martes, 2 de septiembre de 2008

FELICIDADES NERUDA

En la última encuesta que colgué en el blog preguntaba quién era vuestro Premio Nobel de Literatura. Camilo José Cela, José Saramago, Octavio Paz y Pablo Neruda fueron las cuatro opciones que ofrecí, todos ellos escritores en lengua castellana y elegidos al azar, sin ningún tipo de intencionalidad.
Debo confesar que no he conseguido acabar de leer ningún libro de Cela (seguramente elegí muy mal los títulos); que conozco poco la obra de Octavio Paz (ahora estoy indagando más y creo que es apasionante, prometo un poema suyo en una próxima entrada), y que si de mí hubiera dependido se habría colgado los laureles Saramago. Me encanta. Es un escritor de una prosa muy inteligente, llena de ironía y no falta de sabiduría y belleza. Sin embargo el ganador ha sido Ricardo Eliezer Neftalí Reyes Basoalto, más conocido como Pablo Neruda, otro escritor de bandera, un verdadero icono de mi época de adolescencia, conocido siempre hasta para quienes no le conocen ni han leído nunca nada suyo. Por tanto ¡Felicidades Neruda! Es de justicia dedicar esta entrada a alguna de sus composiciones.

AL PIE DESDE SU NIÑO

El pie del niño aún no sabe que es pie,
y quiere ser mariposa o manzana.

Pero luego los vidrios y las piedras,
las calles, las escaleras,
y los caminos de la tierra dura
van enseñando al pie que no puede volar,
que no puede ser fruto redondo en una rama.
El pie del niño entonces
fue derrotado, cayó
en la batalla,
fue prisionero,
condenado a vivir en un zapato.

Poco a poco sin luz
fue conociendo el mundo a su manera,
sin conocer el otro pie, encerrado,
explorando la vida como un ciego.

Aquellas suaves uñas
de cuarzo, de racimo,
se endurecieron, se mudaron
en opaca substancia, en cuerno duro,
y los pequeños pétalos del niño
se aplastaron, se desequilibraron,
tomaron formas de reptil sin ojos,
cabezas triangulares de gusano.
Y luego encallecieron,
se cubrieron
con mínimos volcanes de la muerte,
inaceptables endurecimientos.

Pero este ciego anduvo
sin tregua, sin parar
hora tras hora,
el pie y el otro pie,
ahora de hombre
o de mujer,
arriba,
abajo,
por los campos, las minas,
los almacenes y los ministerios,
atrás,
afuera, adentro,
adelante,
este pie trabajó con su zapato,
apenas tuvo tiempo
de estar desnudo en el amor o el sueño,
caminó, caminaron
hasta que el hombre entero se detuvo.

Y entonces a la tierra
bajó y no supo nada,
porque allí todo y todo estaba oscuro,
no supo que había dejado de ser pie,
si lo enterraban para que volara
o para que pudiera
ser manzana.

5 comentarios:

Fátima dijo...

¡Qué poema tan lindoooo! no lo conocía, es "genial". ¿Sabes a qué poemario pertenece?
Un abrazo

Maribel Romero Soler dijo...

A mí también me parece un poema precioso pero no sé a qué poemario pertenece. Sabes que es fácil encontrar selecciones de poemas en la red y a una de ellas pertenece éste. Es verdaderamente bello.
Un abrazo.

Fátima dijo...

Sí, si que lo es. Hasta ahora lo que más me ha gustado de Neruda.

Un abrazo

Xana dijo...

Ha sido un placer visitar tu blog, llegué aqui a través de Muchacha de Sal.
Saludos
Pilar

Maribel Romero Soler dijo...

Muchas gracias, Pilar. Es también para mí un placer contar con tu visita. Gracias también a Muchacha de Sal por hacer de puente entre su blog y el mío y permitir estos paseos virtuales. Saludos.