sábado, 12 de julio de 2008

QUERIDA CLARA

Éste es un relato muy especial para mí porque fue el primero con el que recibí un reconocimiento en un certamen importante y por tanto supuso un motor, un estímulo para seguir escribiendo e intentar mejorar cada día. Hasta ese momento había conseguido algunos premios en un certamen provincial de poesía, al ser el ámbito de participación más restringido también lo era el número de competidores, pero este relato resultó seleccionado en el II certamen internacional de relato breve LA LECTORA IMPACIENTE, en el que participaban cerca de setecientos trabajos, y se encuentra publicado en un libro electrónico.
Hoy me apetecía recuperarlo porque, sin duda, es un relato al que le debo mucho.


Querida Clara:
Hoy cumples dieciocho años, tu anhelada mayoría de edad. Felicidades.
Hace ya casi dos años que no estás con nosotros, y parece que fue ayer cuando preparábamos juntas las maletas para el viaje. ¿Recuerdas? Jersey de lana por si hacía frío, manga corta por si hacía calor y, sobre todo, un montón de ilusiones mezcladas entre los calcetines y los vaqueros, jamás te vi tan radiante, me cegaba mirarte.
Hemos pintado tu cuarto de color verde manzana, como tú querías, y sobre tu ventana ya no cuelgan las cortinas que tanto odiabas. Ahora tienes el sol, la luna y las estrellas como paisaje; y el chopo, enorme y majestuoso, tendiéndote sus poderosas ramas. Tú solías decir que el sonido de sus hojas parecía lluvia.
—Mamá ¿llueve? —me preguntabas metida en tu cama mientras esperabas que acudiera el sueño.
—No, es el chopo que se sacude de nuevo.
Ahora mismo estoy frente a él. Decenas de hojas caen incesantemente, algunas todavía verdes, tienen prisa en ser hoja seca y volar, libres al fin. Son como tú, espíritu inquieto, con enormes deseos de descubrir el mundo.
En el rincón donde tantas veces te sentabas a leer, plantamos tulipanes. Rojos, ensangrentados, con el corazón negro, como mi dolor. A la primera ráfaga de viento suave que sopló, quedaron desnudos. Yo los fui regando cada día con el amor de mis lágrimas, pero crecieron demasiado tenues y delicados.
Por lo demás todo transcurre normal. Voy al trabajo cada día, me arreglo, tomo café con mis amigas, salgo alguna noche, hasta me río de vez en cuando, como actriz merezco un Óscar. Pero el interior está vacío, el alma enferma, el corazón resquebrajado.

Pero dime Clara, ¿cómo estás tú? ¿Eres feliz? ¿Es tan azul el cielo como soñabas? ¿Huelen más las rosas? ¿No te hundes al pisar las nubes? ¿Encontraste a tus abuelos?
Eres libre Clara, como el viento y el mar. Paloma blanca que partió sin rumbo, demasiado temprano, demasiado deprisa, sin tiempo de despedidas, llenando todos y cada uno de los rincones de esta casa con tu ausencia.
Necesito gritar. Durante estos casi dos años he maldecido lo suficiente como para pasar el resto de mis días postrada ante todos los altares de la tierra. El destino te trajo, el destino te alejó de mí. ¿Quién escribe el destino?
Sí, es cierto que discutíamos algunas veces. Son cosas de madres e hijas, no creo que mereciéramos este castigo. Tú dejar de respirar y yo dejar de vivir.
Hay un Juzgado de lo Social, un Juzgado de lo Civil, un Juzgado de lo Penal. ¿Dónde está el Juzgado de lo Divino? Quiero poner una demanda, exijo el libro de reclamaciones. ¿Dónde estaba tu Ángel de la Guarda? ¿Acaso le habían dado permiso? Como se puede cometer una negligencia tan grave cuando nosotras nunca le habíamos olvidado, invocándole cada noche a la hora de dormir: “Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me dejes sola ni de noche ni de día, no me dejes sola que me perdería”.
El abrigo gris pendiente de recoger de la tintorería, la cita con el dentista, dos libros para devolver a la biblioteca, la acuarela sin terminar... así quedó una vida, tu vida, incompleta, inacabada, ¡con tantas cosas por hacer!
Tal vez fue culpa nuestra. En verdad no nos hacía gracia aquel viaje, tan joven, con un amigo que acababa de sacarse el carné de conducir y otras dos amigas más. No era un planteamiento muy alentador, pero nunca lo es para unos padres que aman a sus hijos. Por eso no podíamos negarnos, ¿cómo impedir que crecieras y te desarrollaras? Ya ves, paradojas de la vida. Todo quedaba en manos del destino. “Si tiene que ser será”. Pero ¡Dios mío!, confiábamos en ti, ¿cómo pudiste hacernos esto?
Mi querida Clara, no quiero atormentarte. Tú no eres culpable de nada. Sólo eres lo mejor que nos pudo suceder hace dieciocho años tal día como hoy, y por eso te doy las gracias. Te recuerda siempre con todo el amor del mundo,
Tu madre.

