lunes, 31 de marzo de 2008

PRIMERO DE ABRIL

Marzo ventoso, abril lluvioso...

No cabe duda de que el mes que nos acaba de abandonar ha hecho honor al refrán, si el que estrenamos hoy también resulta ser fiel al dicho popular ya podemos ir preparando los paraguas.

Acabé el tercer mes del año con un poema de José-Angel Buesa y comienzo el cuarto con otro, y es que este hombre me gusta mucho ¡qué le vamos a hacer!

TE ACORDARÁS UN DÍA...

Te acordarás un día de aquel amante extraño
que te besó en la frente para no hacerte daño.
Aquel que iba en la sombra con la mano vacía
porque te quiso tanto... que no te lo decía.

Aquel amante loco... que era como un amigo
y que se fue con otra para soñar contigo.
Te acordarás un día de aquel extraño amante
profesor de horas lentas con alma de estudiante.

Aquel hombre lejano... que volvió del olvido
sólo para quererte... como nadie ha querido.
Aquel que fue ceniza de todas las hogueras
y te cubrió de rosas sin que tú lo supieras.

Te acordarás un día del hombre indiferente
que en las tardes de lluvia te besaba en la frente.
Viajero silencioso de las noches de estío
que miraba tus ojos, como quien mira un río.

Te acordarás un día de aquel hombre lejano,
del que más te ha querido... porque te quiso en vano.
Quizás así de pronto... te acordarás un día
de aquel hombre que a veces callaba y sonreía.

Tu rosal preferido se secará en el huerto
como para decirte que ese hombre se ha muerto.
Y él andará en la sombra con su sonrisa triste
y únicamente entonces sabrás que lo quisiste.

Feliz primero de abril.

BUESA, OTRO DESCUBRIMIENTO

Debo ser algo ignorante en el género poético (además de en otras muchas cosas), porque hasta que no descubrí el Poema de la Culpa nunca había oído hablar del poeta cubano José-Angel Buesa.

El poema lo conocí a través de un Chat literario que frecuentaba hace años y me pareció bellísimo. A partir de ese momento indagué en la vida del autor, y después en el resto de su obra poética.

Aquí os lo dejo para que disfrutéis:

EL POEMA DE LA CULPA

Yo la amé, y era de otro, que también la quería.
Perdónala, Señor, porque la culpa es mía.

Después de haber besado sus cabellos de trigo,
nada importa la culpa, pues no importa el castigo.

Fue un pecado quererla, Señor,
y, sin embargo mis labios están dulces por ese amor amargo.

Ella fue como un agua callada que corría...
Si es culpa tener sed, toda la culpa es mía.

Perdónala Señor, tú que le diste a ella
su frescura de lluvia y esplendor de estrella.

Su alma era transparente como un vaso vacío:
Yo lo llené de amor. Todo el pecado es mío.

Pero, ¿cómo no amarla, si tú hiciste que fuera
turbadora y fragante como la primavera?

¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío
sobre la yerba seca y ávida del estío?

Traté de rechazarla, Señor, inútilmente,
como un surco que intenta rechazar la simiente.

Era de otro. Era de otro que no la merecía,
y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía.

Era de otro, Señor, pero hay cosas sin dueño:
las rosas y los ríos, y el amor y el ensueño.

Y ella me dio su amor como se da una rosa,
como quien lo da todo, dando tan poca cosa...

Una embriaguez extraña nos venció poco a poco:
Ella no fue culpable, Señor... ¡ni yo tampoco!

La culpa es toda tuya, porque la hiciste bella
y me distes los ojos para mirarla a ella.

Sí. Nuestra culpa es tuya, si es una culpa amar
y si es culpable un río cuando corre hacia el mar.

Es tan bella, Señor, y es tan suave, y tan clara,
que sería pecado mayor si no la amara.

