdo en Sevilla.

Gracias por prestarme el micro, voy a ello.

Un beso grande