domingo, 20 de julio de 2008

EL ZAR Y LA CAMISA

Siempre me ha fascinado este cuento de León Tolstoi, contiene una valiosa enseñanza, es un pequeño cuento y a la vez muy grande, sin embargo, cuándo lo he narrado a niños con toda la ilusión de despertar en ellos una emoción, he visto que no reaccionan, al menos como yo esperaba. ¿Es acaso un cuento para adultos? Os dejo con él.

EL ZAR Y LA CAMISA

Un Zar, hallándose enfermo, dijo: -¡Daré la mitad de mi reino a quien me cure! Entonces, todos los sabios se reunieron y celebraron una junta para curar al Zar, mas no encontraron medio alguno. Uno de ellos, sin embargo, declaró que era posible curar al Zar. -Si sobre la tierra se encuentra un hombre feliz -dijo- quítesele la camisa y que se la ponga el Zar, con lo que éste será curado. El Zar hizo buscar en su reino a un hombre feliz. Los enviados del soberano se esparcieron por todo el reino, mas no pudieron descubrir a un hombre feliz. No encontraron un hombre contento con su suerte. El uno era rico, pero estaba enfermo; el otro gozaba de salud, pero era pobre; aquél rico y sano, quejábase de su mujer; éste de sus hijos. Todos deseaban algo. Cierta noche, muy tarde, el hijo del Zar, al pasar frente a una pobre choza oyó que alguien exclamaba: -¡Gracias a Dios he trabajado y he comido bien! ¿Qué me falta? El hijo del Zar sintióse lleno de alegría. Inmediatamente mandó que le llevaran la camisa de aquel hombre, a quien en cambio había de darse cuanto dinero exigiera. Los enviados presentáronse a toda prisa en la casa de aquel hombre para quitarle la camisa. Pero, el hombre feliz era tan pobre que no tenía camisa.

5 comentarios:

Fátima dijo...

El cuento me ha gustado,¿De qué edades eran los niños a quienes se lo contaste?
Un abrazo

Maribel Romero dijo...

Se lo he contado a niños de las edades de mis hijos, desde 6 años hasta 11, con la sana intención de que comprendan que, en esta puñetera sociedad de consumo, se puede ser feliz sin tener nada, pero creo que no llegan a entenderlo, es decir, no pueden entender vivir sin Play Station, ni Game Boy, ni muchos caprichos que se les conceden apenas los solicitan. Y es que, a decir verdad, nos movemos dentro de una espiral de la que es difícil desmarcarse.

Fátima dijo...

Se lo leeré a mi hijo y ya te diré...

Maribel Romero dijo...

Creo que más que leer se trata de contarlo con tus propias palabras (que será a lo que te refieres). Así lo hice yo, pero el problema es que no entienden el mensaje, bien pensado no es un cuento infantil y por tanto no se pueden pedir peras al olmo.
De todos modos ya me contarás.

Fátima dijo...

Si se le da un poco de acción y aventura...y se retoca el final con alguna pregunta ja, ja yo creo que puede valer, ya te diré.