Y por eso, perdóname, Señor, porque es tan bella,
que tú, que hiciste el agua, y la flor, y la estrella,
tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre,
tú también la amarías, ¡si pudieras ser hombre!

domingo, 30 de marzo de 2008

OS RECOMIENDO UN LIBRO

Últimamente me ha dado por leer literatura escrita en valenciano. Aunque conseguí una buena lista de títulos conocidos que habían sido publicados en la nostra llengua, finalmente opté por pasearme por la biblioteca, examinar sus estanterías y elegir sobre la marcha. No es difícil encontrar libros en valenciano y una forma de localizarlos es precisamente buscando editorial. En mi caso busco BROMERA y sé que detrás de ese nombre comercial encuentro un libro interesante (de paso le hago publicidad a la editorial, aunque no la merece porque rechazaron publicar un libro mío).
Pues bien, el último libro que he leído se titula EL TANGO DE L'ANARQUISTA, fue "Premi Enric Valor de Novel.la", y su autor es Albert Hernàndez i Xulvi.
Es un libro magnífico, no se trata de una historia más sobre la Guerra Civil española, en él se mantienen varios frentes abiertos, desde el final de la contienda con sus consecuencias para el bando perdedor, hasta la búsqueda de una nueva vida por parte de los vencidos con otra serie de consecuencias. En este libro la tragedia es protagonista, pero la tragedia con mayúsculas y basada en hechos absolutamente reales y constatables. Es una historia que mezcla sentimientos, supervivencia, dolor y venganza. Me ha encantado, os lo recomiendo.
Felicidades Albert.

sábado, 29 de marzo de 2008

FELICES LOS NORMALES

No es que yo sea vieja, pero puedo asegurar que en mi adolescencia no existía el e-mail.
Lo que estaba de moda en aquellos momentos, sobre todo para los que amábamos escribir, era precisamente eso: escribir, pero escribir en un folio en blanco, introducirlo en un sobre y enviarlo por correo con su correspondiente sello.
En aquella época me carteaba con un chico cubano. Nuestra amistad duró años y fue hermosa, y no sé exactamente el porqué de su final.
Luis, que así se llamaba y Dios quiera que se siga llamando, me escribía hermosos poemas, bonitos pensamientos... Un día recibí éste, FELICES LOS NORMALES, y me fascinó. No me decía su autor e incluso pensé que podía ser suyo, aunque nunca tuve el valor de preguntárselo.
Se convirtió en mi poema de cabecera, en mi plegaria, mi canto... Lo memoricé sin darme cuenta y acudía a mi mente con frencuencia.

Hoy, a través de Internet, he descubierto que se trata de un poema de un autor cubano, Roberto Fernández Retamar, y lo quiero compartir con vosotros.

Felices los normales

Felices los normales, esos seres extraños,
Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,
Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
Los que no han sido calcinados por un amor devorante,
Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más,
Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,
Los satisfechos, los gordos, los lindos,
Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,
Los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,
Los flautistas acompañados por ratones,
Los vendedores y sus compradores,
Los caballeros ligeramente sobrehumanos,
Los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,
Los delicados, los sensatos, los finos,
Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.
Felices las aves, el estiércol, las piedras.
Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
Que sus padres y más delincuentes que sus hijos
Y más devorados por amores calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.

UNA BUENA NOTICIA

Los que participamos frecuentemente en certámenes literarios vivimos con el corazón en un puño. Toda la ilusión la depositamos en ese relato, ese cuento que creemos puede dar mucho que hablar. Las decepciones son frecuentes, éste es un mundo difícil, con extensa y buena competencia, pero, de vez en cuando, la suerte nos sonríe.

El pasado 25 de marzo descubrí, a través de una página web que publica todo lo relativo a fallos de concursos literarios, que soy finalista y aspirante a premio en el "I Concurso Internacional de Cuentos Ciudad de Cartagena". Es una gran noticia que me llena de ilusión. El fallo se producirá a mediados de abril. No voy a decir cuál es la obra ni mi seudónimo (mis íntimos lo saben) para mantener el anonimato hasta el momento del fallo.

