domingo, 1 de marzo de 2009

A VISTA DE PÁJARO


Me contaron del éxito de tus expediciones y no sabes cuánto me alegré. Desde muy pequeño mostraste una firme claridad de ideas. Recuerdo que a los cinco años ya te subiste a la mesa de la profesora de religión, y acabó levantándote el castigo cuando le explicaste que querías tocar el cielo. Después fueron las cabinas telefónicas, alguna farola, el techo de un autobús de dos pisos, incluso el campanario de la iglesia. Todos te consideraron un loco, un pirado que quería estar por encima de los hombres, caprichoso y rebelde. Todos menos yo, que siempre supe verte las alas. Cuando alcanzaste tu primera cima, una pequeña montaña de apenas seiscientos metros, me invitaste a salir. Teníamos dieciséis años. Estrené ropa y zapatos de tacón y por primera vez maquillé mis mejillas y puse color a mis párpados apagados pero no te diste cuenta, sólo cuando al llegar al campo me reprochaste que llevara tacones para pisar la hierba. Entonces me pediste que cerrara los ojos, “son más azules por fuera que por dentro”, comentaste burlón. Te obedecí ruborizada, y los cerré con tanta fuerza que me temblaron las pestañas, esperaba un beso, con los labios entreabiertos y el corazón al galope, pero en su lugar me cogiste de la mano y me guiaste unos pasos hacia delante. “Ábrelos ahora”, susurraste de pronto. El sol, como una bola de fuego, se escondía despacio tras la montaña en el único momento del día que nos permite mirarlo de frente y dibujaba, anaranjados, los contornos de los árboles como un pintor impresionista. Entonces comprendí que eras libre, que tu horizonte era diferente a la fina línea que todos vemos y me aparté.
No tardaste en marcharte del pueblo, fiel a tu sueño, y yo te seguí en la distancia, sin que lo supieras. Me contaron que cruzaste el océano para recorrer Chile y Argentina, siempre a vista de pájaro, que estuviste por Europa, y que finalmente, con poco más de veinte años, llegaste al Himalaya. Tú, el niño pequeño que trepaba ilusionado por todos los muebles de la casa, el chaval solitario que perdía las horas tumbado sobre la hierba observando la puesta de sol, has coronado la cima del Everest, y aunque ya no puedas venir a contármelo sé que has sido, en la Tierra, el hombre más feliz de las nubes.
...
Maribel Romero Soler.

25 comentarios:

siempreconhistorias dijo...

¡Qué ternura, Maribel! Es precioso el relato.
Un abrazo.
Izaskun

sergio astorga dijo...

Maribel, ya estoy a repetirme, que en vez de molestarme, tengo ue decirte: me agrada constatar un buen texto.
Dices sin decir, sugieres sin revelar, el texto ocurre sin recurrir a efectos gastados por el uso;tus personajes tienen una fina psicología, se dan cuenta o del paso del tiempo o de los signos de las circunstancias y actuan con natural delicadeza:"tu horizonte era diferente a la fina línea que todos vemos y me aparté". aquí un ejemplo de reacción-acción. Tener y saber soltar ya va siendo una caractrística de tus personajes. Enlazas muy bienes los planos temporales y discurres, sin sobresaltos y terminas pulcramente.
Otro texto excelente.
Un abrazo encumbrado.
Sergio Astorga

Lola Mariné dijo...

Es un relato muy tierno, Maribel, y muy bien contado.
Los primeros amores nunca se olvidan.
Un beso, guapetona.

Maribel dijo...

Izaskun, me gusta la palabra ternura. Toda tú eres ternura. Gracias.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Sergio, de verdad que te agradezco que te tomes la molestia de, no solo leer, sino analizar. Y sobre todo te agradezco que después de tu análisis te guste el resultado.

Un abrazo en las nubes.

Maribel dijo...

Lola, supongo que así es, que para bien o para mal nunca se olvidan. Gracias.

Un abrazo.

Nerina Thomas dijo...

Cuanta belleza toda junta!!! Admiro tu escrito. Le ha puesto ese color de tus ojos mas azules por dentro que por fuera y ese tinte de los sentimientos.
un abrazo amiga!1 desde Argentina donde ha llegado el que ha volado!!

Maribel dijo...

Gracias, Nerina, me alegra que te guste. Un abrazo.

Winnie0 dijo...

Bellísimo. Pero que bellisimo. Un placer leerte hoy. Besos.

Maribel dijo...

