lunes, 7 de abril de 2008

LA COSA NO EXISTE

En literatura la palabra "cosa" no existe, denota pobreza léxica, aunque a veces resulta muy difícil utilizar otro vocablo para expresar ciertas "cosas". ¿Os imagináis esta frase de otro modo? "En silencio, se miraron a los ojos y se dijeron muchas cosas".

En cualquier caso, que no cosa, debemos intentar encontrar otros términos más literarios y utilizar la dichosa "cosa" lo menos posible, cuando sea estrictamente necesario.

Toda esta lección de "cosas" me ha llevado a recordar un magnífico texto del genial Juan José Millás, último premio Planeta, que no tiene desperdicio y que nos deja muy claras ciertas "cosas". No os lo perdáis.


LA COSA

De pequeño tuve una caja de zapatos que llegó a ser mi juguete preferido, entre otras cosas porque no tenía otro. Pero envejeció más deprisa que los zapatos que había llevado dentro, de manera que a mi caja se le cayó un día la primera a y se quedó en una cja, que así, a primera vista, parece un juguete yugoslavo. Busqué entre las herramientas de mi padre una a de repuesto, pero no había ninguna y tuve que sustituirla por una o. De este modo, sin transición, tuve que olvidar la caja para hacerme cargo de una coja, lo que es tan duro como pasar directamente de la niñez a los asuntos. Jugué mucho con aquella coja, todavía la recuerdo, pero se fue haciendo mayor también y un día se le cayó la jota. Hay quien piensa que las vocales se estropean antes que las consonantes, pero yo creo que vienen a durar más o menos lo mismo. El caso es que tampoco encontré entre los tornillos de mi padre una jota en buen uso, así que la sustituí por una pe que estaba prácticamente sin estrenar. La coloqué en el lugar de la jota y me salió una copa estupenda, con la que he bebido de todo hasta ayer mismo, que se me cayó al suelo y se rompió. A decir verdad, se rompió justamente por la pe, y como es muy antigua no he encontrado en ninguna ferretería una igual. Ayer fui a casa de mis padres, y después de mucho rebuscar en el trastero di con una ese que no desentona con el conjunto. O sea, que ahora tengo una cosa, pero no sé qué hacer con ella. La caja, lo coja y la copa eran muy útiles para guardar secretos, jugar o emborracharse. Pero la cosa me da miedo; además, la escondí en el bolsillo interior de la chaqueta, de manera que desde ayer tengo una cosa aquí, en el pecho, que me llena de angustia. Lo peor de todo es que, como no sé qué es, tampoco sé cómo se rompe. Qué vida, ¿no?

2 comentarios:

Fátima Fernández Méndez dijo...

Que guapoooo, me ha encantado.
Un abrazo.
Por cierto, tienes un premio en mi blog que recoger.

Maribel dijo...

Sí, es un texto muy ingenioso. ¿Un premio, dices? ¿Cómo es eso? Sea lo que sea la palabra premio suena muy bien. Gracias. Ya me explicarás en qué consiste.

Un abrazo.