Os pongo la noticia tal y como se publicó:

Finalistas del I Concurso Internacional de Cuentos 'Ciudad de Cartagena'

970 relatos se han recibido en la primera edición del Concurso Internacional de Cuentos 'Ciudad de Cartagena', organizado por la Concejalía de Cultura del ayuntamiento cartagenero y patrocinado por Cajamar.En un comunicado de la organización, se destaca el elevado volumen de participación, teniendo en cuenta que es la primera vez que se convoca este premio, "lo cual confirma el éxito del certamen y su inclusión, ya desde su nacimiento, entre los más importantes certámenes de cuentos del panorama nacional".El mayor número de cuentos procedía de España, seguido por una notable presencia de relatos argentinos, la participación de escritores hispanoamericanos ha sido destacable, recibiéndose además trabajos de Uruguay, Paraguay, Méjico, Venezuela, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, Perú, Cuba y Puerto Rico. Con respecto a Europa, han llegado trabajos procedentes de Italia, Irlanda, Bélgica, Francia, Alemania, Dinamarca y Finlandia, destaca también la participación de otros países tales como Estados Unidos, Israel, Australia, Tailandia y Nueva Zelanda. Además, la participación de los relatos procedentes de Cartagena ha sido también numerosa.Después de una ardua labor por parte del comité de lectura, no sólo por el volumen de relatos recibidos, sino también por la calidad de los mismos, se han seleccionado 26 cuentos finalistas, sobre los que deliberará el jurado para emitir su fallo a mediados del próximo mes de abril, fecha en la que se comunicará el resultado y también la composición de dicho jurado. La entrega del premio se celebrará en Cartagena durante la semana en la que se conmemora el Día del Libro.

Los relatos finalistas son los siguientes:
Nº 39 LOS NUEVE MESES DE EVA – AZUL
Nº 48 LOS TRENES – MEDARDO SOSA
Nº 65 EL DE LA MIRADA TORVA, EL CÍNICO…
Nº 68 LA LÓGICA DEL SALITRE – A POR EL MAR…
Nº 70 RECURSOS HUMANOS – SCAR
Nº 86 LAS FORMAS DEL PÁJARO SOLITARIO – EDUARDO MACÍAS
Nº 96 LA PENITENCIA DE LEONCIO – FARNÁIZ
Nº 148 SE ADIVINA EL PASADO – SPALANZZINNI
Nº 206 LAS CANAS DEL VIENTO – ARGELIA VALDÉS
Nº 243 EL GLOBO Y EL ERIZO – MARIO FUENTES FUENTES
Nº 252 EL TRATO – PERSÉFONE
Nº 274 LA VIDA, TODAVÍA
Nº 284 PUDRIDERO DE POETAS – SAÚL C.
Nº 306 MANTECA DE PERCHERÓN – LA ZARZA
Nº 346 EL PERRO DEL RÍO – JOAQUÍN OLMO
Nº 475 OBJETOS QUE SE FUNDEN Y PERSONAS QUE SE DIFUMINAN – FEIJOO E HIJOS S.A.
Nº 494 MUÑECOS – CHUCKI
Nº 500 LA MIRADA DE LÁZARO – HELEN MILLS
Nº 560 MOGAMBO – BARTLEBY
Nº 578 BIENVE DEDOS DE ORO – NATURE DIGNA EST
Nº 672 VIDEOCLUB – LA PRIMA DE FRANCIS BACON
Nº 692 TRANSFORMACIÓN – MANUEL PELLICER DE LOS HERREROS
Nº 795 HOY NO ES UN DÍA COMO TANTOS – ASTROLABIO
Nº 855 AMOR EN BLANCO Y NEGRO – MR. ARKADIN
Nº 860 UN NUEVO ORDEN – MIKAELA RIZZOLA
Nº 866 LA HUIDA - ¿TE HABÍA DICHO ALGUNA VEZ LO QUE VEO EN TUS OJOS?

