martes, 30 de septiembre de 2008

HOMENAJE

Había estrenado una brillante túnica negra y el filo de la herramienta lucía como una gargantilla de oro. Todo era poco para el momento que se disponía a vivir. Qué curioso, la muerte se disponía a vivir un momento. Sacó un espejo de algún bolsillo secreto y se miró vanidosa, como una estrella de cine a la que todos admiran. Había seleccionado a ciento cincuenta y tres. Ciento cincuenta y tres vidas segadas por una guadaña incansable, muy vieja, pero afilada siempre para cada nueva ocasión. Encaramada a lo alto del avión era imposible ser vista, parecía un elemento más de la decoración del fuselaje, una elegante huella negra pintada por la mano de algún artista moderno. Hacía tiempo que no se sentía tan feliz, sin embargo algo ocurría. El avión debía haber partido ya, así entraba en sus planes. Se deslizó por el frío metal como una serpiente escurridiza y se asomó con mucho cuidado por el enorme ventanal de la cabina. El comandante estaba preocupado. Diantres, la muerte no contaba con eso. ¿Acaso la habría visto? Sería imperdonable, precisamente su mayor virtud consistía en manejar el factor sorpresa como nadie. Debía actuar con naturalidad, no levantar sospechas. Siguió deslizándose por el exterior del cuerpo del avión y a través de varias ventanillas leyó distintos mensajes de móviles: “Avería… retraso… un problema en el avión… nos cambiarán de aparato…”. No podía permitirlo. ¿Qué ocurría? Intentó serenarse, lo mejor era no perder la calma, sentía enormes impulsos de llorar solo con pensar que su plan podía irse al traste. Volvió a ubicarse en lo alto del avión con la túnica extendida como una mancha de petróleo en el océano y esperó pacientemente. Todo volvió a la normalidad y apenas una hora más tarde el avión despegó. De nuevo era vencedora. Ciento cincuenta y tres vidas sembraron de horror un improvisado bosque en llamas. Algunos testigos dicen que vieron volar una especie de pájaro por encima de aquella escena dantesca, un buitre negro o un gran cuervo con las alas extendidas y dicen también que emitía sonoras carcajadas.

sábado, 27 de septiembre de 2008

LO PROMETIDO ES DEUDA

Al finalizar la última encuesta de este blog sobre Premios Nobel de Literatura prometí dedicar una entrada al poeta y ensayista mexicano Octavio Paz (1914-1998), que recibió el preciado galardón en 1990. Unos años antes, en 1981, había recibido el Premio Cervantes y unos años más tarde, en 1993, el Príncipe de Asturias. Son solo algunos de los reconocimientos que este escritor comprometido obtuvo durante su vida. Nieto del también escritor Irineo Paz, fue en la biblioteca de su abuelo donde comenzó a familiarizarse con las obras culturales más representativas. Publicó su primer poema a los 17 años y a partir de ese momento su proceso de creación se vio plasmado en diversas revistas literarias. Su obra es principalmente poética y ensayística.

Entre Irse y Quedarse

Entre irse y quedarse duda el día,
enamorado de su transparencia.

La tarde circular es ya bahía:
en su quieto vaivén se mece el mundo.

Todo es visible y todo es elusivo,
todo está cerca y todo es intocable.

Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz
reposan a la sombra de sus nombres.

Latir del tiempo que en mi sien repite
la misma terca sílaba de sangre.

La luz hace del muro indiferente
un espectral teatro de reflejos.

En el centro de un ojo me descubro;
no me mira, me miro en su mirada.

Se disipa el instante. Sin moverme,
yo me quedo y me voy: soy una pausa.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

EJERCICIOS SOBRE CIERTAS "COSAS"

¡Qué cosas! Hace varios meses ya dedicaba una entrada a la “cosa” y venía a decir algo así como que la palabra “cosa” en literatura no existe porque denota pobreza léxica (se puede leer el artículo en las entradas de ABRIL). A pesar de ello me apetecía ahondar en el tema porque si hay un término socorrido en el lenguaje, tanto oral como escrito, y que nos salva de muchas lagunas mentales éste no es otro que la “cosa”. ¿Quién no ha tenido alguna vez muchas “cosas” que hacer? ¿Quién no ha llamado a un amigo para contarle una “cosa”? ¿Quién no ha bajado a la tienda a comprar un par de “cosas”? ¿Quién no ha experimentado que el amor es una “cosa” muy grande? Tanto queremos a la “cosa” que a veces, incluso, la familiarizamos y pasamos a denominarla “cosilla”, “voy a hacer un par de cosillas”, pero no nos engañemos, la “cosilla” no deja de ser “cosa”.
Pues bien, aunque nos pese, si queremos dar estilo a nuestro escrito deberemos prescindir de nuestra amada “cosa” o usarla lo menos posible, es decir, cuando no tengamos otra “cosa” que decir. Hay una serie de ejercicios que nos pueden ayudar a mejorar el lenguaje, a ampliar el vocabulario y a dar estilo a nuestros textos. Son tan simples como sustituir la palabra “cosa” de determinadas frases por términos más precisos. ¿Alguien se anima?

La envidia es una cosa vergonzosa.
Una sola cosa me preocupa.
Salir de viaje es una cosa necesaria.
¡Qué cosas tienes!
Te diré una cosa: me gustas mucho.

Pero no es la “cosa” la única “cosa” que debemos evitar. No perdamos de vista al verbo “hacer”, otro amigo incondicional de nuestra pereza lingüística. El dichoso verbo nos persigue desde que nos proponemos hacer un huevo frito, hacer ejercicio cada mañana, hacer un jersey de lana, hacer la compra o hacer una carrera universitaria. Demasiadas “cosas” para “hacer”. ¿No os parece?

domingo, 21 de septiembre de 2008

MENSAJE NÚMERO UNO. ASTER NAVAS

Hoy me quedo con este breve texto de Aster Navas, escritor muy laureado que, como él mismo afirma, cada vez se encuentra más atraído por el microrrelato, minicuento o hiperbreve, como queramos llamarlo. La verdad es que sus creaciones son frescas, ingeniosas y sorprendentes. Para muestra un botón.


Hay aparatos fascinantes. Tal vez el más fascinante de todos sea el contestador automático. Ayer llamé por error a mi propia casa. Cinco tonos después me escuché a mí mismo lamentándome por no poder atenderme y sugiriéndome –ya saben- que me dejara un mensaje al oír la señal. No parecía mi voz. Me avergonzó su tono, su fingida cordialidad, el sinsentido del enunciado y no pude menos que llamarme “capullo” después del pitido. Desde ese día –soy muy sensible- mi contestador lo atiende una señorita de Telefónica. Cada vez telefoneo más a menudo a mi domicilio: me excita tanto imaginar su voz quebrando el silencio del piso vacío que me atrevo a hacerle las proposiciones más indecentes. Ella –es tan seria- se queda muda.

jueves, 18 de septiembre de 2008

CUANDO AFLORA LA MELANCOLÍA

Este poema nació en uno de esos momentos. Cuando aflora la melancolía. Después creció, le fui añadiendo versos y con él participé en un certamen provincial de poesía en el que obtuve un accésit. Se encuentra publicado en el libro que recopila todos los poemas ganadores y finalistas de varias ediciones del concurso. Aquí os lo presento en la versión corta, tal y como surgió, sin añadidos, incluso sin título.


He dejado de existir para el amor,
transmutando el arco iris en el luto.
No consigo estremecerme ni disfruto
con un beso o el aroma de una flor.

Todo jugo de mi ser sabe a dolor
derramado en multitud de primaveras
maquillado por palabras lisonjeras
que responden a la estampa del honor.

