miércoles, 4 de junio de 2008

ANÓNIMO

Hoy me ha apetecido recuperar este soneto anónimo que es, sin embargo, un clásico de la literatura. Me atrevería a afirmar que en todos los libros de texto, al menos de los estudiantes de mi generación, se incluía y que posiblemente más de uno, como a mí me pasó, lo memorizó sin problemas y todavía lo recuerda.
El soneto, por su perfecta factura, figura como modélico en todas las antologías que se precien, desde que lo incluyó en la suya de las Cien Mejores Poesías de la lengua castellana don Marcelino Menéndez Pelayo.
Aunque han habido intentos de atribuirlo a uno u otro autor, los críticos no se sienten suficientemente comprometidos para afirmar y corroborar una autoría.
Aquí os lo dejo. ¿A que os suena?

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

No hay comentarios: