martes, 2 de diciembre de 2008

RELATO GANADOR

Con el permiso de la La Biblioteca Pública Municipal “Miguel de Cervantes” de Herencia (Ciudad Real) , os pongo el relato ganador del I Certamen de Relato Fantástico El Caldero Mágico.

HASTA MAÑANA

Ese ruido que oyes tras la ventana no es el viento, soy yo. No importa que te quedes inmóvil en la cama, que cierres fuerte los ojos, que apenas respires, que te tapes hasta las orejas, ya te he visto. Sé que te han negado mi existencia, que te han dicho que soy un invento, una ficción, que la noche solo tiene oscuridad y la oscuridad no es nada, que cuando se apagan las luces de tu dormitorio únicamente estás tú sobre la cama, el escritorio a la derecha y el armario ropero enfrente. Nada más. Sé que te aterra dormir solo y que te despiertas varias veces durante el sueño. Lo sé porque te observo, las manos sudorosas, la espalda rígida, la boca seca. Hay un vaso de agua sobre la mesita de noche pero ni siquiera intentas alcanzarlo. Estás paralizado, los pies fríos, el corazón al galope. Intentas llamar a tus padres pero no te sale ni un hilo de voz. No sólo te ahoga el pánico, también la vergüenza, ya eres mayor, te lo dicen todos los días.
Pero esta noche es diferente, no sólo es el ruido, también notas un peso sobre la colcha, como si alguien se acostara a tu lado, alguien mucho más frío que tus pies y mucho más rígido que tu espalda. Cierras más fuerte los ojos, hasta dolerte, y decides dejar de respirar, como si fuera fácil. El silencio queda roto por los latidos de tu corazón desesperado, pompom, pompom, pompom… No, no vendrán. Tus padres no vendrán, creen que es el sonido del viejo reloj despertador, ellos no piensan en tu corazón. Ellos no, yo sí.
Ahora empiezas a ver luces en tu particular noche de ojos cerrados. Primero son luces chillonas, círculos concéntricos, una especie de estrellitas intermitentes. Luces que se transforman en caras espantosas, están ahí, dentro de tus pupilas, las ves nítidas, te observan, se acercan, si levantaras la mano podrías tocarlas. Piensas entonces en abrir los ojos y borrar aquellas imágenes con la contemplación de la verdadera oscuridad pero yo estoy a tu lado y me verías a mí. No sabes quién soy, qué aspecto tengo, cuáles son mis intenciones. Decides continuar con los ojos herméticos, las manos juntas metidas entre las piernas, los hombros encogidos. No puedes resistir más y gimoteas con impaciencia. Lo haces con la intención de ser oído pero tus padres duermen plácidamente, hasta yo los oigo roncar. No vendrán. A ellos no les importas, a mí sí.
Más ruido. Sobre tu cabeza, en el techo, parecen cochecitos rodando o canicas, como si tuvieras un grupo de chavales encima de tu escayola. Hasta oyes risas. Ya te han explicado que por las noches las tuberías se dilatan, los muebles crujen, son sonidos normales, pero tú no lo crees. ¿Qué tuberías pasan por el techo? ¿Qué muebles cuelgan por encima de tu cabeza? No, no son los muebles, soy yo, me gusta divertirme.
No te han servido de nada los gemidos, ni permanecer inmóvil, el miedo persiste, se apodera de cada uno de tus músculos. Ruegas que me vaya, que pasen las horas, que se haga de día, que tu padre necesite ir al baño y se levante, que a tu madre se le ocurra ver si estás bien arropado.
Sientes unos dedos fríos sobre el rostro, casi metálicos, y crees que te vas a morir. No te preocupes, soy yo. Te acaricio.
Los primeros rayos de luz, aún muy tenues, comienzan a colarse por las rendijas de la persiana y me tengo que ir. No me gusta el día. Un peso frío se levanta de tu lado, el colchón recupera su forma, incluso chirría el somier.
Otra vez el viento y las tuberías dilatándose y los muebles crujiendo, todos los sonidos juntos, no te preocupes, soy yo y mi despedida.
Entonces se enciende la luz del pasillo. Tu madre va a beber agua y pasa por tu cuarto, te ve despierto y sudoroso. ¿Tienes calor?, te pregunta, te destapa un poco, no entiende esa manía tuya de taparte hasta las orejas. Te recuerda que sólo te queda una hora de sueño, que la aproveches, después te da un beso y te nota el rostro helado, tampoco lo entiende, te vuelve a tapar. Y tú, vencido por la angustia, comienzas a relajarte hasta caer en los brazos de un pequeño sueño reconfortante, muy pronto sonará el despertador y, como siempre, te levantarás cansado y con ojeras. Tus padres te recordarán que te acuestas muy tarde y tú no dirás nada, no me delatarás. Pero ahora duerme, mi niño, duerme. Mañana será otro día. Y volveré.

