viernes, 28 de noviembre de 2008

LA REVISIÓN DEL TEXTO

Todo escritor sabe que el trabajo más pesado e ingrato (si es que existe algún trabajo pesado e ingrato en el arte de escribir) es el de la revisión y corrección del texto.
El primer paso, de sobra conocido, consiste en olvidarnos de lo escrito y guardarlo en un cajón. Sé que al principio cuesta, pero es un ejercicio de lo más efectivo. La euforia de la inmediatez esconde los defectos hasta hacerlos imperceptibles mientras que el sosiego del reposo no da lugar a engaños, los errores salen y se pasean por el texto, incluso de manera provocadora, como si hubiesen adquirido vida propia y en realidad no procedieran de nuestra cabeza o de nuestra mano.
Una vez que hemos sido capaces de dar el primer paso conviene seguir adelante y dar el segundo: sacar la obra del cajón y desempolvarla. En una primera lectura observaremos sin ningún problema los errores tipográficos, esos que antes no estaban y que misteriosamente han aparecido por arte de magia. Pues bien, no es lo único que nos llamará la atención. Algunas frases que en su momento nos parecieron soberbias resultan ahora nefastas, ciertas palabras no terminan de encajar del todo en su contexto, los signos de puntuación no están en su sitio, en fin, ya sabéis…
En la revisión del texto, además de corregir los errores ortográficos y gramaticales, se debe intentar dotar de estilo al escrito, embellecerlo. Algunas de las fórmulas para poderlo lograr son: cambiar el orden de las palabras en algunas frases, no es lo mismo “una llamada a los padres del profesor” que “una llamada del profesor a los padres”; eliminar las palabras superfluas, un texto es más eficaz cuando es sintético, a veces es suficiente con la eliminación de artículos o numerales: “tenía unas lindas piernas”, mejor “tenía lindas piernas”, “dejó la huella con sus cinco dedos en el mural”, mejor “dejó la huella de sus dedos en el mural”; evitar la repetición de sonidos, en ocasiones se tratará de evitar palabras con la misma raíz: “para/parar” “esta/estación”, y en otras será preciso eliminar rimas antiestéticas: “su estado es complicado”, “se encuentra en un momento de descontento”, “el verano llegó temprano”.
En fin, no es más que jugar con el texto, intentar transformar aquellas construcciones que no nos satisfacen, darles otro giro, comprimir, eliminar palabras innecesarias, utilizar un léxico adecuado, no usar lo que se denomina un lenguaje prestado, es decir, el que sabemos que no nos pertenece pero que sin embargo usamos por considerar más culto, elegante o ampuloso, no dejar nunca una frase escrita o párrafo que no nos convenza, si no nos convence debemos tener la certeza de que no está bien.

Amigos, paciencia y feliz corrección.

12 comentarios:

B. Miosi dijo...

Maribel, tu artículo es interesantísimo. Lo copio y lo tengo de cabecera. Estoy terminando de corregir una novela para presentarla a mi agente, y te doy la razón: Es tedioso repasar aun después de un tiempo, lo que tantas y tantas veces se ha leído,
Pero yo disfruto mucho, pues a veces encuentro frases que jamás parecería que hubiesen salido de mí. Y otras veces debo echar tanta tijera que asusta.
Besos,
Blanca

Maribel dijo...

Así es, y no te asustes de echar tanta tijera, es esencial, la mayoría de las veces la corrección consiste en recortar, quitar lo superfluo y dejar lo esencial, en resumen, dejar pulidas las ideas. Paciencia y ánimo con tu novela.
Besos.

sergio astorga dijo...

Maribel, con la inmediatez del comentario y sin cajón de protección te digo que la podadora es más despiadada, que la escritura, aveces antes de comenzar a escribir ya esta enfrente de nosotros con su sonriza afilada.
Y para terminar un abrazo terminado en ada.
Sergio Astorga

Maribel dijo...

Jajajaja... Sergio, la podadora es implacable, pero con su buen hacer consigue un resultado impecable.

Un abrazo acabado en able.

Armando Rodera dijo...

Interesante entrada, Maribel. Tienes mucha razón en lo que dices y yo pequé de pardillo con mi primera novela. Es lo que tiene ser novato. Con la segunda ya he actuado de otra forma. La he congelado en un cajón unos meses y al recuperarla me paso como dices. Multitud de fallos que nunca habían estado allí surgieron de la nada y hubo que corregirlos. Y todavía hoy, después de millones de correcciones de la primera obra, sigo encontrando fallos...

Pero bueno, de todo se va aprendiendo, como en cualquier otro oficio.

Saludos

Maribel dijo...

Sí, Armando, conozco muy bien lo que dices, ¡qué pesadilla!, aunque pasaran diez años, cuando volvieras a leer tu novela, le encontrarías fallos, es consecuencia de nuestra propia evolución como escritores. No recuerdo si era Borges el que decía que para no corregir más mandaba la novela directamente a su editor, de ese modo la daba por concluída.

Saludos.

Fatima dijo...

La verdad es que en en proceso de corrección se aprende mucho, unas veces porque los fallos cantan ópera y otras porque el texto sugiere dudas -demasiadas dudas :S-.

Un abrazo Maribel, es una buena entrada.

Lola Mariné dijo...

Un articulo muy interesante, Maribel.
Yo no sabría decirte qué me gusta más: si crear la historia en el primer borrador (que estoy como en trance) o revisarlo después con calma, cuando ya tengo todas las piezas del rompecabezas y sólo tengo que ordenarlas y pulirlas.
Mi verdadero problema está en saber cuando parar; cada vez que revisas encuentras cosas que puedes mejorar. ¡Uff!

Maribel dijo...

Fátima, sí que es un buen momento para el aprendizaje, todas esas dudas que surgen en la corrección te hacen calentarte la cabeza e investigar, sin duda acabas aprendiendo un poco más.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Lola, nos pasa a todos, nunca sabemos cuando parar, pero también es bonito armar ese rompecabezas que decías, unir las ideas sueltas hasta convertirlas en un relato con forma y fondo. Un abrazo.

Triana dijo...

Yo no sé escribir, pero independientemente de que está sensacionalmente redactada la entrada, creo que es útil para todos; no es solo aplicable para una novela, un cuento, un articulo, simplemente para escribir una carta/mail, un comentario, cualquier escrito que precise mas dos frases, es mucho más agradable leerlo si tiene una buena redacción y está libre de errores ortográficos.

Un beso Maribel.

Maribel dijo...

Así es, Triana, son consejos útiles para cualquier tipo de escrito, incluso una carta comercial, como bien dices da gusto leer algo con buena presentación y buena redacción.

Un beso.