El veneno que me diste cada día
implacable y sin piedad hizo su mella
y me apago como el brillo de una estrella,
sumergida en podredumbre y agonía.

Y vagando por doquier como alma en pena,
me consumo, me retuerzo y me derrito,
me rebelo y azarosamente grito
sin dejar de soportar esta cadena.

Apostada en el borde del abismo
no recibo solamente sinsabores
como bien muerta que estoy recibo flores,
tulipanes o jazmín me dan lo mismo.

Y si ves sobrevolar mil mariposas
que me liban como al néctar de una flor
no te olvides que expiré para el amor
y los muertos merecemos estas cosas.

lunes, 15 de septiembre de 2008

BREVES APUNTES SOBRE EL USO DEL INFINITIVO

Los verbos nos traen de cabeza, es fácil cometer cualquier tipo de incoherencia, desajuste o falta de concordancia con los tiempos verbales. Si comenzamos un texto diciendo: “Era una joven hermosa, con una sonrisa fascinante, tenía el cabello oscuro y los ojos claros”, ¿queremos decir que ya no es hermosa ni se ríe, se ha teñido el pelo de rubio y se ha puesto lentillas? ¿O sencillamente estamos narrando en pasado y por tanto debemos ser coherentes con este tiempo verbal? ¿Era y ya no es o era y es? A veces surgen verdaderas dudas.
El infinitivo, o forma no personal del verbo, nos da menos problemas y lo usamos con mayor tranquilidad, sin embargo hay un par de errores habituales en su empleo que quizás provengan del lenguaje oral, ya que cometemos más deslices en el lenguaje hablado que en el escrito. Se trata del uso del infinitivo en lugar del imperativo. Sería incorrecto decir: “Salir de ahí cuanto antes”, sería correcto decir: “Salid de ahí cuanto antes”.
Cuando damos una orden con negación es muy fácil meter la pata. No sería correcto decir: “No armar jaleo”, “no subir esas escaleras”, “no entrar a esa habitación”, “no correr tanto”. Correcto sería: “No arméis jaleo”, “no subáis esas escaleras”, “no entréis a esa habitación, “no corráis tanto”.
Para andar por el buen camino, quizás deberíamos comenzar por evitar su mal uso en los famosos rótulos que con frecuencia leemos en muchas salas de espera, comercios, oficinas o cualquier organismo público, del tipo de NO FUMAR, NO HACER RUIDO, NO ENTRAR… y cambiarlos por los correctos NO FUMEN, NO HAGAN RUIDO o NO ENTREN.

viernes, 12 de septiembre de 2008

LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL




La literatura infantil y juvenil viene pisando fuerte. Los chavales son buenos lectores y potenciales consumidores en el futuro de todo tipo de libros. Parece ser que las novelas que más se venden en este momento son las juveniles y es porque, en realidad, abarcan a un público generalista. ¿Qué adulto no ha leído alguna vez un libro para jóvenes?
En este caso tengo en mis manos un libro para niños, CUENTOS DEL MURCIÉLAGO GOLOSO. Se trata de una colección de ocho cuentos más un prólogo que bien podría ser —que lo es por su bonito desarrollo— otro cuento más. Los responsables de este libro son un grupo de autores LIJeros que, como bien dice en la contraportada del libro, no es una falta de ortografía sino el acrónimo de LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL. Entre estos autores se encuentra una amiga y compañera, Mercedes Tormo, con su cuento “La capa del príncipe Rastopoff”, de corte clásico, pero puedo asegurar que todas las historias me han parecido fantásticas, de verdad que he disfrutado con su lectura. Las ilustraciones, a cargo de María Sierra Varo, son frescas, sencillas y divertidas, parecen salidas de la mano de un pequeño artista. Creo que es de justicia que mencione a todos estos autores LIJeros y que además los felicite. Buen trabajo, chicos.