MUJER Y DERECHO: ASPECTOS HUMANOS

Desde que Victoria Kent pisó por primera vez los tribunales españoles hasta el día de hoy, son muchas las mujeres en nuestro país que se han abierto paso con valentía en “el camino de los hombres”. Las figuras del abogado, juez, procurador o notario siempre se han correspondido con estereotipos masculinos. Hoy, sin embargo, las cosas han cambiado y mucho. En la última promoción de jueces, el número de mujeres ha alcanzado el 60% y si atendemos al cómputo global de todos los jueces en España, el porcentaje asciende al 52,2%. Estas cifras vienen a dejarnos claro que justicia es nombre de mujer.
Pero no sólo nos encontramos al sexo femenino vistiendo la toga y detrás de un estrado. Cientos de licenciadas en derecho ocupan cargos de relevancia en la Administración Pública, son muchas las notarias que dirigen sus despachos con eficacia y responsabilidad, profesoras de universidad imparten clases de todas las áreas jurídicas, abogadas y procuradoras se colegian constantemente para ejercer de forma liberal la profesión, otras juristas encuentran su espacio en el mundo de la política y no hay que olvidar a aquellas que prefieren promocionarse en el ámbito de la empresa privada. Las facultades de derecho de todas las universidades españolas reciben cada año un elevado número de alumnas. Pero ¿qué empuja hoy a las mujeres a adentrarse en la formación jurídica? La oferta académica actual es diversa y atractiva. Nuevas titulaciones vienen a eclipsar a las clásicas carreras de siempre; estudios más acordes con los tiempos, con el medio ambiente, la empresa, el comercio exterior, las relaciones públicas y el protocolo… Sin embargo, a pesar de sus poderosos competidores, sigue siendo la licenciatura en derecho una de las más perseguidas por el sexo femenino.
Para encontrar la razón a este interés de las mujeres por el conocimiento y la aplicación de la ley, el disfrute de los derechos o el controvertido significado de la justicia, quizás debamos realizar un paseo por la historia y remontarnos a las primeras comunidades de vida.
Conviene recordar que la mujer ha estado injustamente sometida a lo largo de los tiempos, sus derechos se han visto violados impunemente de manera sistemática e incluso hay culturas que todavía en la actualidad la consideran una posesión más en el patrimonio de los hombres.
Algunos pueblos de la antigüedad no sólo gozaban de los más amplios derechos sobre las mujeres, sino que las condenaban a muerte en cuanto venían al mundo, conservando únicamente el número indispensable para la reproducción de la especie. Los árabes, que se conocen por el nombre de Koreihs, enterraban a sus hijas, desde la edad de siete años, en una montaña cerca de la Meca, porque estaban convencidos de que un sexo tan vil era indigno de ver el día. En el serrallo del rey de Akem, sólo por la sospecha de infidelidad, por la más pequeña desobediencia en el servicio a las voluptuosidades del príncipe, o en cuanto empezaban a cansarle, se les aplicaban inmediatamente los más terribles suplicios. En las orillas del Ganges, se las obligaba a inmolarse sobre las cenizas de sus esposos, como inútiles al mundo desde que sus dueños ya no podían gozar de ellas. En otros países se las cazaba como animales salvajes y era un honor matar a muchas. En Egipto, se las inmolaba a los Dioses; en Formosa, se las pisoteaba si se quedaban embarazadas. Las leyes alemanas imponían solamente diez escudos de multa a quien matase a una mujer extranjera, nada si se trataba de la propia o una cortesana. En el pueblo griego los malhechores eran obligados a la peor de las penas: debían vestirse de mujer. Se les condenaba a mostrarse como el ser más vil y más despreciado que se conocía. (1)
En tiempos de Jesucristo encontramos una abominable forma de castigo para el delito más perseguido de todos los delitos cometidos por una mujer: el adulterio.
Cuando un marido sospechaba que su mujer le era infiel, la conducía hasta el sacerdote y la obligaba a confesar. Si no reconocía su culpa la presunta adúltera tenía que pasar por la prueba de las “aguas amargas”. Entre ceremonias religiosas el sacerdote la hacía ingerir una extraña bebida. Si la mujer era realmente culpable, aquellas aguas la abrasaban literalmente por dentro, produciéndole la muerte. Si era inocente, el líquido corrosivo no alteraba su organismo, acontecimiento absolutamente imposible ya que la pócima secreta era un auténtico y mortífero veneno. (2)
El veredicto para la mujer adúltera era claro: entre culpable o culpable acababa siendo culpable.
Resultaba fácil para un hombre despechado o sencillamente cansado de su esposa deshacerse de ella. Con una acusación de adulterio y el amparo de los tribunales religiosos se veía viudo en cuestión de días y, a la postre, heredero de la poca o mucha fortuna que la mujer hubiese aportado al matrimonio.
Pero dejemos el pasado remoto y veamos cómo en nuestros días se sigue ejerciendo la violencia física, psicológica y sexual contra niñas y adultas; de manera cotidiana, por ejemplo, en las comunidades indígenas. Todavía hoy, en pleno siglo XXI, el 95% de las adolescentes del Norte de África sufren la ablación de clítoris y quedan impedidas para conocer la satisfacción sexual. No olvidemos que muchas mujeres en los países árabes siguen muriendo lapidadas por el pecaminoso delito de adulterio (es el juez quien lanza la primera piedra).
Hay legislaciones a día de hoy que aceptan el repudio (Talaq). A través de esta figura jurídica, el marido renuncia de forma definitiva e inmediata a cuantos derechos le competen sobre la mujer por razón de su matrimonio. El vínculo se pone en manos del marido. El matrimonio de esta manera se asemeja a una venta, siempre el comprador puede renunciar a los derechos sobre lo adquirido. El marido tiene la facultad de repudiar a su mujer sin tener que justificar ante el juez el porqué. Es una decisión absolutamente unilateral y con efectos jurídicos plenos. No hay pensión de manutención para la esposa que ha recibido el divorcio irrevocable. Por último, y para cerrar este capítulo, cabe dejar muy claro que la situación a la inversa es impensable: la mujer de ninguna manera puede repudiar al marido.