10 comentarios:

Fátima dijo...

Hola Maribel,
Todo un honor leer lo que fue tu "motor".
Me ha gustado mucho, tiene expresiones como:
-un montón de ilusiones mezcladas entre los calcetines y los vaqueros.
-Tú solías decir que el sonido de sus hojas parecía lluvia.
- es el chopo que se sacude de nuevo.
-algunas todavía verdes, tienen prisa en ser hoja seca y volar, libres al fin.
-Rojos, ensangrentados, con el corazón negro.
-¿No te hundes al pisar las nubes?
... que he disfrutado enormemente. Son frases con las que me he recreado, ¡llenas de magia!.
He notado en falta el factor sorpresa, no saber desde el principio que se trataba de una pérdida. Pero que conste que este matiz no desmerece para nada la lectura del texto.
Un fuerte abrazo

Maribel Romero dijo...

Gracias por tus comentarios. La verdad es que, aunque antes había escrito algunos relatos, éste fue una especie de salto de la poesía a la prosa y en él, como no podía ser de otro modo, hay ciertas reminiscencias poéticas. Esas expresiones que mencionas, por ejemplo.
El factor sorpresa es un factor a veces subjetivo, depende de la "agilidad mental" (jeje, ¿te suena?) del que lee. Hay quien pensó que la pérdida no era eterna, sino que la hija había marchado a estudiar fuera, de todos modos el desenlace se sabe pronto, no hay que llegar al final para averiguar nada. Quizás eso fuera un defecto para que sólo quedara seleccionada y no llegara a más ¿quién sabe? Pero en realidad creo que no pretendía crear sorpresa sino recrearme en el lenguaje de los sentimientos.
Un abrazo.

Fátima dijo...

jeje me suena..me suena.
Al leerlo es la impresión que tuve, el que era relatar los sentimientos.
MMmmm pues esa prosa poética está muy chula.
Nunca se sabe el motivo por el que un texto queda a las puertas de un premio. No importa. Ahí está,siempre es agradable leer lo que ya tiene tiempo.
Un abrazo

Maribel Romero dijo...

Pues sí, a mí me gusta releer los textos antiguos porque además observas tu propia evolución, los cambios que vas experimentando, supongo que a ti también te ocurrirá. Un abrazo.

viaantistio dijo...

Comprendo que tengas un recuerdo especial con este relato, ya que fue el primero con el que hiciste tus pinitos en el mundo de la pasarela literaria.
A mí me pasa lo mismo. Yo diría que es como el primer novio que nunca se olvida.
El mío se llamaba El Callejón. Fue el primer relato que escribí y el primero que me premiaron.Quizá, por eso, siempre recordaré todo el proceso que viví con la candidez del novato.
Hoy, que soy consciente de lo que cuesta destacar en este mundo de las letras, ya no puedo decir lo mismo. Aunque los recibo con muchísima alegría, sobre todo cuando comparto mesa y mantel con una escritora tan estupenda como tú.

Un beso, preciosa.

MªÁngeles


¡Ah! me ha gustado "Querida Clara".

Maribel Romero dijo...

Gracias Viaantistio. Sí, el primer relato premiado es algo así como el primer amor y no debemos olvidarlo, es que más brillo nos puso en la mirada, más ilusión almacenó en nuestro pecho y sin duda el que más nos hizo flotar.
A ver cuando me pasas El Callejón que quiero leerlo. Un beso.

Ana dijo...