Raquel Míguez, Mercedes Tormo, María Sierra Varo, María-Isabel Redondo, Santiago Gallego, Esperanza Fabregat, Clara Redondo y Ángela Ruano.

jueves, 11 de septiembre de 2008

EL MICRORRELATO SIGUE DANDO FRUTOS

He de confesar que este breve género literario me está dando últimamente muchas satisfacciones. En esta ocasión he resultado seleccionada en el "I Concurso de Microrrelatos sobre Abogados" convocado por el Consejo General de la Abogacía Española y la Mutualidad de la Abogacía, una apuesta divertida y no exenta de dificultad, ya que en menos de ciento cincuenta palabras, e incluyendo obligatoriamente las siguientes: bloque, sistema, soledad, piraña y zoquete, los autores debíamos desarrollar una pequeña historia en la que, lógicamente, la figura del abogado o del Derecho en general estuvieran presentes.

Tengo además la satisfacción de compartir la condición de seleccionada con una estupenda escritora y amiga, Fátima Fernández Mendez, autora de género infantil y juvenil, poeta y, como no puede ser de otro modo en este oficio, incansable malabarista de las letras.

Podéis leer aquí el microrrelato ganador, muy bueno por cierto, y los seleccionados.

lunes, 8 de septiembre de 2008

¿QUÉ ES EL PLAGIO?

Son muchos los autores que temen que sus obras sean copiadas, puedan ser objeto de apropiación indebida o sencillamente de robo, y por esta razón no suelen participar en certámenes literarios, se muestran recelosos a la hora de enviar manuscritos a editoriales o prescinden de colgar textos en un medio de difusión tan poderoso y sin fronteras como es Internet. Pero ¿qué es el plagio? ¿Estamos protegidos jurídicamente contra el plagio?
De todas las definiciones que intentan explicar el concepto de plagio, en cuanto a literatura se refiere, me quedo con la que viene a decir algo así como que “es plagio todo aquello que no podríamos escribir si no lo hubiésemos leído antes”. Un ejemplo ayudará a aclarar esta aseveración. Si yo comienzo el capítulo de una novela con frases del tipo “Era un bonito día de primavera”, “La nieve caía lenta cubriendo con su manto blanco toda la pradera”, “El viento soplaba enfurecido agitando las ramas de los árboles”…, posiblemente a más de un escritor se le pudieran ocurrir las mismas frases y yo no podría demandarles por plagio, sencillamente porque la primavera tiene días bonitos, la nieve es blanca y el viento sopla con fuerza. En este caso no ocurriría más que otros autores estarían utilizando, al igual que yo, frases tópicas, términos de uso o conceptos universales y muy poco “originales”. Sin embargo, yo no podría escribir el primer párrafo de un capítulo de El Quijote o de La Sombra del Viento si no lo he leído antes. Es en este segundo caso cuando hablamos de plagio.
Es habitual, e irrisorio de paso, que el que plagia utilice prácticamente el texto íntegro del autor plagiado, pero cambiando los escenarios geográficos donde se desarrolla la historia, los nombres de los personajes o una pequeña e insignificante pincelada de la trama. Copian todos, desconocidos y famosos. Y nos preguntaremos por qué. En mi opinión el problema estriba en no concebir la propiedad intelectual como verdadera propiedad. Hay que empezar por tener conciencia de que apropiarse de la obra nacida del intelecto de otro es robar. Del mismo modo se roba un texto literario que se roba un coche. ¿Por qué parece, sin embargo, tan simple y tan impune lo primero? El ladrón de obras literarias puede ser un intelectual, una persona respetable en todos los ámbitos, alguien incapaz de forzar la puerta de un chalé o sencillamente de robar un bolso —eso se lo dejaría a los delincuentes, pensando lógicamente que él no lo es—, sin embargo, debe tener claro que cuando copia una obra literaria propiedad de otro, para lucrase con ella en perjuicio del verdadero autor, está cometiendo un delito, tipificado en nuestro Código Penal y castigado con penas de prisión que oscilan entre los seis meses y los dos años. Consideremos la propiedad intelectual como lo que es, parte del patrimonio de una persona, y del mismo modo que no robaríamos un coche o desvalijaríamos una vivienda tampoco disponemos de libertad ni impunidad para robar el resultado de la creación ajena, protegida desde el mismo momento de su nacimiento por la Ley. Por favor, seamos originales: plagios no.