Todo un conglomerado de atrocidades, de violaciones de derechos a lo largo de la historia que comprometen a la mujer, y la comprometen porque cada una de las mujeres que ha sufrido una violación, que ha sido vejada, maltratada, mutilada, olvidada, abandonada o asesinada, en cualquier lugar del mundo, está viva en cada una de las mujeres de hoy. Existe una obligación moral, una herencia casi inconsciente que empuja al sexo femenino a luchar por sus derechos, para acabar con la barbarie, la incultura, las tradiciones ancestrales y destronar de una vez por todas la absurda sinrazón.
El compromiso corresponde a todas las mujeres, pero algunas deciden asumirlo desde su formación jurídica, con la herramienta imprescindible de la justicia y el amparo de los estados democráticos. Desde esa posición de privilegio que podemos vislumbrar en toda la cultura de Occidente, hay un gran compromiso contraído: erradicar todas las formas de abuso y conseguir que las Declaraciones de Derechos Humanos lleguen a ser algo más que literatura.
Quizás por ello, incluso sin saberlo, de esa manera instintiva con que se transmite entre generaciones el sentido de la justicia, muchas mujeres se adentran en el conocimiento de la ley, para luchar con la única arma racional posible contra todo este catálogo de crímenes.
Pero no es necesario salir de España. Episodios dramáticos encontramos también a lo largo de la historia dentro de nuestras fronteras.
Durante la Santa Inquisición, institución jurídica creada por la iglesia en la Edad Media, las mujeres eran juzgadas y castigadas por brujas, prostitutas o adúlteras. Se pueden contar por miles las féminas que ardieron en la hoguera. Eran mujeres a las que se acusaba de pactar con el diablo y de mantener relaciones carnales con él, de protagonizar orgías y de proceder como sanadoras, es decir, de curar a la gente con hierbas que sólo ellas conocían. Muchas matronas fueron quemadas por brujas.
Un instrumento de tortura ampliamente utilizado para castigar a las adúlteras era la pera. Se trataba de un aparato con forma de pera que una vez introducido por la vagina comenzaba a abrirse gracias a un mecanismo giratorio. Tenía además en sus puntas unos pinchos o púas que desgarraban dolorosamente el útero.
Como elemento más “inocente” no olvidemos el cinturón de castidad, que las mujeres debían ajustar a su cuerpo por la fuerza cuando su esposo partía a la guerra o a un largo viaje de negocios y que tras un prolongado uso podía llegar a provocar infecciones graves.
Pero lejos de la Edad Media, ya en pleno siglo XX, situaciones de desventaja, menosprecio o humillación hacia las mujeres se han seguido observando en España. Desde normas sociales, como no permitirles la entrada en determinados lugares o no poder asistir a entierros, hasta normas jurídicas que les impedían el disfrute de derechos elementales de los que sin embargo sí gozaba el hombre.
En las tres primeras décadas del siglo XX las mujeres españolas no se acercaban a las urnas para ejercer su derecho al voto. Con la proclamación de la República, en abril de 1931 y la aprobación de la nueva constitución, la igualdad de sexos cobró fuerza. El sufragio universal se aprobó en el Congreso de los Diputados el uno de Octubre de ese mismo año.
El Fuero del Trabajo de 1938, una de las ocho Leyes Fundamentales del franquismo, entre su catálogo de derechos, “libera a la mujer casada del taller y de la fábrica” (mejor tenerla en casa, era su condición natural). Curiosamente no se mencionan los despachos, los hospitales, las instituciones, quizás no contaran con la posibilidad de que la mujer se formara académicamente.
Más cerca de nuestros días, con anterioridad a la importante reforma legislativa de 1981, la mujer casada prácticamente carecía de facultades para disponer incluso de sus propios bienes o patrimonio privativo. En la redacción originaria del Código Civil el marido era el único cónyuge que tenía facultades de gestión respecto de los bienes del matrimonio. El artículo 1.413 de entonces concedía incluso al marido la facultad de “enajenar y obligar a título oneroso los bienes de la sociedad de gananciales sin el consentimiento de la mujer”, precepto que permitía a un hombre poco cuidadoso con el patrimonio familiar llevar a los suyos a la ruina, situación que se dio en más de una ocasión.
