martes, 14 de octubre de 2008

¿ESCRITORES DESPISTADOS?

Recientemente he podido leer en páginas especializadas dos noticias que me llaman la atención: escritores que habían sido premiados en distintos certámenes literarios han sido posteriormente despojados de sus galardones al comprobar las entidades convocantes, en un caso, que el relato en cuestión ya había sido premiado anteriormente, y en el otro, que la obra no era inédita, y tanto en uno como en otro caso se incumplían las bases de las convocatorias. Este tipo de noticias asaltan de vez en cuando las páginas literarias y a mí me sorprenden y preocupan en la misma medida y es porque no concibo la pillería del escritor. Quizás mi concepto de honestidad se encuentre anquilosado y no se ajuste a las tendencias actuales, si es que la honestidad, como si de un abrigo se tratara, debe estar también sujeta a los designios de la moda, pero a lo largo de las generaciones el escritor siempre ha abanderado causas, y además causas nobles. El escritor ha sido la voz del pueblo, del marginado, del más necesitado, incluso del más olvidado; ha enarbolado banderas de paz, libertad y justicia y, en muchas ocasiones, ha sufrido el precio de su valentía. El escritor es ejemplo y modelo y aunque no puedo afirmar que se le deba exigir más honradez que al mecánico, fontanero, arquitecto o político, sí creo que su propia esencia debe estar reñida con cualquier conducta reprobable. Por supuesto que en las generalizaciones se mete indefectiblemente la pata, por supuesto que pillos hubo antes, los hay ahora y los habrá en el futuro, por supuesto que por encima de cualquier sospecha debe regir la presunción de inocencia, pero es mi opinión y quiero expresarla.
Sé que muchos escritores participan con una misma obra simultáneamente en diversos certámenes literarios, lo sé e incluso lo comprendo. La tardanza habitual en proclamarse un fallo les incita a intentarlo por varios frentes distintos. Este hecho puede dar lugar a errores no deseados, aunque sí propiciados. ¿Y si no se dan cuenta? Pues nada, otro premio al bolsillo. Es fácil llevar un control de las obras enviadas, de los fallos proclamados y de los galardones obtenidos. Es fácil evitar noticias como las que encabezan este artículo, que, en mi humilde opinión, empañan, queriendo o no, el buen nombre de la literatura.

5 comentarios:

sergio astorga dijo...

Maribel, te aseguro que este comentario es inédito porque con la prisa de colgarse los laureles en la testa y la victoriana (o mercantil) exigencia de llegar virgen al matrimonio literario –o pictórico o escénico o culinario- la ética queda en el cajón de los trebejos (importantes pero prescindibles) y antes de que termine el plazo de la convocatoria para la beca que me permitirá callar toda la vida me despido.
Un abrazo honesto.
Sergio Astorga

Fátima dijo...

jajajajaj mis felicitaciones a Sergio por su comentario.
¡Qué voy a decirte que ya no sepas! yo he escuchado que es un escritor de los más premiados de este país tiene como práctica habitual reenviar y rentabilizar lo que ya ha sido premiado-de su autoría-. De hecho, está vetado en muchos concursos. Pero, repito. es algo que he escuchado...y no he comprobado.

Abrazos

Maribel Romero Soler dijo...

Sin duda hay que felicitar a Sergio, es un lince, jugando con las palabras no tiene parangón.

La cuestión, Fátima, es que al final se les conoce porque siempre son los mismos.

Gracias a ambos por vuestra participación. Abrazos.

B. Miosi dijo...

El mundo literario está lleno de sorpresas de este tipo, arreglos entre editoriales para la entrega de los premios es el pan de cada día. Y el motivo es muy simple: No pueden entregar un premio Planeta a un simple desconocido que no les generará como mínimo las mismas ganancias que el premio en sí. El premio es un adelanto a las ganancias del autor.
La ética, me temo, a pasado a un lugar muy secundario.

Blanca

Maribel dijo...

Hola Blanca. Gracias por tu visita. Sí, tienes razón, es el eterno debate, está claro que el mundo editorial es un negocio y negocio es sinónimo de dinero, aquello que no se puede rentabilizar no interesa, y con esta visión mercantilista se quedan muchos talentos ocultos.

Y la ética, ay la ética, seguro que muchos de los que andan por ahí pisando cuellos para alcanzar cimas no saben ni lo que significa. Saludos.