viernes, 5 de septiembre de 2008

INSOMNIO

El niño se tumbó en el diván tal y como le había indicado el psiquiatra.
—¿Cuántos años tienes?
—Doce.
—¿Y dice tu padre que llevas tres años sin dormir?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque la noche del accidente, cuando mamá salió de casa para acudir a aquella cena de trabajo, me dijo: “dame un beso chiqui, cuando regrese ya estarás dormido”. Y yo le contesté: “ni hablar, no pienso dormir hasta que vuelvas”.

martes, 2 de septiembre de 2008

FELICIDADES NERUDA

En la última encuesta que colgué en el blog preguntaba quién era vuestro Premio Nobel de Literatura. Camilo José Cela, José Saramago, Octavio Paz y Pablo Neruda fueron las cuatro opciones que ofrecí, todos ellos escritores en lengua castellana y elegidos al azar, sin ningún tipo de intencionalidad.
Debo confesar que no he conseguido acabar de leer ningún libro de Cela (seguramente elegí muy mal los títulos); que conozco poco la obra de Octavio Paz (ahora estoy indagando más y creo que es apasionante, prometo un poema suyo en una próxima entrada), y que si de mí hubiera dependido se habría colgado los laureles Saramago. Me encanta. Es un escritor de una prosa muy inteligente, llena de ironía y no falta de sabiduría y belleza. Sin embargo el ganador ha sido Ricardo Eliezer Neftalí Reyes Basoalto, más conocido como Pablo Neruda, otro escritor de bandera, un verdadero icono de mi época de adolescencia, conocido siempre hasta para quienes no le conocen ni han leído nunca nada suyo. Por tanto ¡Felicidades Neruda! Es de justicia dedicar esta entrada a alguna de sus composiciones.

AL PIE DESDE SU NIÑO

El pie del niño aún no sabe que es pie,
y quiere ser mariposa o manzana.

Pero luego los vidrios y las piedras,
las calles, las escaleras,
y los caminos de la tierra dura
van enseñando al pie que no puede volar,
que no puede ser fruto redondo en una rama.
El pie del niño entonces
fue derrotado, cayó
en la batalla,
fue prisionero,
condenado a vivir en un zapato.

Poco a poco sin luz
fue conociendo el mundo a su manera,
sin conocer el otro pie, encerrado,
explorando la vida como un ciego.

Aquellas suaves uñas
de cuarzo, de racimo,
se endurecieron, se mudaron
en opaca substancia, en cuerno duro,
y los pequeños pétalos del niño
se aplastaron, se desequilibraron,
tomaron formas de reptil sin ojos,
cabezas triangulares de gusano.
Y luego encallecieron,
se cubrieron
con mínimos volcanes de la muerte,
inaceptables endurecimientos.

Pero este ciego anduvo
sin tregua, sin parar
hora tras hora,
el pie y el otro pie,
ahora de hombre
o de mujer,
arriba,
abajo,
por los campos, las minas,
los almacenes y los ministerios,
atrás,
afuera, adentro,
adelante,
este pie trabajó con su zapato,
apenas tuvo tiempo
de estar desnudo en el amor o el sueño,
caminó, caminaron
hasta que el hombre entero se detuvo.

Y entonces a la tierra
bajó y no supo nada,
porque allí todo y todo estaba oscuro,
no supo que había dejado de ser pie,
si lo enterraban para que volara
o para que pudiera
ser manzana.