La Ley de 24 de abril de 1958 corrigió semejante barbaridad y pasó a exigir al marido el consentimiento de la mujer o, en su defecto, autorización judicial a solicitud fundada del marido para los actos dispositivos sobre bienes inmuebles o establecimientos mercantiles (el artículo 1.413 quedó reformado en virtud de dicha Ley).
Sin embargo la reforma fue algo pobre pues el marido seguía siendo el único administrador y podía enajenar por sí mismo los bienes gananciales que no fueran inmuebles o establecimientos mercantiles.
En la Exposición de Motivos de la Ley de 1958, se puede comprobar el peso que tenían la religión o la costumbre en la vida política y social y en la mente del legislador al declarar que: “… por exigencias de la unidad matrimonial, existe una potestad de dirección que la naturaleza, la religión y la historia atribuyen al marido”. Esos conceptos históricos son los que afortunadamente ya han cambiado en gran medida pero que todavía son susceptibles de cambiar y mejorar.
El principio constitucional de igualdad conyugal (art. 32 de la CE) se incorporó finalmente al Código Civil por la Ley 30/1981. A partir de su aprobación, el artículo 66 del Código reformado establecía taxativamente: “El marido y la mujer son iguales en derechos y deberes”. Hoy, en virtud de la Ley 13/2005, de 1 de julio, por la que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio, la redacción es la siguiente: “Los cónyuges son iguales en derechos y deberes”.
Otro capítulo importante es el relativo al divorcio. El Fuero de los españoles de 1945, con un enorme peso religioso, establece en su artículo 23 que: “…El matrimonio será uno e indisoluble”.
A pesar de que la segunda República trajo consigo la Ley de Divorcio de 2 de marzo de 1932, una vez iniciada la Guerra Civil y antes de que concluyera, los efectos de dicha Ley fueron suspendidos por el Decreto de 2 de marzo de 1938, y finalmente resultó derogada tras la victoria del General Franco por la Ley de 23 de septiembre de 1939.
Tras la muerte del dictador, y debido al cambio político, el debate se volvió a reabrir; no se correspondía con los tiempos ni con el entorno social e internacional privar a los cónyuges de la posibilidad de poner fin a su matrimonio y que se divorciaran.
El establecimiento del divorcio se materializó finalmente en la popular Ley 30/1981, de 7 de julio.
Cierto es que la imposibilidad de poner fin al matrimonio mediante el divorcio perjudicaba de igual manera a mujeres que a hombres, pero hay que aceptar que las primeras resultaban especialmente damnificadas. La situación social del momento, que privaba prácticamente a la mujer de la vida activa, teniéndola relegada al seno familiar, sin trabajo remunerado y ocupándose exclusivamente del esposo e hijos, contribuía a que el “ahí te quedas” resultara devastador para el sexo femenino. La mujer se veía abandonada, con los hijos a su cargo, sin derechos de ninguna clase, con pocas posibilidades de abrirse un camino en el mercado laboral y con ninguna posibilidad de rehacer su vida legalmente.
Hoy, la Ley 15/2005, de 8 de julio, conocida popularmente como Ley de Divorcio Express, modifica la de 1981 y facilita en gran medida los trámites para disolver el matrimonio.
Otras leyes, como la 39/1999, de 5 de noviembre, de conciliación de la vida laboral y familiar, o la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, ponen su granito de arena en la construcción de una sociedad moderna y sin discriminación por razón de sexo, pero sin duda han sido muchas las injusticias sufridas por mujeres y desde tiempos muy remotos —recordemos que en determinados países se siguen padeciendo—, por ello, mientras haya una mujer que sufra aún quedará mucho por hacer.