Winnie0, muchísimas gracias por volver y por tus amables palabras. Un abrazo.

Alicia dijo...

¿Qué es poesía? Maribel poesía en estado puro es este relato en prosa. Precioso, bien hilado, la naturaleza como testigo y yo cerrando los hojos me imagino esa linea del horizonte tan bien marcada como cada una de tus palabras. Felicidades.
Besarkadatxu bat.

Alicia dijo...

Creo que he cerrado demasiado los ojos y se me ha resbalado una "h" en el comentario anterior. No tengo perdón.

Maribel dijo...

Jo, Alicia, qué bonito lo que me dices, gracias, de verdad. Y no te preocupes por la "h" porque si no me lo comentas ni me había fijado, jajaja. Por lo visto también cerré mucho los ojos. Además ¿la "h" no es ciega? ¿O es muda?

Besos.

B. Miosi dijo...

Maribel, al empezar a leer me pareció que era una carta, pero al leer el final... supe que era un monólogo, un recuerdo de añoranza, hacia alguien que no volverá más.

La chica recuerda al amigo, y reconoce que pese a que ella se sentía enamorada, comprendió que él debía irse a realizar sus sueños: escalar, escalar a lo más alto, como si fuese un ángel y tuviera alas.

Me han gustado las imágenes, y la manera tan nítida de plasmarlas. Todo el cuento resume ternura, estoy de acuerdo.

Besos,
Blanca

Maribel dijo...

Blanca, la narración en segunda persona roza siempre el género epistolar, aunque nunca nos llegue una respuesta. Entonces se convierte en monólogo, en reflexión, en recuerdo, en pensamientos en voz alta...

Me gusta tu análisis. El amor conlleva muchas renuncias y no todo el mundo sabe renunciar, el que lo consigue quizá sea el que más ame aunque resulte el menos correspondido, no lo sé, esto es complicado.

Muchas gracias por tu comentario, amiga.

Besos.

Roque Pérez Prados dijo...

He hallado en este relato una prosa de muchos quilates. Rezuma sensibilidad, belleza y sobre todo ritmo. Ese ritmo que te lleva a lo largo de la exposición, y que no te suelta. Para terminar, rematas con un final casi circular, haciendo alusión a los primeros párrafos.

Enhorabuena, Maribel.
Y gracias por visitar mi humilde sótano.

Jaclo dijo...

¡Qué maravilla, que el recuerdo de unos ojos, sea más bello aún que su contemplación!
Un saludo

Triana dijo...

Maribel, si resumo todos los comentarios, en los que coincido por completo, solo puedo decir, que enmudezco ante la belleza hecha palabras que sale de tu pluma.

Por eso mejor no digo nada más, solo gracias por este nuevo regalo.

Un abrazo fuerte.

Maribel dijo...

Te agradezco tus palabras, Roque, y si te soy sincera me sorprendéis, éste es un breve relato que escribí casi como ejercicio literario y es muy simple, supongo que lo endulzan algunas pinceladas de ternura o sensibilidad, como han repetido en otros comentarios. Muchas gracias por tu opinión que para mí es muy valiosa.

Y es un placer bajar a tu sótano.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Hola Jaclo. A veces los recuerdos son más bellos que la propia vivencia que se recuerda. Yo creo que de ahí proviene la frase de que "cualquier tiempo pasado fue mejor", porque lo contemplamos desde el recuerdo. Gracias por tu visita. Saludos.

Maribel dijo...

Triana, pues a mí también me dejas sin palabras, y por eso no digo más que GRACIAS, AMIGA.

Un abrazo.

Incongruente dijo...

Aparte de lo bien escrito que está tu relato, yo no encuentro en él esa añoranza a aquel primer amor, sino una sana envidia a la capacidad de libertad de un amigo, que dejas claramente definida en esa frase: "Todos menos yo, que siempre supe verte las alas".
Sí, para mí es un poema en prosa a la libertad y me gusta como lo has enfocado.

Maribel dijo...

Hermosa palabra: libertad. Pues sí, yo creo que en el fondo este texto es un canto a la libertad. Muchas gracias, Alejandro.

Felisa Moreno dijo...

Escribes muy bien Maribel, no sé que más añadir a todo lo que se ha dicho, sólo que sigas, que nunca lo dejes.

Un abrazo

Maribel dijo...

Muchas gracias, Felisa, seguiremos adelante sin rendirnos (y eso también va por ti). Un abrazo.