viernes, 1 de agosto de 2008

SEÑALES

¿Sabemos interpretar las señales? Dos de la mañana, todos duermen. Como siempre soy la última en irme a la cama. Reviso las habitaciones de la casa en un gesto mecánico que repito cada noche antes de retirarme a mi dormitorio, los muebles están en su sitio, a ninguno se le ha ocurrido cambiar de posición. Llego hasta una estancia anexa a una vieja cocina de invierno, en realidad es una barbacoa con una ennegrecida chimenea. Estoy en esa estancia y veo algo. Ese algo está agarrado al marco de la ventana y me mira. Son las dos de la mañana y la penumbra me envuelve, es decir, veo poco. Aguzo la vista y observo un par de ojos grandes que me siguen mirando. Los míos —mis ojos—, se vuelven tan grandes como aquéllos. Cuatro ojos grandes se miran temerosos e impresionados y de momento el algo cobra nombre. ¡Es un búho! ¡Tengo un búho en casa! El animal, tan asustado como yo, se esconde tras la hoja de ventana, no puede salir al exterior porque una mosquitera se lo impide. Aprovecho la ocasión para cerrarla y lo dejo atrapado entre la ventana y la mosquitera, antes compruebo que entre ambos elementos queda un espacio suficiente para que pueda pasar allí la noche, sin sentirse demasiado aprisionado. Por la mañana lo soltaremos. Pero ¿qué hace un búho en mi casa?, ¿cómo ha entrado?, ¿qué significa? Con estas preguntas y otras más me voy a la cama. Mi marido ronca. Transcurren varias horas. No dejo de pensar en el búho hasta que me duermo, y pido al cielo que no le pase nada en su improvisado cautiverio, no quiero que se muera, solo quiero salvarlo. Son las ocho de la mañana. Mi marido despierta —seguramente para ir al baño porque es domingo y aún le quedan horas de sueño—, aprovecho la ocasión y le digo “ayúdame a liberar un animal que tenemos en casa”. La cara con que me mira es indescifrable. Todas sus sospechas van cobrando forma: “se está volviendo loca”, “tanto escribir no debe ser bueno”, “confunde realidad con ficción”… Mientras él intenta asimilar la frasecita de la liberación del animal yo le explico que se trata de un búho y le cuento cómo lo encontré y dónde está. Nuestros hijos duermen. Nos dirigimos a la caza del búho. Mi marido abre la hoja de la ventana y lo atrapa sin esfuerzo como un auténtico Félix Rodríguez de la Fuente, el animal está bien y nos mira, es verdaderamente hermoso. Nunca había visto un búho tan de cerca, qué digo, creo que nunca había visto un búho de verdad, es decir, fuera de un reportaje de televisión o de la foto de un libro. Lo introducimos en una jaula enorme que antiguamente perteneció a un loro —que por cierto se suicidó, tenía depresión—, le ponemos agua y un trozo de manzana —en ese momento nuestro Félix Rodríguez de la Fuente particular desconocía que los búhos son carnívoros—, y decidimos esperar a que nuestros hijos despierten y lo vean, después lo soltaremos. Once de la mañana. El mayor sale de su habitación. Le explico eufórica que un búho ha entrado en casa y lo tenemos en una jaula, entonces pregunta “¿y qué va a entrar la próxima vez?, yo no quiero despertarme un día y encontrarme un búho encima de mi cara”. Intento tranquilizarlo y le digo que eso es imposible, que pregunte a sus amigos si alguna vez entró un búho en su casa, trato de que acepte aquello como algo grande, una señal, más que una anécdota, ¿quién puede contar en el cole una historia semejante? Eso le gusta, ser el único en algo es lo más importante para un niño. Salimos a verlo, no ha probado la manzana y el agua está derramada por el suelo de la jaula. A mi hijo le gusta el búho. Va girando alrededor de la jaula para verlo mejor y el animal lo sigue con sus grandes ojos. ¡Dios mío, parece la niña del exorcista! No estoy en condiciones de asegurar que gire su cabeza 360º pero 180º juro que sí. Me viene a la mente aquella canción de “…a mi burro, a mi burro, le duele la cabeza…”, pero le cambio ligeramente la letra “… a mi búho, a mi búho, le gira la cabeza…”. Nos metemos en Internet y buscamos páginas sobre búhos, principalmente para saber qué comen. Insectos, ratones, pájaros o animales de escaso tamaño… Mi hijo pequeño, que ya se ha incorporado a la reunión familiar, dice que él le buscará hormigas. Le mete en la jaula varias hormigas, mariquitas y otros bichejos cuyo nombre desconozco pero el búho ni los prueba, pensándolo bien carne, lo que se dice carne, tienen poco. Barajamos la idea de soltarlo ya, necesita libertad, y, como siempre, el pequeño de la familia dice que se lo quiere quedar, porfaaaaa… Le hacemos fotos con el móvil, le acariciamos la cabeza —curiosamente se deja, debe estar muy asustado—, y finalmente llega el momento. Por consenso familiar el búho va a ser liberado. De nuevo nuestro Félix Rodríguez de la Fuente lo saca de la jaula y tomándolo con una mano por el cuerpo y sujetando con la otra sus patas —o garras, no sé como decirlo— lo eleva para que veamos bien todo su esplendor animal. ¡Qué guay! ¡Qué bonito! Por fin abre las manos y el ave es libre, extiende sus poderosas alas y más tarde desaparece de nuestra vista. Qué gran experiencia. Pero sigo pensando: ¿es una señal? El búho es el animal de la suerte pero ¿de la buena suerte? ¿A qué vino a mi casa? Mi hijo mayor dice que voy a ganar un importante premio literario, así que señores convocantes de concursos varios, por favor, no dejemos en mal lugar ni al búho ni al niño.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

