jueves, 16 de abril de 2009

NUNCA ES TARDE

Hacía dos años que me había separado de mi mujer cuando conocí a Loren. Jamás hubiese imaginado que podría volverme a enamorar, me encontraba bien en mi piel de soltero, tenía casa, coche, un buen trabajo y ganas de divertirme, pero el amor es así, caprichoso e insolente, y cuando te toca el alma sabes que no tienes escapatoria.
No pensaba contárselo a mi familia y amigos, descubrí que aquella increíble historia cobraba intensidad a medida que el secreto crecía, pero el brillo de mis ojos me delató. “¡Tú estás perdidito!”, me dijo mi madre, que para estas cosas tiene un olfato especial. “¿Eres feliz? Pues eso es lo que importa”, añadió, sin saber todavía que la tal Loren de la que le había hablado, no era en realidad ninguna Lorena, ni siquiera fan de Sofía Loren, sino Lorenzo.
¿Cómo se le puede decir a la madre que te parió que te has enamorado de un tío de uno ochenta y cinco con más músculos que Schwarzenegger? ¿Cómo se le puede explicar que en tu último viaje a Alicante el botones del hotel acabó desabrochándote los ídem del pantalón? ¿Cómo se puede explicar algo que ni tú mismo entiendes?

Fue al entrar al hall de aquel impresionante edificio cuando lo vi por primera vez e inmediatamente me cautivó —a pesar de que las chicas de recepción estaban de toma pan y moja—, sin embargo, incomprensiblemente, no podía dejar de mirarle a él. Era alto, moreno, con el cutis muy bronceado, ojos color miel, su atlético cuerpo se adivinada tras el riguroso uniforme gris, me sonrió y yo me derretí. Algo de aceite debió caer al suelo porque al instante se me acercó. “Me das las maletas”, dijo. Y yo se las di como si fuera un zombi y lo seguí como si fuera un perro y me quedé con la boca abierta como si fuera una muñeca hinchable.
En el ascensor me dijo su nombre, Loren, y yo le susurré que tenía unos ojos preciosos. Se ruborizó un poco. Durante el recorrido de las cinco plantas no dejamos de provocarnos con la mirada y de lanzarnos sonrisas intencionadas.
Llegamos a la habitación, 507, un número para no olvidar, y Loren dejó las maletas en el suelo. Me disponía a darle propina cuando puso su mano sobre la mía y me dijo: “no, por favor, mejor me invitas a una copa”. El contacto de aquellos dedos largos y fuertes con mi piel me produjo la misma sensación que una corriente eléctrica. Quedamos a las ocho de la tarde, cuando él acababa su turno. Eran las seis y me moría de ganas de volver a verle. Estaba ansioso por que transcurrieran de un plumazo esas dos horas y al mismo tiempo algo inquieto, tan sólo llevaba diez minutos siendo gay y no tenía ni idea de cómo transcurriría nuestro encuentro.
Me miré al espejo, me alboroté un poco el pelo para darle un toque más moderno, sustituí mi traje por unos vaqueros y una camisa blanca y rocié algo de perfume en mi cuello y en las muñecas. Por un instante pensé que aquello era una locura, jamás me había fijado antes en un hombre, yo había tenido tres novias y había terminado casándome con una cuarta, pero una cosa estaba clara, con las cuatro había fracasado. ¿Sería posible que estuviera saliendo del armario cuando ni siquiera sospechaba que alguna vez me había metido en él? Tenía que ser sincero con Loren, no podía engañarle, quizás esperaba algo de mí que no era capaz de ofrecerle, ni siquiera sabía si debía llevar yo la iniciativa o debía dejarlo a él, y si lo dejaba ¿hasta dónde podríamos llegar?
Me estaba poniendo muy nervioso cuando tocaron a la puerta. Me sobresalté como si hubiera sonado una alarma. Abrí y allí estaba él, sin el riguroso uniforme gris, con vaqueros y camisa blanca, como un alter ego. Me sonrió y yo le invité a pasar. Me preguntó qué quería beber. Se acercó al mini bar y me sirvió un güisqui con una de esas botellitas que parecen de juguete. Él se sirvió coca cola. Nos sentamos en la terraza, mirando el intenso azul del mediterráneo bajo la luz crepuscular. El corazón me botaba como un resorte. Decidí hablarle claro. Le dije que nunca había estado con un hombre, él me dijo que le ocurría lo mismo. Me quedé extrañado. “¿Qué nos ha pasado entonces?”, pregunté. Me miró a los ojos, me tomó la mano y dijo “No lo sé. ¿Qué te parece si vas poniendo el cartelito de “NO MOLESTEN” y lo averiguamos?”. Le obedecí. Y así nació, como tantas veces en una habitación de hotel, una historia de amor.

Maribel Romero Soler.
2º Premio I Concurso de Relatos Amorosos DO NOT DISTURB. 2008
Hotel Montíboli. Villajoyosa.

Añado una información que me acaba de llegar en un comentario:
El Hotel Montíboli convocó la segunda edición de este mismo concurso el pasado 15 de abril. Todos aquellos interesados en participar en el concurso de relatos "Do not disturb" pueden enviar sus obras por e-mail a montiboli@relaischateaux.com

Las bases están publicadas en www.montiboli.es

16 comentarios:

Alicia dijo...

Realmente el premio fue merecido. Me ha gustado mucho, sobre todo porque me gustán las historias con final feliz.
Divina y posiblemente una historia que podría ser real.
Un compañero de trabajo se acaba de jubilar, ya salido del armario.
Hace tres años celebramos la boda de la hija que tuvo de un matrimonio consecuencia de los tiempos o por el qué dirán, que fracasó como tal y afortunadamente prosperó como amistad.
El de la homosexualidad sigue siendo, a mi manera de ver, una opción no normalizada totalmente aunque se intente ir de progres y modernos.
Estará totalmente normalizada cuando en plena adoslescencia se puedan mostrar tal como son, sin riesgo de ningún tipo etiquetas ni burlas y cuando otros dejen de hacer "apología" de serlo.
En las aulas somos a veces testigos, a veces sólo lo podemos sospechar, de situaciones de discriminación entre iguales por este tema.Por cierto la mejor alumna, en todo, que he tenido en mis años de docencia es lesbiana, una médico escepcional y convive con la que fue su mejor amiga en bachiller que es sicóloga. Y yo he tenido la fortuna de vivir esta historia con final también feliz.
Me he vuelto a enrollar. ¡No tengo remedio!
Besarkadatxu bat

Winnie0 dijo...

Me ha encantado...merecedora de premio desde luego. Bonita, muy bonita historia hotelera...Besos

Pepi Llinares dijo...

Hola Maribel, el Hotel Montíboli convocó el pasado 15 de abril la segunda edición del concurso en el que quedaste el año pasado en 2º puesto.
Todos aquellos interesados en participar en el concurso de relatos "Do not disturb" que organiza el Hotel Montíboli pueden enviar sus obras por email a montiboli@relaischateaux.com. Las bases están publicadas en www.montiboli.es

Gracias por tu parcicipación en la convocatoria del año pasado. Pepi Llinares

Maribel dijo...

Me encanta que te enrolles, Alicia, porque siempre aportas vivencias interesantes. Yo creo que, aunque quede camino por recorrer, la homosexualidad hoy se está "normalizando" bastante. Los que lo tuvieron crudo son los de la generación de tu amigo, el que se tuvo que casar por el qué dirán. Pero tienes razón en eso de que hace falta aceptarlo desde la cuna, mientras un niño pequeño todavía vea a un homosexual (hombre o mujer) como un bicho raro, mal vamos.

Un beso.

Maribel dijo...

Hola Winnie0, me alegra siempre tu visita. Gracias. ¿Te animas a participar este año?

Besos.

Maribel dijo...

Gracias, Pepi. Ya he puesto la información en la entrada original de este blog para que todos los visitantes puedan verla y se animen a participar.

Saludos.

Halatriste dijo...

Me ha gustado enhorabuena por el premio, hay mucha gente que se reprimen y acaban pagándolo. Cada persona es como es y un mundo como leí por alguna parte, jejeje.
Besos

sergio astorga dijo...

Maribel, nunca es tarde y nunca es tan temprano para decirte que esta historia esta muy bien contada e intentar ver, al sumerte en el otro, en la posible sensación y las maneras de argumentar una situación en conflicto.
Tocas un punto medular en el contenido de las historias de amor, creo que sales esplendidamente librada, no vulgarizas, no dramatizas y remarcas el enamoramiento como un alumbramiento deslumbrante de sensaciones que nada tienen que ver con la oposición de los sexos.
El amor y sus riesgos, por el acartonamiento de la familia, que al final de cuentas es el núcleo de nuestra sociedad (greco-latina).
La homosexualidad es un punto, el más visible y polémico, mas yo añadriría que salir del closet o del armario de nuestras enmohecidas formas de ver el mundo está muy complicado porque existen varios llaveros, a saber.
Un abrazo que tarde es nunca.
Sergio Astorga

Maribel dijo...

Sí, Halatriste, pero no podemos ocultar por mucho tiempo quiénes somos, jajaja. Al final nos descubrimos.
Un abrazo.

Maribel dijo...

Sergio, gracias por tu interesante aportación, como siempre. Lo tuyo va más allá de lo estrictamente literario, nos regalas ciencia.

Un abrazo sin armarios.

Alicia dijo...

Maribel eres como ese granjero , cuyos productos eran todos los años los mejores del mercado, al que le preguntaron en qué consistía el secreto de su éxito. Tanto insistir e insistir, contestó que hacía lo posible por compartir al máximo con sus vecinos todo lo que sabía, pues era consciente que la polinización afectaba tanto a sus campos como a los adyacentes, y cuanto mejor era la cosecha de los demás, mejor era la suya.
En esta sociedad tan competitiva el compartir tu espacio con personas que suman, concentran unen, celebran……., en vez de restar, espiar, escudriñar, dividir es una fortuna.
Gracias de nuevo a ti y a l@s que pasan por tu blog, por pensar que la mejora de quién está cerca sólo puede traer beneficios.
Besarkadatxu bat

Maribel dijo...

Alicia, gracias por esa comparación tan hermosa con el granjero. Creo que la interpretación de los mensajes está estrechamente relacionada con la nobleza de quien los lee y tú me demuestras ser una persona muy noble.

Besarkadatxu bat.

LETRAWEB dijo...

Enhorabuena por el premio!
Me llevo el cuento para leerlo con detenimiento.
Gracias por la información que nos brindas.

Besos y Feliz fin de semana.
Bye bye

Maribel dijo...

Gracias, Martha. Feliz fin de semana también para ti, guapa.

Besos.

LETRAWEB dijo...

Hola:
Disfruté mucho con la lectura de tu relato, como manejas la historia desde el principio.
Tus entregas son siempre diferentes y en cada una desbordas un tema apasionante, que te atrapa hasta el fin.
Felicitaciones y feliz domingo.
Besos!
Bye bye

Maribel dijo...

Martha, me alegra saber que lo disfrutaste. Me gusta tocar todos los registros en la narración y sobre todo me encanta introducir ciertas dosis de humor en temas peliagudos. Desdramatizar el drama.

Besos y feliz domingo.