miércoles, 22 de octubre de 2008

SOY POBRE

“Soy pobre. Pido una ayuda por solidaridad. Antes era obrero naval y minero, hoy mendigo”. Garabateadas con rotulador negro sobre un cartón he leído esta mañana estas palabras. Ha sido en Alicante, pero podía haber sido en cualquier otra ciudad. Su dueño, el pobre, era un hombre de unos sesenta años, bien vestido, aseado, incluso llevaba corbata. Su rostro, sin embargo, reflejaba el sufrimiento, la barba apenas arreglada, los ojos caídos, las mejillas apagadas. He podido comprobar que la pobreza deja más surcos en la piel que los años, incluso la pobreza de espíritu. Aunque el cuerpo esté envuelto en trajes caros la pobreza no se puede disimular, ni siquiera el dinero es capaz de hacerlo. He sentido pena, pena por el hombre bien vestido, avergonzado, sentado en un portal, con su cazadora de cuero negro. Somos tan simples que no estamos capacitados para ver pobre al que antes no lo era. Únicamente aceptamos aquello que nos viene por herencia, como un equipaje traído desde el útero materno. Respetamos a los ricos de cuna pero despreciamos a “los nuevos ricos”, observamos tranquilos las panzas de sapo y piernas de alambre de millones de niños en el mundo que no tienen un trozo de pan que llevarse a la boca, pero nos conmueve hasta el dolor el pobre que antes no lo era. Es paradójico o sencillamente terrorífico, porque lo que de verdad nos asusta es que nos puede pasar a nosotros. Los que no hemos nacido ni ricos ni pobres somos pesas capaces de inclinar la balanza hacia cualquier lado y ante el temor de caer en el platillo equivocado luchamos con todas las fuerzas por mantener el equilibrio. Somos simples, lo he dicho antes, y por eso seguimos ignorando las grandes desgracias del mundo para centrarnos en una sola, en la que, como si de un espejo se tratara, nos aterroriza reflejarnos.

4 comentarios:

sergio astorga dijo...

Maribel, "Que pena si esta camino fuera de muchísimas leguas y siempre se repitiéra" "Quién lo soportaría todo sin protesta?.
Leon Felipe.

Abrazo compunjido.
Sergio Astorga

Maribel dijo...

Sí, Sergio, así es.

¡Qué pena si este camino fuera de muchísimas leguas
y siempre se repitieran
los mismos pueblos, las mismas ventas,
los mismos rebaños, las mismas recuas!

¡Qué pena si esta vida tuviera
-esta vida nuestra-
mil años de existencia!
¿Quién la haría hasta el fin llevadera?
¿Quién la soportaría toda sin protesta?
¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras,
los mismos tiranos, las mismas cadenas,
los mismos farsantes, las mismas sectas
¡y los mismos poetas!

¡Qué pena, que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!

Menos mal que venimos con fecha de caducidad.

Abrazo sentido.

Fátima dijo...

Una entrada estremecedora. No me termino de habituar a ver la pobreza...ni la de lejos, ni la de cerca.
Un abrazo

Maribel dijo...

Yo tampoco me acostumbro, todavía tengo la imagen de ese hombre triste en mi retina. Un abrazo.