a mi ma pasado q estava viendo la tele en mi cuarto,i tenia la persiana casi bajada,pero no del todo!entonces derrepente me parecio ver algo en el pollete de la ventana,algo medianamente grande,i cuando me acerco a mirarlo con intriga,era un buho!no se pero me doi rollo ver como de repente me mira a los ojos unos segundos i exa a volar!!SEÑALES?????......

Maribel dijo...

Entiendo muy bien lo que dices, es impactante tener los ojos del búho clavados en los tuyos por unos segundos. Esperemos que, al vemos, sea una señal de buena suerte.

Kushina Uzumaki dijo...

Una vez también hubo una lechuza en mi casa, creo que tenia unos diez u once. Desperté tarde, mis cuatro hermanos ya estaban ahí, mi madre estaba algo asustada-ella siempre a creído que las lechuzas avisan la muerte de alguien y otras cosas mas-ni siquiera la pude ver la habían puesto en una bolsa, quería aletear; y después no supe mas de la lechuza. Hace unos días le pregunte a mi madre sobre la lechuza, dice que mientras limpiaba su dormitorio escucho algo bajo la cama, y cuando se fijó la vio, se asusto mucho y llamo a mi padre;eran las 8am, creo. Fui la ultima en levantarme todos la vieron menos yo; me dijo que se la dieron a un vecino que quiso quedársela y luego que el vecino les contó que el ave no comía y que un día al querer tocarla notaron que estaba muerta como un animal disecado. No estoy segura si tiene algo que ver pero solo yo en mi familia a visto cosas, almas, objetos moverse delante de mi, escuchado voces y ver cosas a lo que llamamos ovnis; ahora me pasa muy poco, mamá piensa que es porque me bautizaron. La verdad ni siquiera sabia que existían lechuzas por mi casa, jamas vi uno excepto en el zoo. Tengo 20 y ya no me dan miedo solo curiosidad creo que me acostumbre.

Maribel Romero dijo...

Es muy interesante tu historia, Kushina. Gracias por compartirla. Saludos.