¡Hola, Maribel! Lo prometido es deuda y mejor pagarla antes que después.
El texto es precioso, aunque he de confesar que no soy de esas personas a las que les gusta recrearse con escenas sensiblonas entre madre e hija. Ya ves, de haberlo escrito yo éste habría mostrado rabia, dolor, rebelación... quizá odio. Y si me ha gustado es precisamente por esas imágenes poéticas a las que Fátima hace referencia. Ya al leer se nota si el autor es de esas personas -se dedique o no a la poesía- que se deleitan con la contemplación, porque mirar mira cualquiera pero contemplar... para eso es preciso tener el alma a flor de piel.
Fátima dice que echó en falta el factor sorpresa, yo, sin embargo, no. Por el tono ya se veía lo que era. Justo después de "Felicidades" imaginé que había fallecido y si continué fue porque deseaba saber la causa. Me sorprendió el hecho de que ésta fuera tan común, pues de haber sido un algo más rebuscada tal vez hubiese tenido mayor impacto. ¿Cómo decírlo? Sí, verás, imagina que el texto es una gelatina lisa y dulce y traslúcida y de color rojo, como las flores, y de repente, ¡zas!, vas y metes sin contemplación alguna el cucharón. ¡Qué placer!
En cierta ocasión me aconsejaron unos monólogos de los que quedé prendada, sólo que ahora mismo no recuerdo ni el título ni el nombre del autor y he de buscar entre mucho papeleo -lo tengo todo revuelto porque estamos pintado-. Son de un Prémio Nóvel italiano y otra señora. Hará cosa de dos o tres años una obra suya recorrió los teatros de España. Ya te lo remito más tarde.
Un saludo.

Maribel Romero dijo...

Hola Ana. Muchas gracias por tu visita y tus comentarios.
Yo tampoco soy muy amante de la sensiblería (es decir, nada) y reconozco que muchos de mis textos
están impregnados del factor tristeza, arañan el corazón y toco mucho la muerte, sin embargo entiendo que nunca me he aprovechado de ello. No es necesario recurrir a excesos para escribir un relato triste. No hace falta un cáncer terminal que acaba con la vida de la chica en un mes, ni que madre e hija llevaran un año sin hablarse, ni que la madre además fuera inválida. Algo tan simple como un accidente de tráfico, algo que ocurre todos los días, que es un reflejo de la realidad, sirve para mostrar ese lenguaje de los sentimientos que le decía a Fátima.
Sí, entiendo ese "meter el cucharón" en la gelatina que decías, es algo así como el puñetazo en el estómago que mencionaba Poe (en las seis características del cuento), aunque la gelatina resulta mucho más agradable.
Cuando encuentres esos monólogos y esos autores ya dirás.
Gracias de nuevo.

Ana dijo...

¡Hola, Maribel!
Cuando decía lo del cucharón no me refería al ensañamiento sentimental, no, qué va, lejos de mi intención. Para el ensañamiento ya está la vida misma. Me refería más bien, y lo digo ahora por decir, sin pensar demasiado, a algo así como que la muchacha iba por la calle, sí, no sé, la cosa más tonta, a comprar el pan y le cae algo desde un piso -un tiesto, el martillo de alguien que coloca un tendeero o cambia las ventanas de madera por otras de aluminio...- con la mala suerte de que le produce la muerte, ya sea instantánemente, ya sea porque con el impacto ésta cae y se da un golpe en la cabeza contra ¿el bordillo de la acera?. Mira, se me acaba de ocurrir. Hace años leí la esquela del propietario de un bar cercano a mi casa y resultó ser que era de él, pregunté porque no tenía ni idea de que hubiese estado enfermo y mira tú por dónde que el buen señor, que pasaba una época de depresión, salió un día de casa y se fue al hospital y subió a una habitación del último piso y se tiró. ¿Por qué no caerle un suicida encima?. Puede pasar, no es habitual y al lector le daría qué pensar, ¿o no? Y el tono seguiría siendo el mismo. También, ya que era una muchacha en edad de estudiar bien podría estar en EEUU -aprovechando la racha de fatalidad que vienen sufriendo sus estudiantes- y por esas cosas del destino un proyectil llevaba escrito su nombre, por ejemplo. Me refiero que quien tiene hijos, cuándo más cuándo menos, siempre tiene presente que cualquier día puede coger el teléfono y recibir la noticia del accidente de tráfico, en los otros supuestos, sin embargo, nadie piensa: la probabilidad es remota hasta que un día va y te toca.
Cambiando de tema, ya he encontrado los textos. El título es "Ocho Monólogos". Autores Franca Rame y Darío Fo. Colección "La vela latina", de Ediciones Júcar.
Espero que te gusten.

Maribel Romero dijo...

Sí, sí, te había captado la intención. Todos los planteamientos que sugieres son perfectamente posibles, sin embargo me resultan rebuscados, algo así como rizar el rizo, en cualquier caso ¡te funciona de miedo la imaginación! Está muy bien (curiosamente lo de caerle a uno un suicida encima lo utilizó un compañero en un curso de novela negra en el que participé). Gracias por la información de los monólogos. Intentaré conseguirlos.