lunes, 20 de octubre de 2008

EL NÚMERO CINCO


Los niños jugaban a atrapar la luz y los mayores a atrapar el tiempo.
En el pabellón número cinco del campo de concentración reinaba la oscuridad. Los pequeños, con sus pieles transparentes, jugaban con el destello mortecino de una vieja linterna abandonada. Ya no tenían sed, ni hambre, ni miedo, ni les dolía el cuerpo. Todo era susceptible de ser aprendido. Un hombre de unos treinta años pasó junto a ellos como un espectro, sin forma ni ruido. Contaba días y dibujaba rayitas simétricas en su antebrazo arañándose con una uña afilada. Una, dos, tres… Solo le faltaban cinco para acabar con aquella pesadilla.

Maribel Romero Soler.

7 comentarios:

Triana dijo...

Maribel, fuerte, duro, terrible, pero con una magnifica brevedad, me das permiso para colgarlo en mi blog?

El contenido de tu blog, como ya me había dicho Fátima es estupendo, he tenido dias con mucho lio pero voy a husmear mas profundamente en las entradas antiguas. Te enlazo en Trianarts.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Hola Triana. Será un honor verlo en tu blog. Gracias por tus amables comentarios y por enlazarme a tu estupendo espacio virtual. Otro abrazo para ti.

B. Miosi dijo...

Maribel, una breve pincelada de la deshumanización.
"Los pequeños, con sus pieles transparentes, jugaban con el destello mortecino de una vieja linterna abandonada. Ya no tenían sed, ni hambre, ni miedo, ni les dolía el cuerpo."
Refleja casi con exactitud lo que en aquellos campos sucedía. Es un tema que lo he vivido muy de cerca, y al leer tus breves líneas me conmueve saber que perdura el recuerdo.
Un abrazo,
Blanca Miosi

sergio astorga dijo...

Maribel, no se que opines pero, esta estampa que nos regalas, desolación y ocupación describe la posibilidad de morir o vivir en circunstancias inhumanas.
Tener en que pensar o en que jugar hace la diferencia aún en situaciones normales (normales es un decir).
Un abrazo cálido.
Sergio Astorga

Maribel dijo...

Blanca, sé que conoces el tema. Es difícil, además de doloroso, recrear con exactitud la barbarie. Ese recuerdo que perdura debe servir para hacernos mejores.

Sergio, morir vivo, vivir muerto, adaptarse a lo irremediable, sufrir lo indecible... y niños que quieren jugar. Qué compleja es la vida.

Un abrazo a ambos.

Fátima dijo...

Un microrrelato que no deja indiferente y hace reflexionar. Te felicito por él.
Siempre es un placer leer tus textos.
PD: como ves he andado liada...y voy con retraso en tus entradas.

Un abrazo

Maribel dijo...

Gracias, Fátima, me alegra que te guste. Y tranquila, sé que andas liada y no se puede acudir a todo. Un abrazo.