Estas pequeñas pinceladas tal vez expliquen el interés de las mujeres por conocer la ley y formarse en las materias jurídicas con un espíritu de lucha ancestral, heredado de todas sus antepasadas.
Pero no nos engañemos. Las profesiones jurídicas se encuentran hoy absolutamente denostadas. Abogados, periodistas y militares se reparten los primeros puestos entre los trabajos peor valorados por la sociedad. Procedimientos como el del “Caso Malaya”, con implicación inicial de abogados y notarios, se han ganado la desconfianza de la ciudadanía. Es fácil escuchar noticias del tipo “una jueza impide que una madre vea a su hija durante seis meses…”, “una jueza deja en libertad al presunto asesino de…”.
Maltratadores que quebrantan órdenes de alejamiento y no sólo se acercan a sus víctimas sino que acaban ejecutándolas, bandas de chavales que roban de manera sistemática y contra los que nada se puede hacer por ser menores de catorce años, robos con violencia en casas y negocios que en la mayoría de los casos quedan impunes, violaciones o abusos no siempre considerados como tales… Son muchas las situaciones que confunden a la sociedad. Recordemos las torturas que todavía hoy tienen lugar en muchas partes del mundo y que se encuentran amparadas por leyes, leyes injustas pero de obligado cumplimiento. Es normal que la desconfianza reine entre los ciudadanos.
Un periodismo excesivamente sensacionalista, unido al desconocimiento de la ley y al funcionamiento de la justicia, contribuyen a producir ese rechazo generalizado. Se critica lo que se desconoce y se critica además duramente. Es fácil culpar al juez de cualquier desaguisado, pensar que sus decisiones son arbitrarias y que literalmente “hace lo que le da la gana”. Los abogados tampoco salen bien parados del sentir popular. Peseteros (o eureros), aprovechados, déspotas, capaces de cualquier estrategia para engrosar vanidosamente su lista de pleitos ganados.
Una mínima formación jurídica se hace necesaria en esta sociedad. Si no desde la educación base al menos a partir de los estudios de secundaria. Cada paso que damos está regulado por leyes, vivimos sometidos a un ordenamiento jurídico del que no tenemos la más mínima idea, y el desconocimiento contribuye al miedo y al rechazo. No se trata de crear especialistas jurídicos por doquier, pero sí de entender conceptos básicos, situaciones de contenido legal que con toda probabilidad nos encontraremos alguna vez a lo largo de nuestra vida, conocer y respetar la constitución y las leyes, conseguir, desde la educación integral, la confianza ciudadana.