Maribel Romero Soler.

16 comentarios:

Lola Mariné dijo...

¡Jopés! ¡Que angustia! No creo que la pobre criatura tenga muchas ganas de que llegue la noche e irse a dormir.
Un relato estupendo. Mas que de ciencia ficción me ha parecido terrorifico.

sergio astorga dijo...

Maribel, contar en segunda persona te ha dado la libertad de encontrar dos planos nrrativos que logran su efecto. Angustia, desarrollo y conclusión. La angustia es una y mil: puede ser interna o externa y en tu relato esta ambiguedad lo hace efectivo y muy asustador. La continuidad esel final justo.
Felicidades.
Un abrazo antes de dormir.
Sergio Astorga

siempreconhistorias dijo...

Qué angustia, qué nítido miedo acompañado, qué bueno.
Felicidades, Maribel.
Izaskun

Maribel dijo...

Lola, me encanta que el relato transmita esa angustia, no, no soy una sádica, es que el que escribe no sabe realmente ni llega a transmitir lo que quiere. Gracias por leerlo.

Maribel dijo...

Sergio, has hecho un buen análisis, coincido contigo en que la narración en segunda persona es muy efectiva. Gracias por leerlo. Y cuidado antes de apagar la luz.
Un abrazo nocturno.

Maribel dijo...

Gracias Izaskun. La verdad es que se lo leí a mis hijos con entonación terrorífica y se quedaron con la boca abierta y los ojos más abiertos todavía, al ver su reacción fue cuando me convenció el relato. Gracias por leerlo.

Halatriste dijo...

Muy bueno si señra, me he agobiado por un momento, he creído sentir algo que me rondaba a la espalda.

Y el insomnio, es tela de chungo.

Enhorabuena.

Por cierto muchas gracias por los consejos.

Un abrazo

Maribel dijo...

Muchas gracias, Halatriste, me alegro de que te gustara. Y ya sabes, en lo que humildemente te pueda echar una mano, encantada.

Un abrazo.

Armando Rodera dijo...

Espectacular, Maribel, que lo sepas. Reflejas a la perfección la angustia vivida por el personaje. Y nos metemos de lleno en su agobio, sufriendo no por él, sino por nosotros mismos.
Es una situación tan real, tan vívida, que además a todos nos ha pasado (¿qué leches son esas cánicas que yo también he oído sonando por mi techo?). Nos metemos en la historia tan profundamente que casi respiramos acongojados...
Felicidades de nuevo. Un relato angustioso, pero maravilloso.
Saludos

Maribel dijo...

Muchas gracias, Armando, eres muy amable. Sí, yo creo que la gracia del relato está en que refleja situaciones que todos hemos vivido alguna vez y nos sentimos muy identificados.

Saludos.

Gracielarts dijo...

Excelente relato, felicitaciones!!!! Es un gusto leerte.

Maribel dijo...

Gracielarts, muchas gracias, muy amable.

Gracias por tu visita.

Saludos.

María Cebrián dijo...

Es un relato realmente inquitante, y además es cierto todo lo que cuentas, porque el miedo es libre y cada uno toma el que quiere. Y tal como lo expones dan ganas de, como dices, ponerte la manta y no levantarte ni para respirar.

Es my bueno. Felicidades.

Maribel dijo...

Muchas gracias, María, me alegro de que te haya gustado. Gracias por tu comentario. Un abrazo.

Fátima dijo...

Hola Marible, hacía tiempo que no blogeaba y ¡cual ha sido mi sorpresa al ver que habías colgado este relato!
Me ha parecido muy bueno, tanto por su desarrollo como por la intensidad de las emociones que con él transmites. Es genial que hayas retomado el miedo infantil que todos hemos pasado alguna vez y que nos has hecho "recordar" con más intensidad.
Te felicito, es un buen trabajo y el premio un merecido reconocimiento ;).
Un fuerte abrazo

Maribel dijo...

Gracias, Fátima, yo también ando un poco liada, ha surgido un imprevisto que me tiene alejada de la vida virtual y me ha puesto necesariamente los pies en el mundo cotidiano. A ver si durante el fin de semana puedo ponerme al corriente en mis visitas a los blogs.

Un abrazo.