Pero volvamos al tema que nos ocupa, mujer y derecho, y a la pregunta inicial ¿qué empuja hoy a las mujeres a adentrarse en la formación jurídica?
Creo que a lo largo de este artículo han quedado expuestas suficientes razones para justificar el deseo de la mujer de ocupar su sitio y seguir luchando contra las injusticias. Desde cualquier posición, el trabajo será válido y posible. Las que decidan hacerlo desde la formación jurídica bienvenidas sean.
No obstante, si preguntáramos a los ciudadanos por qué las mujeres desean ejercer las profesiones del derecho, no faltaría quien opinara: ¿Las notarias? Por dinero. ¿Juezas, fiscales y profesoras? Por vocación. ¿Abogadas y procuradoras? Por posición social. ¿Carrera política? Por ambición personal. ¿Abogadas del Estado y diplomáticas? Por prestigio y reconocimiento. El resto, sin especiales pretensiones, sólo con la finalidad de conseguir un buen empleo. Mujeres y derecho. Y ustedes ¿qué opinan?




(1). Extraído de la obra Justine. Marqués de Sade.
(2). Más ampliamente explicado en Caballo de Troya. J.J. Benitez.

domingo, 23 de marzo de 2008

SONETO A TUS CINCO MESES

Y por supuesto, tras escribirle un poema a mi primer hijo, me sentía en deuda con el segundo, así que dedicí dedicarle este soneto.



SONETO A TUS CINCO MESES


Me vuelve loca el trigo de tu pelo,
tus mejillas ardientes, como rosas,
tu mirada, tu risa, ¡tantas cosas!,
que estoy agradecida y miro al cielo.

Y has sido el colofón de tanto anhelo,
que ahora con mis manos temblorosas
te acuno como un mar de mariposas,
te arrullo, te protejo y me desvelo.

Nueve meses de espera para verte,
borrando cada día con cuidado
a miles de caricias por minuto.

Cinco meses de amor para quererte,
¡tantos besos y abrazos he pagado!
Es el precio de un ser tan diminuto.

AL HIJO PRIMERO

Comienzo mis entradas literarias con este poema. Actualmente no escribo poesía, no me siento capacitada para escribir con las tendencias de hoy, pero he de reconocer que a la poesía le debo todo.

Aunque me da un cierto pudor mostrar mis inicios poéticos, este poema resultó galardonado con el tercer premio del "Certamen Provincial de Poesía Asociación Cultural Puente de la Virgen", en el año 2003. Espero que os guste.



AL HIJO PRIMERO


El destino quiso que fueras primero,
convirtiendo enero en fugaz primavera,
cuando, sin pensarlo, y de un golpe certero
mandó la semilla que absorbió mi era.

Y fuimos regando con mimo el cultivo,
cuidando que el frío no hiciera su mella,
hasta que llegaste esplendoroso y vivo
portando más luz y calor que una estrella.

Vistiendo el jardín de preciosos colores,
tostado y azul del mismísimo cielo,
el número uno de todas las flores,
la suma de amor, esperanza y anhelo.

El fruto nacido que hicimos tan juntos,
unido a nosotros por un fuerte lazo,
un hilo invisible que une a este mundo,
un codo otro codo, un brazo otro brazo.

Diferente y terco, tenaz y sensible,
son algunos rasgos que enmarcan tu ser,
pero sobre todo inmensamente libre
como los arroyos y el amanecer.

Creemos que es nuestro porque estuvo dentro,
pero en realidad no nos pertenece,
no somos su norte ni somos su centro,
tan solo la guía con que el hijo crece.

Solo somos tren, envoltorio, equipaje,
que va transportando un divino tesoro,
rompamos cadenas, correas, anclajes,
cuando nace el viento quiere soplar solo.

Dar paso a la vida es nuestra misión,
un gran privilegio que no valoramos,
son nuevos latidos de otro corazón.
calor en la piel y ternura en las manos.

En el mismo instante que el hijo ha nacido.
un trozo del alma por siempre se lleva,
como el ave va restaurando su nido,
es nuestro interior que se nos renueva.

Tantas sensaciones por ser el primero
que van modelando un nuevo sentir,
tantas atenciones con celo y esmero.
Vivir por tus huesos es mucho vivir.

Y aunque llegue el día de amarte sin verte,
cuando tu me busques te abriré los brazos,
desde tu llegada no temo a la muerte,
sigo estando viva partida en pedazos.

Bienvenidos

Bienvenidos a mi blog "Ocurrió en febrero". Muchos acontecimientos han ocurrido en este frío mes, ya os iré relatando algunos. De momento, el más importante para mí, y el que da lugar al nombre de este blog, es mi nacimiento: ocurrió en febrero.